Leo Harlem, en el podcast Ac2ality
Leo Harlem: «Los partidos que no tienen intereses comunes con España no pueden entrar en el Congreso»
El humorista y actor expone en una interesante entrevista en el pódcast de Ac2ality que «Occidente ha penalizado mucho a sus ciudadanos»
A Leo Harlem merece la pena escucharlo como humorista en sus desternillantes monólogos y verlo como actor en las comedias en las que ha trabajado con grandes resultados de taquilla. Y también vale la pena verlo y escucharlo en su entrevista con Daniela McArena y Paula Muñoz en el pódcast de Ac2ality, donde ha dado un ejemplo de otras virtudes que van más allá de su innegable talento para el humor y la actuación, como su sentido común, su sinceridad, su cultura y su valentía para exponer con claridad las cosas que otros no quieren oír y que algunos no se atreven a decir.
«Estoy en contra de prohibir los toros. Prohibir no conduce a nada en ningún rango. El que quiera, que vaya, y el que no quiera, que no vaya. Que la gente al final no lo demanda, desaparecerán solos. Es como ser vegano y decir: ‘yo quiero que prohíban la carne’. No, hay gente que le gusta un chuletón, yo a veces me como una coliflor, otro día me como unas chuletillas... Vende lo bueno de lo tuyo pero no aniquiles al otro, que todo el mundo tiene derecho a vivir y a trabajar», asegura Leo Harlem en la primera parte de la entrevista, donde reconoce que se gasta el dinero «cuando me apetece comer o cenar bien, o beber una buena botella de vino o champán, o invitar a unos amigos. No soy caprichoso con la ropa. Y no tengo carnet de conducir: voy en transporte público, taxis y me llevan a veces».
«¿Puedes ir en transporte público?», le pregunta con lógica extrañeza Daniela McArena. «Sí, ¿no ves que en el metro va todo el mundo mirando el móvil? No se entera nadie. Puedes entrar desnudo con un niño clavado en una catana y no te ven», bromea Leo, que admite que ha visto «mucha gente muy tacaña». «Soy bastante generoso pero conozco más gente generosa con dinero que sin dinero porque el que no tiene, por mucha voluntad que tenga, al final no puede. Pero sí, he visto gente bastante agarrada», añade.
«El humor ha cambiado mucho. La corrección política ha afectado mucho en el sentido, no digo para mal, de la influencia que tiene. Chistes que hace 25 años eran una carcajada absoluta ahora la gente se echa para atrás. La exageración también es humor. Tan gracioso es un tío que se pase de gracioso por lo echado para delante, lo macarrita, chulapón, castizo, como un woke que sea exageradamente woke. La gente joven no piensa las mismas cosas que cuando yo era joven. Los chistes con animales, con la orientación sexual… Todo eso ha cambiado mucho», expone el actor y humorista.
Leo Harlem cuenta también que no votó en las últimas elecciones generales, las de julio de 2023, y que la vez anterior «me tocó en la mesa, una experiencia. Me hice un montón de fotos con la gente». ¿Y en las elecciones del 29 de noviembre va a votar? Acepto lo que vaya viniendo, yo quién soy para decidir. Y te digo una cosa: con el sistema que tenemos no valen todos los votos igual. Un hombre, un voto, no. Ni un hombre ni una mujer un voto. Hay sitios donde sacar un diputado cuesta menos que otro. Lo que habría que hacer es sumar todos los votos y hacer una segunda vuelta como en Francia. Aquí se favorece mucho a algunas zonas. Partidos que han llegado casi a un millón de votos han tenido menos representación que otros con 200.000. Es una barbaridad. Y este año en las elecciones andaluzas, Juanma Moreno con 50.000 votos más que en las anteriores no ha tenido mayoría absoluta y en la anterior la tuvo con menos votos. Es inexplicable», lamenta.
Leo Harlem va más allá en su análisis sobre el sistema electoral en España. «Los partidos que no tienen intereses comunes de toda España deberían entrar solo en el Senado, que no puedan entrar en el Congreso de los Diputados. Imagínate que tú alquilas el piso a una persona una semana al año y ese tío es el que va a la reunión de vecinos y te pone las normas a ti. No, perdona, usted está de paso. Esto tendrán que decidirlo quienes estamos en un proyecto común».
En el tramo final de la entrevista, Leo Harlem comparte una profunda reflexión sobre la realidad de Europa y cómo los cambios que está viviendo ahora tienen su origen en la Escuela de Frankfurt. «No sé si España va por buen camino. Yo creo que Occidente entero no va por buen camino. Os hago una recomendación: que la gente se informe sobre la Escuela de Frankfurt, de filosofía, que es la que da origen a todos los cambios que estamos viviendo ahora. Y eso es de 1920. Occidente, Europa, hemos alcanzado un nivel de vida extraordinario y por eso quiere venir aquí todo el mundo. Hemos conseguido una calidad de vida excepcional. ¿Cómo se ha logrado? A base de trabajo y de una renuncia de los ciudadanos a gran parte de su trabajo para una vida en común: pagas unos impuestos para que haya hospitales, carreteras… Pero hay países fallidos a nuestro alrededor. Los ciudadanos quieren vivir lo mejor posible, como todo el mundo, y Occidente penaliza mucho a sus propios ciudadanos, cada vez más, porque por no ofender a otra gente tú te metes en un lío».
Leo pone ejemplos. «En Inglaterra hay sitios donde han prohibido exhibir su propia bandera para no ofender a la gente que venga. Yo si voy a Marruecos o he ido a Turquía o a Túnez y me dicen que en este sitio no puedo entrar en bermudas y tengo que entrar en pantalón largo, me pongo pantalón largo y no me ofendo. Entiendo que estás en tu casa. Lo veo muy complejo por todos los lados. He ido muchas veces a París, que es una ciudad que me apasiona, y ves el cambio en 15 o 16 años, y dices esto al final nos acaba llegando. ¿Y qué haces? Desde el punto de vista humanitario a todo el mundo le gusta ayudar, pero también hay que poner medios en los países de origen, formar a la gente de allí, que esos países también tienen que preocuparse por sí mismos».
«Yo no tengo hijos, pero imagínate, para que veamos lo que es Europa, que estás en un piso de ocho plantas con cuatro en cada uno, 32 familias, y te dicen un día: 'oye, Leo, tú que no tienes hijos, resulta que han discutido los del cuarto y tienen dos chavales, y como están todo el día a la greña, quédate tú con uno y le cuidas tú. Digo: ‘venga, echamos una mano, yo me quedo con un hijo un año o dos años hasta que estudie o lo que sea’. Y llegas y al poco tiempo te dicen: ‘oye, que los del segundo también queda otro, cógetelo tú, hay que ayudarles’. Y llega el momento en que dices: ‘¿cuántos niños puedo coger?. Y cuando dices que no puedes coger más niños porque no tienes hijos por una decisión personal y ahora estoy con dos niños que no son míos, te dicen: ‘has fracasado como ciudadano’. O sea, los que no han fracasado son los que han discutido, se han peleado, que los hijos tienen que escapar de casa… y el fracasado soy yo como ciudadano. Joder, macho, ¿qué me estás contando?», reacciona el actor y humorista antes de ahondar en la Escuela de Frankfurt.
«La Escuela de Frankfurt es impresionante, lo he descubierto hace poco. Cuando termina la I Guerra Mundial se hace un análisis sobre por qué no triunfa el comunismo en algunos países porque los obreros no quieren hacer la revolución, prefieren seguir viviendo con su sueldo y con cierta calidad de vida. Y un multimillonario muy comunista coge a seis pensadores y les paga durante unos años unos estudios para introducir ideología comunista en la gente sin pegar tiros. Junta a filósofos muy interesantes, Marcuse, Erich Fromm, Adorno, y crean toda la teoría de lo que estamos viviendo ahora. Todo se analiza desde un punto de vista de conflicto La familia es un organismo de opresión fascista y es una imposición a la gente que los aniquila. El otro dice que la sexualidad también es una imposición: el hombre es un fascista que agrede a las mujeres. Otro dice que las minorías étnicas hay que apoyarlas. Y Marcuse, que es el líder de todos, se va de profesor a Berkeley e introduce que todo el arte es político, interesa que el arte transmita ideas. Dijeron que lo primero que había que colonizar para meter las ideas es el sistema educativo. Ahora todo el wokismo en las universidades, el 80 % de los profesores universitarios en Estados Unidos, sigue esta estrategia. Y esto todo viene de ahí», reflexiona Leo Harlem, que aporta un último ejemplo.
«Los hombres no pueden competir con mujeres. Es que es humillante. Viene un tío que le saca 200 metros a la siguiente corredora y dice: no, yo es que me identifico como mujer. Estás en tu derecho de identificarte como sea, pero competir es absolutamente injusto porque es un abuso», remata.