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Fotograma de Fortunata y Jacinta

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La serie de TVE que costó 160 millones de pesetas y enganchó a los españoles en 1980

La serie fue el resultado de una ambiciosa producción entre RTVE y la francesa TF1 y consagró al director como el gran adaptador de obras literarias

A mediados de la década de los 70, Televisión Española estaba en plena transformación y apostando por nuevas y ambiciosas producciones y el éxito de Curro Jiménez, Crónicas de un pueblo o El Pícaro habían demostrado su acierto al abordar esa vía.

A ello se unió que la televisión pública francesa y la suiza plantearon a TVE en 1976 una propuesta de coproducciones internacionales adaptando grandes clásicos literarios de cada país. La dirección del ente acogió la decisión con entusiasmo dentro de su plan estratégico de modernización en un periodo en que pretendían no solo elevar la calidad del medio, sino dar el salto definitivo al color con producciones de calidad cinematográfica y proyectar la cultura española en el mercado exterior adaptando a sus más grandes autores.

De este plan estratégico salieron en 1977 La saga de los Rius de Ignacio Agustí y Cañas y barro de Vicente Blasco Ibáñez. Ello hizo que se aprobara la producción más ambiciosa de todas ellas: Fortunata y Jacinta de Benito Pérez Galdós.

La primera decisión fue contratar para la dirección de la serie a Mario Camus que ya tenía una sólida relación con TVE donde había demostrado acogerse bien a los plazos, el presupuesto y el rodaje en exteriores. Camus, además, tenía una sensibilidad extraordinaria para la adaptación de la literatura costumbrista y realista y aceptó enfrentándose a la ambiciosa idea de llevar el rigor histórico y la riqueza infinita del lenguaje de Galdós al puramente cinematográfico. Así pues, el director lo primero que hizo fue asumir el proyecto no como una larga producción televisiva, sino como una película de nueve horas.

Camus contó con el célebre diplomático y galdosista Pedro Ortiz Armengol como asesor literario y encargó el guion al dramaturgo Ricardo López de Aranda, aunque después de que se lo presentara, el propio Camus lo reescribió en parte para hacerlo, precisamente, más cinematográfico.

Fotograma de Fortunata y Jacinta

La elección del reparto estuvo directamente condicionada por la coproducción internacional, ya que la cadena pública francesa TF1 impuso que el elenco principal incluyera actores galos para facilitar su emisión y venta en países francófonos. Esa es la razón por la que el goloso personaje central de la serie, Juanito Santa Cruz, lo acabara interpretando el actor francés François-Eric Gendron y el de su padre, don Baldomero, Jean-Marc Thibault.

Para el papel de los grandes personajes femeninos, Camus tuvo libertad total y eligió a una jovencísima Ana Belén para el papel de la apasionada Fortunata, y a Maribel Martín para el papel de la abnegada y amorosa Jacinta, además de a los magníficos Francisco Rabal, Manuel Alexandre, Fernando Fernán Gómez, Charo López, Maria Luisa Ponte o Mary Carrillo.

La serie tuvo un presupuesto ingente para la época de 160 millones de pesetas (casi un millón de euros) y se rodó entre mayo y diciembre de 1979 en los estudios de Prado del Rey donde se recreó el Madrid galdosiano del siglo XIX, además de en localizaciones y calles reales de Madrid, Aranjuez, Alcalá de Henares, Toledo y Guadalajara en un rodaje durísimo que, como explicaría Camus años después, «los actores sudaban a chorros».

Fortunata y Jacinta se estrenó el 7 de mayo de 1980 ante una enorme expectación y durante los diez miércoles por la noche que estuvo en antena cosechó críticas enormemente favorables en las que se alabó extraordinariamente la ambientación, el vestuario y la reconstrucción de época y la música compuesta por Antón García Abril también recibió grandes elogios por la capacidad que tuvo de evocar el Madrid decimonónico con una notabilísima carga lírica y dramática.

Fernando Fernán Gómez interpretó a Evaristo Feijoo

El diario El País destacó, por ejemplo, que «pocos proyectos en la historia de la televisión pública en España han alcanzado tal nivel de ambición formal, logrando recrear la atmósfera del Madrid galdosiano con una calidad visual sin precedentes». Y el ABC apuntó que «con Fortunata y Jacinta, TVE demuestra que es capaz de medirse de tú a tú con las grandes cadenas europeas en la producción de dramas de época en color».

La serie arrasó en los principales galardones de le televisión de aquel año y se hizo con dos TP de Oro, un Fotogramas de Plata y el Ondas convirtiéndose enseguida, y por derecho propio, en una de las producciones españolas más internacionalmente aplaudidas.

El éxito de Fortunata y Jacinta, además, consagró a Mario Camus como el gran adaptador de la literatura española en las décadas posteriores y tras ella haría La colmena, Los santos inocentes, La casa de Bernarda Alba y La forja de un rebelde. Pero esta guardó siempre un lugar privilegiado en la vida del director, que diría: «Galdós es una de las cumbres de nuestra literatura».

Al adaptarlo, el peligro siempre es quedarse en la superficie del folletín, pero lo verdaderamente grande en él es el retrato social, la atmósfera del Madrid de la época y la hondura psicológica de sus personajes». Y es que, más de cuarenta y cinco años después, se puede afirmar sin temor a exagerar que Fortunata y Jacinta es una de las mejores series españolas que jamás se han realizado.