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24 de abril de 2024

Luis Hernando de Larramendi

Luis Hernando de Larramendi

Luis Hernando de Larramendi: «España llevó a cabo en América una obra civilizadora y evangelizadora colosal»

El presidente de la Fundación Ignacio Larramendi destaca la labor de su padre en el centenario de su nacimiento

Bien podía haberse dedicado a descansar, a pasear o a viajar. Pero cuando Ignacio Larramendi se jubiló en el año 1990, tras una vida dedicado a la aseguradora Mapfre y, después, a la fundación que lleva su nombre, se embarcó en un proyecto por el que pocos apostaron en un principio. Una hazaña quijotesca que le llevó a promover, con el marino y arqueólogo naval Carlos Etayo, la construcción de una réplica de la carabela La Niña, imitando en todos sus detalles a la que usó Cristóbal Colón para llegar a América. Y con ella cruzó el Atlántico.
En el centenario de su nacimiento y en el marco de los actos programados para celebrarlo, entrevistamos a su hijo, Luis Hernando de Larramendi, actual presidente de la Fundación Ignacio Larramendi y consejero de Mapfre, que toma el testigo de su padre en la defensa de la historia de España, los valores cristianos y el carlismo.
–¿Cuál es la labor fundamental de la Fundación Ignacio Larramendi?
–Cuenta con varias funciones singulares. Lo primero que hay que destacar es que se trata del patrimonio de alguien que se dedicó al mundo de la empresa defendiendo siempre sus valores, y al final de su vida profesional, orgulloso padre de nueve hijos, quiso devolver a la sociedad todo lo que había recibido de ella. La Fundación hoy tiene varios objetivos: en primer lugar, como mi padre fue un católico convencido, está en el seno de su labor apoyar especialmente la labor social y educativa de la Iglesia, con preferencia por los débiles y pobres, base de la doctrina de la Iglesia Católica, y la protección a personas o grupos con inferioridad económica o de otra clase. En segundo lugar, busca la promoción de estudios centrados en la influencia histórica del carlismo en la sociedad española. El tercer objetivo, en mi opinión el más nuclear, es que llevamos a cabo una actividad de preservación y protección del patrimonio inmaterial de España, especialmente a través de los archivos documentales, que hemos promovido a través de su digitalización e incorporación a los grandes estándares internacionales. La biblioteca virtual y el patrimonio bibliográfico que ha digitalizado la Fundación Ignacio Larramendi es fundamental, ya que permite el acceso ordenado y sistemático a fuentes del conocimiento veraces, interrelacionadas y objetivas.
–¿Cree que se anticipó su padre al concepto de responsabilidad social corporativa?
–En 1955 se convirtió en presidente de Mapfre, y en 1975 creó la Fundación Mapfre, en un momento en el que los empresarios consideraban que pagar impuestos ya era suficiente responsabilidad de cara a la sociedad. Hay que recordar que por entonces algunas empresas poseían una doble contabilidad, por lo que aquellos que pagaban rigurosamente sus impuestos, y con ellos financiaban las obras públicas y el mantenimiento del Estado, consideraban una «herejía» que les pidieran más. Mi padre fue un visionario, que creyó firmemente en la entonces considerada utopía de que las empresas se implicaran en el bien común. La Fundación Ignacio Larramendi es de hecho el legado de toda una vida de servicio a la sociedad.
–Uno de los grandes legados de la Fundación es la creación de trescientas obras sobre el Descubrimiento de América. ¿Cuál es la razón de ese encargo?
–Mi padre quería conocer la verdad, no solo del descubrimiento, sino también de la evangelización y la colonización de América. Por ello encargó a los mejores especialistas de cada rama una obra original; es decir, no se trataba de reproducir, sino de crear y liderar, mediante una investigación histórica rigurosa, un compendio de obras monográficas sobre América. Fue un esfuerzo titánico, ya que por aquella época no existía Internet, ni apenas el fax, pero por la celebración del V centenario lanzamos, en 1992, casi trescientas obras, que pueden encontrarse en nuestra página web. Se puede encontrar prácticamente cualquier tema, ya sea la farmacopea en las Américas o la labor de los vascos en la conquista.
–¿Por qué esa unión especial con América?
–España y América formaban parte de la Hispanidad, eran una misma cosa. Mi padre consideraba que América empezaba en los Pirineos, o mejor, que España existía a ambos lados del Atlántico. Aunque ahora ya no somos una unidad, podríamos volver a serlo.
–Respecto a este particular, ¿qué opina del revisionismo histórico actual?
–La Fundación Ignacio Larramendi interviene en el campo científico, de la investigación histórica. No son estudios tendenciosos, sino que abordan de manera objetiva lo que sucedió en América. Y la verdad es la que es. España llevó a cabo en América una obra civilizadora y evangelizadora colosal, y no puede ensombrecerse por una leyenda negra injusta.

La Doctrina Social de la Iglesia tiene una respuesta al vacío de valores de hoyLuis Hernando de Larramendi

–Entre los diferentes actos por el centenario del nacimiento de su padre destaca un libro que narra la gesta de La Carabela Niña III. ¿En qué consistió?
–Para comprender la personalidad de mi padre, hay que entender que era empresario, y la palabra que mejor define a un empresario es el riesgo. Mi padre asumía riesgos, tanto mayores según mayor fuera su objetivo. Así que tras cerrar su etapa en Mapfre y haber dejado un legado de autoridad boyante –quiso irse porque siempre defendió que las personas deben servir a las empresas, no servirse de ellas, y que hay que dejar paso a los más jóvenes–, se unió a su amigo Carlos Etayo para llevar a cabo esta aventura. El Capitán Etayo, con experiencia previa en navegación atlántica, llevaba años queriendo reproducir una réplica fidedigna de La Niña, la carabela de Cristóbal Colón. Además, él era arqueólogo naval y defendía que era la mejor embarcación para cruzar el Atlántico… así que la replicaron, y con todo a la contra, se lanzaron a navegar durante 38 días y con una tripulación compuesta de 11 jóvenes.
–¿Navegaron como lo hizo Colón hace más de 500 años?
–Exacto, y lo hicieron con los mismos ideales que inflamaron a su tripulación. Etayo era un viejo marinero navarro extraordinario, con una gran personalidad, y puso todo su saber marino y su reputación en esta gesta. Mi padre se jugó no solo el patrimonio de la Fundación –hoy valorado en seis millones de euros, pero por entonces más exiguo–, sino también su reputación como empresario. Con el PSOE gobernando no se había podido celebrar la evangelización de América, así que esta hazaña quería reivindicarla también, y por eso llegaron incluso a jugarse la vida: navegaron sin radio, sin contacto, sin cocinas ni camas. ¡Una absoluta locura! Pero lo consiguieron, y tuvo un eco muy reducido. Ahora queremos no solo reivindicar la gesta, sino la obra de España en América. Es muy importante que luchemos contra la leyenda negra.
–¿Cuál es el hilo conductor del programa de actos por el centenario del nacimiento de Ignacio Larramendi?
–Queremos poner de manifiesto cómo desde la voluntad de una persona que piensa en la sociedad se pueden realizar grandes avances para todos. Mi padre fue el artífice del crecimiento y expansión internacional de MAPFRE, luego creó la Fundación Larramendi y realizó una obra documental que es la gloria de la historia de la colonización. Además, nuestra fundación tiene otra singularidad: tiene severos estatutos contra el nepotismo y no puede ni recibir donativos ni fondos. Todas las limitaciones buscan preservar su independencia en una sociedad banal, egoísta y prostituida por el dinero. Queremos que su figura sirva de estímulo, de incentivo, y sea un ejemplo en el que mirarse.
–El 27 de octubre se presenta su biografía definitiva, obra de Mario Crespo López. ¿Qué nos desvela este libro sobre su figura?
–Sobre mi padre hay muchas cosas escritas. En vida acumulaba ya más de 300 referencias biográficas. Realmente, cuando lo estábamos preparando yo era renuente: pensaba que no íbamos a poder aportar nada nuevo. Sin embargo, Mario Crespo López, profesor santanderino y académico correspondiente de la Real Academia de la Lengua, ha hecho un trabajo merecedor de mi admiración, dotado de rigor y de una investigación histórica realizada con la adecuada distancia, que yo por ser su hijo no hubiera podido tener. Es muy importante también que se haya detenido en el contexto, pues este ayuda a entender la magnitud de su obra. 
–Su padre presidió también la asociación de empresarios cristianos españoles, que después continuó usted. ¿Eran los valores cristianos intrínsecos a su labor?
–Estaban absolutamente presentes en todo lo que hacía. Mi padre no solo respetaba a la Iglesia, sino que esta inspiraba toda la actividad que realizaba. También cuando dolía. De hecho, todo lo que hacía estaba inspirado por los principios de la Doctrina Social de la Iglesia: buscaba el bien común, se basaba en la solidaridad y en la subsidariedad… Él decía: «Ve más un torpe sobre el terreno que un listo a mil kilómetros». Creía que era muy importante dotar a los hombres de ámbitos en los que pudieran tomar decisiones libres para construir la sociedad. Tanto mi padre como yo estamos muy influenciados por mi abuelo [Luis Hernando de Larramendi, abogado, escritor y político tradicionalista], y por las teorías que desarrolló en los años 20.
–¿Cree que podemos encontrar en la Doctrina Social de la Iglesia una respuesta a los desafíos de hoy?
–El éxito duradero requiere de valores duraderos, sin mentira, sin falsedad, sin quedarse en la superficie. Lo duradero produce éxito, y la Doctrina Social de la Iglesia ofrece una respuesta al vacío de valores de hoy. Aunque ahora mismo defenderla no luce nada...
–¿De qué se siente especialmente orgulloso como continuador de la obra de su padre?
–El orgullo no debo sentirlo yo. El único valor que tengo es el de haber podido trasladar esa vida, esos valores y esa trayectoria al resto del mundo. Mi padre era radical en la defensa de sus valores y principios, entre los que la independencia y la honradez eran fundamentales.
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