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18 de mayo de 2024

El Premio Nobel de Economía Friedrich Hayek

El Premio Nobel de Economía Friedrich Hayek

80 años de 'Camino de servidumbre', el aviso de Friedrich Hayek sobre la tiranía del socialismo

El economista vienés ganó el Premio Nobel en 1974. Dedicado «a todos los socialistas de todos los partidos», su libro cumbre fue un «best seller» y una premonición cumplida

Durante su juventud, Friedrich Hayek fue un socialista inocente admirado por la teoría y el relato. Su profesor, el liberal y antisocialista Ludwig von Mises, le abrió los ojos a la trampa que escondía la eterna ideología con piel de cordero. Con el tiempo, Hayek se convirtió en el antagonista de John Maynard Keynes y sus tesis por el intervencionismo del Estado en la Economía. Keynes ganó la batalla ideológica y el mundo perdió el equilibrio de la disensión, de la normal confrontación ideológica, para instituir el buenismo (y el malismo intrínseco) de la socialdemocracia, bajo cuya etimología se esconde un oscuro pasado invisible, pero notable.

El socialismo incompatible con la libertad

En realidad, Hayek ha ganado aunque no se sienta, exactamente igual que en los tiempos de su duelo con el brillante autor de Teoría general del empleo, el interés y el dinero. Hayek dijo en una sentencia extraordinaria que «la libertad de elección debe ser más practicada en el mercado en vez de en las urnas, la libre elección puede al menos existir bajo un régimen de dictadura pero no bajo una democracia sin límites que no pueden limitarse». La «democracia sin límites» bajo la que no existe la libertad de elección, al contrario que en una dictadura.
John Maynard Keynes en 1933

John Maynard Keynes en 1933

La «democracia sin límites» es el socialismo, la ideología incompatible con la libertad de los hombres, según escribe Hayek en las páginas de su sugerente y dramático título Camino de servidumbre: el camino hacia el fin del mercado libre (y de la libertad). Según el profesor Pedro González Cuevas, en su artículo sobre la efeméride del libro de Hayek en la revista Ideas de la Fundación Disenso, el autor «realiza una defensa del gobierno estrictamente limitado, el mercado libre, el impersonal gobierno de la ley, al igual que del desarrollo social por medio del crecimiento espontáneo y no mediante la planificación consciente y la coerción».

Para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?Friedrich Hayek

Quizá esto le suene de algo al lector. En el presente político y social y en la amenaza como una nube espesa que se acerca formada por los mimbres ideológicos del nuevo totalitarismo «socialista» que detenta el poder y maniobra enloquecidamente solo para perpetuarse en él. Afirma Hayek en el camino que «Cualquier política dirigida directamente a un ideal de justicia distributiva, es decir, a lo que alguien entienda como una distribución «más justa», tiene necesariamente que conducir a la destrucción del imperio de la ley porque, para poder producir el mismo resultado en personas diferentes, sería necesario tratarlas de forma diferente. Y ¿cómo podría haber entonces leyes generales?».
Friedrich Hayek en su juventud

Friedrich Hayek en su juventud

La actualidad de las razones del libro escrito hace ocho décadas son estremecedoras. El control paulatino que lleva a la esclavitud en la planificada privación de derechos derivada del intervencionismo. Tantos intervinientes, tantos pequeños pasos continuos, evaporan la gravedad del objetivo entre aclamaciones a una falsa libertad con reverso tenebroso que acaba por imponerse. Es, para que se entienda de modo grueso, como los escándalos continuados de Pedro Sánchez, continuamente tapados por el siguiente. Y así ya van cinco años de enterramientos. La amnistía que nunca iba a llegar ya casi ha pasado y la ocultará el telón del referéndum de independencia de Cataluña.

La libertad corrompida

Es la perversión de los conceptos de democracia y libertad, de lo que acusaba Hayek a los colectivistas, llámense hoy socialistas, comunistas o separatistas. Un nuevo colectivismo asola la libertad sin que el pueblo se dé cuenta en un escamoteo de trileros sin escrúpulos. De esto también avisaba el economista austríaco. De la libertad corrompida por una dialéctica de miedo y de supuestas injusticias que aplastan al individuo para elevar al poder político sostenido por una idea irrebatible y perversa. Hayek es pura civilización occidental que remite a esos principios, a la tradición como parte del camino recorrido que no puede olvidarse.
Friedrich Hayek en 1974, el año que le concedieron el Nobel

Friedrich Hayek en 1974

Camino a la servidumbre está dedicado «A todos los socialistas de todos los partidos». Aunque ya no haya ninguno que pueda sentirse concernido. Ni siquiera la igualdad ante la ley, «la única igualdad que tiene sentido en una sociedad libre», según Hayek, goza hoy de protección. Todo lo contrario: los atentados contra ella se suceden casi día tras día en una suerte de silencioso apocalipsis que se podría detener si hubiera más lectores de Hayek provistos de las armas necesarias para no caer en el engaño del totalitarismo socialista.
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