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19 de junio de 2024

Mario de las Heras
ContracrónicaMario de las Heras

El torero de Botero, Urtasun en el callejón y la Agenda 2030

El cuarto toro de Miura había amenazado con saltar al callejón y el quinto, Divorciado, correspondiente a Juan de Castilla, al final lo hizo. Y por dos veces

Madrid Actualizada 23:11

El cuarto toro de la tarde tras saltar al callejón en Las Ventas

El cuarto toro de la tarde tras saltar al callejón en Las VentasEFE

AJuan de Castilla, que no es castellano sino colombiano, le obligó la Plaza a saludar nada más terminar el paseíllo en recuerdo de su confirmación y en agradecimiento al esfuerzo de torear dos veces en un mismo día. A las 11 estaba en Francia, en Vic (donde cortó una oreja bajo un aguacero), y al terminar se vino a Madrid en avioneta para torear en San Isidro.

Juan, además de torero, es mensajero (trabaja en una empresa de mensajería en Madrid), y esta vez casi se envió él (y sin casi) para llegar a tiempo. Y llegó y fue el mejor, sacándole lo que tenían sus Miuras, a los que el 7 gritó: «¡Toro, toro»! Mira que eran bonitos e imponentes, pero se caían.

Al principio los tendidos se habían maravillado por la presencia, pero después se sintieron engañados como el Flem Snopes de William Faulkner cuando le vendieron un caballo pintado e inflado que se despintó con la lluvia y se desinfló por el camino.

Juan de Castilla estuvo templado y sabio, sentido y sensibilidad (y valor). A Colombo, venezolano, hijo de torero, también Colombo, le pegó el toro con el cuerno en el pecho al banderillear de lo mucho que se la jugó. Pero bien. Hubo disfrute con el torero banderillero: un torbellino de la misma estatura que los pitones.

El cuarto, que murió en estampa grandiosa, había amenazado con saltar al callejón y el quinto, Divorciado, al final lo hizo. Y dos veces. Quiso saltar hasta los burladeros de dentro, causando un buen susto, no solo a sus inquilinos, sino a los aposentados en barrera.

El segundo toro del diestro Juan de Castilla salta al callejón

El segundo toro del diestro Juan de Castilla salta al callejónEFE

Le abrieron las puertas rápido (las dos veces) y no hubo que lamentar nada, solo el recuerdo del grito al unísono de la Plaza en los brincos de una animal de 600 quilos, que una de las veces se quedó a medio camino, como colgando de las axilas, y al final cayó dentro.

La Plaza esas veces, los tendidos, esas veces de susto grita como si fuera una: decenas de miles de gargantas hechas una, como si la Plaza fuera una animal mitológico con voz propia formada por muchas. El susto que fue casi tanto como ver a Urtasun en el callejón, porque al fin y al cabo era «su toro» huyendo, a cuyos ganaderos acaba de entregarles la Medalla de Oro a las Bellas Artes.

Juan de Castilla lo volvió a hacer, mejor, por cuarta vez en un día: había matado cuatro toros en un día, una hazaña que culminó en una faena sobresaliente con el público despistado, desatento a la muleta profunda del colombiano «de Castilla», al que el escultor Fernando Botero ayudó en sus inicios.

Despistado el público que no se decía nada en la templanza y sin embargo sí advirtió una vez que De Castilla de quedó fuera en el pase de pecho. No hubo mucho más (y fue mucho) en la corrida de Miura, «los Miura de Urtasun».

No se hubiera quejado el ministro de paridades, por ejemplo, porque si había alguacilillo, también había alguacililla, aunque alguien se quejó con desgarro (el mismo que le causó el primero de la tarde al capote de Rafaelillo) de los toros en el tendido: «¡2030, Miura, 2030!» (y eso sí que no le hubiera gustado al eliminador del Premio Nacional de Tauromaquia) como si se hiciera referencia a la fecha del apocalipsis.

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