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En las carreteras españolas se ha impuesto el uso de las formas locales de los topónimosGoogle Maps

Según la RAE, al escribir en español, ni Girona ni Bizkaia: la pelea sin fin por los topónimos

La Real Academia Española se ha expresado en numerosas ocasiones sobre la forma correcta de escribir los topónimos en español

Una de las señas características de la España de las autonomías inaugurada tras la Constitución de 1978 es el uso de las lenguas españolas como arma arrojadiza en la batalla política.

Los nacionalismos independentistas periféricos se han servido de las lenguas cooficiales de sus territorios —el gallego, el vasco, el catalán o el valenciano— como forma de afianzar el poder local y autonómico para las élites políticas locales nacionalistas.

Obviamente, las lenguas no tienen nada que ver con la ideología, pero en un momento en el que se sacraliza todo lo identitario, usar un idioma como instrumento para imponer una ideología que se trata de identificar con dicha lengua es una tentación muy poderosa.

Un ejemplo es la estrategia de independentistas catalanes, vascos y gallegos de identificar el idioma español con el franquismo.

Pilar de esa estrategia son los topónimos. En muchos medios de comunicación (en todos los públicos y en algunos de los privados) es habitual encontrar las formas Lleida o Girona para Lérida o Gerona; A Coruña u Ourense para La Coruña u Orense e, incluso Bizkaia o Gipuzkoa para Vizcaya o Guipúzcoa.

Se trata de una ingeniería social de tintes inquietantemente oerwellianos donde unos topónimos que la inmensa mayoría de la población no emplea de forma natural se presentan como si se utilizaran de toda la vida por el común de los mortales hispanohablantes.

Es un fenómeno parecido al desdoblamiento de género: ciudadanos, ciudadanas y su más reciente ciudadanes o su alternativa ciudadanxs, al abrigo de la ideología woke.

Sobre el asunto, la RAE se ha expresado en numerosas ocasiones. En textos oficiales, no hay nada que objetar: «Es perceptivo usar el topónimo (vasco, gallego o catalán) como único nombre oficial aprobado por las Cortes españolas».

Ahora bien, en los demás «textos escritos en castellano debe emplearse el topónimo castellano». Es el caso de los ejemplos antes mencionados.

Señala la RAE que a las dudas habituales sobre topónimos «se añaden los cambios de denominación impuestos por las nuevas realidades geopolíticas o reclamados por los gobiernos locales, que a menudo chocan con las denominaciones tradicionales».

En ese sentido, la academia se expresa con claridad en su Diccionario Panhispánico de Dudas: Los «topónimos con forma tradicional plenamente vigente en español, que, no obstante, aparecen con cierta frecuencia en los medios de comunicación con nombres o grafías propios de otras lenguas», es preferible emplear «la forma española».

En el libro El buen uso del español, la RAE aclara que «los topónimos que aluden a lugares que se encuentran en lugares de habla hispana deben respetar, como las demás palabras, las normas ortográficas del español».