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'La suerte de varas', obra de Eugenio Lucas VelázquezMuseo del Prado

La evolución del pensamiento antitaurino en España: de Eugenio Noel al animalismo actual

Hace un siglo hubo varios escritores que entendían que la tauromaquia era una rémora en el progreso, era la persistencia de lo antiguo

Siempre ha habido antitaurinos, desde que existe el juego o espectáculo. Es un tema controvertido, polémico. El peligro del hombre frente al toro, el sufrimiento al que se somete a toros o caballos y los entretenimientos de masas considerados como formas de alineación y sometimiento de los pueblos, han dado un argumentario largo, de muchos matices, jugosos pensamientos y pintorescas opiniones.

Los antitaurinos de hoy son, ante todo, políticos porque su manera de defender el bienestar animal responde a una ideología que abarca otros derechos nuevos. No obstante, defensores y contrarios a la corridas los ha habido siempre en una y otra parte del espectro político. Así, los ataques vienen determinados por la defensa de los animales y, en algunos caos como Cataluña o México, por eliminar rasgos culturales históricos que enlazan con España.

Entienden, en resumen, que en las corridas no hay nada de cultural, artístico o estético y lo reducen simplemente a una manera de torturar públicamente a un animal hasta la muerte.

No siempre ha sido así. Hace un siglo más o menos, los antitaurinos esgrimían otro tipo de pensamiento. Hubo varios escritores que entendían que la tauromaquia era una rémora en el progreso, era la persistencia de lo antiguo. No solo el símbolo de oposición a la ilustración, sino el enganche de una mentalidad retrógrada que impedía el desarrollo.

Eugenio Noel y los antitaurinos de antes

«Obstáculo para el progreso cultural, social y educativo del país», señala Juan Ignacio Codina en Pan y toros. Breve historia del pensamiento antitaurino española (Madrid 2018). Puede que la extrema afición fuera un símbolo de un determinado tipo de personas, pero es exagerado decir que la falta de progreso se debía a que existieran las corridas.

El célebre Fernando del Toro, barilarguero, obligando á la fiera con su garrochaMuseo del Prado

Codina admite el secular atraso español, no dice en comparación con quién y en que etapa, y que para salir de él era necesaria una trasformación social que incluía la exclusión de la fiesta. Un cambio de mentalidad que se provocaría desde el poder. Esta idea de modificar la forma de vida, incluyendo las aficiones o diversiones, para regenerar el país es muy propia de finales del siglo XIX y principios del XX. Época en la que reverdecieron los escritores antitaurinos y florecieron libros, libelos y panfletos de desigual calidad.

Tuvieron seguidores e influencia. Animaron desde lo intelectual un debate que siempre ha sido muy interesante. Las críticas consiguieron acabar con las prácticas más crueles de la tauromaquia antañona y sirvió asimismo para modificar normas y reglamentos que trataban de establecer las reglas canónicas de las corridas.

La lucha contra el pan y toros tenía en ese momento connotaciones distintas a las actuales. Era casi la única diversión, si excluimos el teatro, del pueblo. Los espectadores procedían en su inmensa mayoría de las clases bajas iletradas y tendentes a la brutalidad como entretenimiento, precisamente las clases sobre las que había que actuar para elevar el nivel nacional. El toro era un escape para las penalidades, la ilusión del obrero de pocos recursos, la afición a un fenómeno que entendían y podían discutir con los demás, el sentimiento de pertenencia a la mayoría social.

Con estos argumentos algunos autores elaboraron ensayos o ficciones interesantes y dejaron muestras de ingenio, pensamiento crítico y altura de miras. Y, como es normal, tuvieron sus contradictores y opositores de, al menos, la misma talla intelectual.

La excesiva afición, tal vez vicio, que llevaba a los pobres a hacer cualquier cosa con tal de comprar un abono para la plaza, olvidándose de sus obligaciones laborales y familiares, fue argumento de obras de teatro como Los semidioses de Federico Oliver, estrenada en 1914. El chipionero era un buen dramaturgo que construía con gracia sus dramas y tuvo éxito en la España del cambio de siglo. A ello hay que sumar la única posibilidad de las clases bajas de subir en la escala social y ganar mucho dinero: ser torero. Circunstancias también aprovechadas por José Luis Pinillos Parmeno en Las Águilas (1910).

Eugenio Noel

De esta generación el más genuino ingenio antitaurino fue Eugenio Noel. Fue un escritor con madera de genio sometido a la necesidad. Tuvo éxito y su nombre era muy conocido, aunque ya es solo recuerdo erudito. Es justo recordarlo. Con muy buena prosa, su visión crítica, a veces ácida, de la realidad nacional lo hizo polémico. Entre los grandes males de España situaba al flamenquismo y a los toros, a los que dedicó alguna de sus mejores novelas, ensayos, artículos y las conferencias que iba dando por la geografía para difundir su visión y ganar algún dinero.

Un idealista, defensor de causas perdidas, libre de pensamiento y palabra, Noel arremetió contra la fiesta con insistencia. No tuvo sosiego para examinar argumentos que le contrariaran, era antitaurino porque en las plazas perdían el tiempo y las energías los españoles y se aislaba de las corrientes nuevas. Con los toros se olvidaba los españoles de las cuestiones cruciales por las que pasaba el país y los gobernantes mantenían al pueblo ajeno a lo importante.

Noel se complace en mostrar un país de bárbaros que aman las fiestas con toros, donde les salen los instintos crueles y sangrientos. Para Noel, como para otros, suprimiendo las corridas desaparecerían esta forma de ser. No se refería a los grandes espadas, sino a capeas y encierros llenos de sangre. No es escritor de humor e ironía, es un narrador directo que describe los que no le gustaría ver. No expone grandes ideas como programa, se limitar a describir las terribles fiestas populares para que el lector asimile los toros con la barbarie.

Noel escribía bien y con intención intelectual. No era un artesano de la novela de entretenimiento. Sus dibujas de las fiestas están trazados con verisimilitud y apuntan a lo arcaico. Pero Noel, siempre necesitado de dinero, encontró en el antitaurinismo un modo de obtener ganancias. No sabemos si el personaje que creó era realmente el que respondía a su pensamiento personal o si, desde una idea inicial, fue engordando el filón descubierto.