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El escritor Juan Manuel de Prada durante la entrevista con El DebatePaula Argüelles

Juan Manuel de Prada: «Estoy cancelado en 50.000 sitios, no solo en ambientes 'woke', también de la derecha»

El escritor recibe a El Debate para hablar de su último libro, Cárcel de tinieblas, segunda parte de su novela Mil ojos esconde la noche

El café Varela es una de las guaridas de la intelectualidad madrileña. Lo lleva siendo desde el año 1884, cuando abrió sus puertas.

Es un lugar que transpira literatura, aderezada con unas gotas de bohemia y una buena ración de elegancia.

En una columna, junto a la barra, brillan (son paneles translúcidos iluminados desde el interior) retratos de escritores que han pasado por sus mesas: Camilo José Cela, Antonio Machado, Pío Baroja…, y Juan Manuel de Prada.

En el Varela recibe el escritor a El Debate para hablar de su última gran novela (en calidad y en extensión, con sus 1.600 páginas) Mil ojos esconde la noche, novela de la que acaba de publicar su segunda parte: Cárcel de tinieblas (Espasa). La primera parte, La ciudad sin luz, cosechó un enorme éxito pese a ser una novela exigente y dura.

La novela sigue los pasos del pícaro Fernando Navales, falangista camisa vieja que en el París ocupado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial tiene la misión de atraer para la causa de los seguidores de José Antonio a los artistas, escritores, bohemios, juntaletras y periodistas de bolsillos descosidos exiliados en la capital francesa.

Para ello no dudará en desplegar todas sus artes y artimañas de seducción, manipulación y engaño como buen villano y sinvergüenza que es.

Juan Manuel de Prada es un hombre amable, de verbo barroco y ademanes tranquilos. Se pide una cerveza que llega acompañada por unas patatas fritas, situamos los dos gruesos tomos de la novela sobre la mesa para que salgan en las fotografías y empezamos la entrevista.

–La novela es muy crítica con Francia, país que presenta como una nación decadente sin voluntad de oponerse al invasor nazi. ¿Detesta usted esa Francia tanto como la detesta Fernando Navales, su protagonista?

–No, Fernando Navales es un personaje que tiene una idiosincrasia propia... El autor crea un personaje y luego lo que trata es de que sea coherente con las ideas que animan su vida.

Yo con Francia tengo una relación de amor y odio. Es un país que ha hecho grandes aportaciones a la historia de la cultura: en el plano estético, en el plano del pensamiento... Pero también es una nación que ha perdido su identidad, su relevancia…, y sí, se ha convertido en un país completamente decadente. Yo creo que son estos años, precisamente, en donde se produce esa transformación.

En España, al menos hasta que nos convertimos en esclavos o en siervos del europeísmo, Francia siempre fue un país mal visto

Navales tiene una mirada bastante crítica, como general la tenía en aquel momento, mucha gente. En España la mirada sobre Francia era completamente hostil y despectiva. Por otra parte, no hay que olvidar que Francia era un país que nos había hecho mucho daño a lo largo de todo el siglo XIX y que, de alguna manera, lo siguió haciendo.

En España, al menos hasta que nos convertimos en esclavos o en siervos del europeísmo, Francia siempre fue un país mal visto.

Juan Manuel de Prada, en el café VarelaPaula Argüelles

Lo que he procurado en la configuración del personaje de Navales, sobre todo, ha sido ser coherente con esa visión que había de Francia en España y, muy concretamente, en la Falange, en donde, evidentemente, a los franceses se les consideraba un atajo de flojos y de chusma.

Por otra parte, también los franceses siempre nos han profesado un odio declarado. Esto tampoco se puede ocultar, por mucho que ahora tratemos de fingir que todos somos hermanos. Hermanos, no sé de qué padre, pero bueno. Hermanos en la Unión Europea, ¿no?

–El personaje de Fernando Navales destaca por su desfachatez a la hora de sembrar cizaña. Hay en el libro un intento por su parte de redimirse. ¿Es posible abandonar el mal cuando se es la encarnación de ese mal?

–No creo que haya encarnaciones del mal. Es decir, en todo caso hay víctimas del mal, en el sentido de que el mal toma posesión de nuestros cuerpos y, sobre todo, de nuestras almas y nos empuja a hacer cosas que no necesariamente tienen que ver con nuestra naturaleza.

Yo no creo que Fernando Navales sea una encarnación del mal. Creo que Navales es un hombre que se deja arrastrar por el mal y si al mal se le abre la puerta, pues se cuela hasta la cocina.

Pero da igual lo infestado que uno esté por el mal: si desea cambiar, si desea abandonarlo, si desea desligarse de él, renegar de él, siempre puede hacerlo. No creo que haya ningún criminal que esté atrapado por el mal. Creo que todo santo tiene un pasado y todo pecador tiene un futuro. Todo ser humano tiene capacidad de redimirse, de renegar del mal y de iniciar una nueva vida.

–Deja en muy mal lugar a Picasso o a Gregorio Marañón. ¿Es un recurso de la novela o usted les guarda cierta ojeriza?

–En la novela hay personajes que quedan mal, que quedan rematadamente mal, como Picasso. Esto me parece indudable. No creo, por ejemplo, que Gregorio Marañón quede mal. Es una persona muy odiada por Navales, pero yo creo que Gregorio Marañón queda bastante enaltecido.

Es una persona que muestra sus principios, que muestra que es capaz de defender a los débiles y que es capaz de reconocer la aportación de los judíos a la cultura española en circunstancias muy difíciles, cuando hacer eso realmente estaba muy mal visto. No solo mal visto, sino que podía ser una razón para que te crucificaran.

Yo no creo que los personajes que son vilipendiados o vituperados por Navales queden mal. Creo que lo que en la novela se muestra son las debilidades de estos personajes, es decir, no son personajes de una pieza, no son personajes absolutamente intachables... Son personajes llenos de debilidades. Son personajes que tropiezan y que caen, pero que también son capaces de levantarse.

El escritor junto con las dos entregas de su novela 'Mil ojos esconde la noche'Paula Argüelles

Marañón es un hombre que había sido un intelectual encumbrado por la República. Reniega de la República cuando ve los crímenes que se cometen en Madrid en el año 36. Se exilia, se pasa al otro bando y empieza a mostrar su adhesión al bando franquista. Pero sigue siendo un hombre que tiene unos principios y que los defiende.

No creo que quede mal. Otra cosa es que Navales le tenga mucha tirria porque es un falangista al que le fastidia que una persona como Marañón, que ha sido encumbrado por los republicanos, vaya a ser también encumbrado por Franco. Esto es humano. Es como el hijo primogénito en la parábola del hijo pródigo que se enfada cuando percibe que su padre va a perdonar al hijo pródigo.

Pero en líneas generales yo te diría que la mayor parte de los personajes en esta novela no son condenados. Son personajes que tienen sus debilidades, que tienen sus defectos, que tienen sus lacras, que tienen sus miserias, pero creo que, en general, son personajes que quedan bastante redimidos al final de la novela.

–Por otra parte, se queda a gusto abofeteando a liberales e izquierdistas de los años 30 y 40. Y, sin embargo, no puedo evitar pensar que no solo está hablando de la Europa de la Segunda Guerra Mundial, sino que esa bofetada va dirigida a los liberales e izquierdistas de hoy. ¿Tenía ganas de soltar los mandobles que suelta en la novela?

–No. Te he de confesar que yo creé al personaje con la intención de hacerlo coherente con lo que un falangista del año 40 puede pensar de la Europa democrática. Es un falangista, además, que considera que Franco está traicionando los ideales de la Falange. Es decir, que no solamente es que esté en contra de la Europa democrática, es que considera que Franco es un flojo, que es un vendido.

Fundamentalmente, he querido dar coherencia a ese personaje. Que eso pueda tener lecturas en nuestro mundo, pues hombre, me halaga porque entonces habría escrito una obra clásica, que en cualquier época que se lea puede tener lecturas adecuadas a la época que vivimos.

Pero no, no ha sido mi intención. Mi intención ha sido dar coherencia a un personaje de esa época y, evidentemente, un falangista de ese tiempo siente repugnancia por la debilidad de las democracias occidentales.

Yo, en líneas generales, no es que me adhiera a las ideas de Navales, que me parecen muy extremas, pero sí que pienso que España nada tiene que ver con Europa, con la Europa que nace en Westfalia. No creo que tenga nada que ver con la Europa de Maquiavelo, no creo que tenga nada que ver con la Europa de las de la Revolución Francesa, no creo que tenga nada que ver con la Europa de Hobbes…

España, por el contrario, fue una nación que se erigió en un baluarte frente a eso. Entonces, sí, a mí me da vergüenza y asco ver a España convertida en una colonia más del pudridero europeo. Pero cuando he escrito la novela no he pretendido hacer eso, la verdad.

Por otra parte, a mí, como novelista, no me interesan tanto las ideas generales. Como novelista me interesan las personas. Esta es una novela sobre personas o sobre personajes. Navales es un hombre que siente una transformación, no porque sea más o menos europeísta. Ese no es el conflicto.

Navales tiene una redención, o una agonía interna, o una catarsis personal, porque empieza a considerar una serie de dilemas morales que hasta ese momento no ha considerado. Porque empieza a ver a los judíos o a los exiliados como personas de carne y hueso y, por lo tanto, empieza a identificarse con su dolor, con su soledad, con su desvalimiento... Esto es lo que a Navales le hace cambiar. No lo hacen cambiar las ideologías.

–La novela es muy políticamente incorrecta, empezando por el hecho de elegir como protagonista a un falangista cínico, embaucador y mala persona, al menos en apariencia...

–Y no solo. Navales tiene su corazoncito. Hay algunas que me dicen:… Pero Navales trata bien a las mujeres. Hombre, claro, porque Navales es un falangista feminista. Se puede ser falangista y feminista. No hay ningún problema. No creo que sea una persona únicamente malvada. Es verdad que es un villano, pero también es verdad que tiene su corazoncito, que ya lo tiene en la primera parte de la novela, en La ciudad sin luz, y, de forma muy marcada, en la segunda.

–En cualquier caso, en un panorama cultural en el que todo el mundo se autocensura para no ser cancelado, es un gusto semejante ejercicio de libertad…

–Es que yo creo que no hay que escribir para los zoquetes que cancelan, para toda esa chusma que anda ahí en las redes sociales, demonizando a la gente, para todos esos sicarios del poder establecido que deciden que no hay que comprar las novelas de ese autor... Eso es chusma. No hay ni siquiera que considerarlos.

Uno escribe para aquellas personas que tienen inquietudes, que tienen curiosidad, que tienen deseo de aprender, de disfrutar, de amar, de conocer...

Esa gente no cancela. Y quienes escriben para los otros, yo creo que se equivocan radicalmente. Date cuenta de que esta es una novela de 1.600 páginas. Tal vez sea la novela más extensa que se ha escrito en España en el siglo XXI y, muy probablemente, también en el siglo XX.

Ni siquiera las grandes novelas del siglo XIX, Fortunata y Jacinta, La Regenta, etcétera, son tan largas como esta novela.

No me interesa escribir para gafapastas, progres, modernos y demás bandarras

Yo en esta novela hago un esfuerzo ímprobo. Lo hago porque creo que la literatura, creo que el arte tiene que dirigirse a aquellas personas que verdaderamente están dispuestas a hacer una apuesta fuerte.

Escribir una novelita para que te lean los gafapastas, progres, modernos y demás bandarras de nuestra época, a mí eso no me interesa nada.

En la primera entrega de la novela, en la nota –creo que en la primera, no sé si es en la segunda– digo que esta novela no está escrita para esta generación, que está escrita para los que ya han muerto y para los que todavía no han nacido.

Con esto no quiero decir que desprecie a la gente de mi generación. No, lo que quiero decir es que está escrita para personas que tienen un sentido de que la literatura es una forma de trascender nuestra época. Como diría Chesterton, de liberarse de la degradante esclavitud de ser hijos de nuestra época.

Todas estas mierdas de la cancelación…, creo que tenemos que empezar a olvidarnos de todo eso. Dejar a toda esa gente en su rincón, que no es el rincón de pensar, porque esta gente no piensa, es el rincón de hacer sus deposiciones, como buenos animalitos que son. Tenemos que salir a la calle y buscar a la gente que verdaderamente merece la pena y olvidarnos de toda esta chusma.

Yo así lo siento, es lo que he hecho siempre. Son muchos años de lucha. Por supuesto, estoy cancelado en 50.000 sitios, no solo en esos ambientes woke. Yo estoy cancelado también en muchos ambientes de la derecha y demás.

Pienso que todas las personas que participan de esas operaciones son personas que no merecen la pena.

Creo que hay que escribir, hay que hablar, hay que pensar, hay que pintar, hay que hacer cosas para la gente que sí merece la pena, que creo honestamente que sigue siendo una mayoría.

Date cuenta que esta es mi novela más exitosa en los últimos 20 años. El primer volumen está imprimiendo ahora mismo la decimoprimera edición, a pesar de que es una novela muy dura, muy cruda, muy iconoclasta. Tú has dicho políticamente incorrecta. Sin embargo, es mi novela más vendida. Por algo será, ¿no?

Yo creo que es porque hay gente que está harta y que todo eso (la cancelación) se lo pasa por sálvese sea la aparte… Por el arco del triunfo, ya que estamos tan franceses hoy: por el arco del triunfo. (Se ríe).

–Usted escribe a mano sus novelas. ¿Puede explicar el proceso? Entiendo que no habrá mandado las 1.600 páginas de Mil ojos esconde la noche a la editorial escritas a mano…

–A mí mi padre me transcribe mis novelas. Mi padre, mi bendito padre, que todavía está ahí, el tío, luchando, me transcribe todas mis novelas. Yo las escribo y, mientras las voy escribiendo, mi padre me las transcribe, y cuando yo termino de escribir, pues prácticamente mi padre ha terminado de transcribirlas, con lo cual puedo empezar a corregirlas de inmediato.

Gracias a eso he podido hacer esta novela. Poder empezar a corregir cuando acabas de terminar la novela es una bendición.

Escribo a mano porque creo que cuando uno escribe a mano cobra más conciencia del oficio de la escritura, cobra más sentido lo que estás escribiendo porque pones mayor empeño en ello, mayor concentración.

Tal vez porque escribes más lentamente que cuando escribes en un ordenador, escribir a mano te permite afinar más la expresión, decir exactamente lo que quieres decir, pulir más el verbo, que haya una mayor exactitud, también una mayor belleza... Soy un gran partidario de la escritura a mano.

Yo en mis artículos escribo a ordenador y mi obra de creación la escribo a mano y noto completamente la diferencia. Creo que al escribir a mano pones más carne en el asador, y como yo soy un hombre de carnes abundantes, pues imagínate: pones muchísima más.

–Sus incondicionales le comparan con Chesterton. ¿Le agrada esa comparación?

–Me agrada, pero es una comparación injusta para Chesterton. Yo soy un hombre infinitamente más de andar por casa. Tengo un gran afecto a Chesterton y he aprendido mucho de él.

Chesterton era un hombre que amaba. Amaba su oficio, amaba su tiempo, amaba a sus contemporáneos, amaba a su país, amaba a Dios... Y el amor que Chesterton te transmite cuando lees es emocionante.

Yo no quiero ser un imitador de Chesterton, quiero ser un admirador de Chesterton

Lo que pasa es que yo, como…, no diré como buen católico, pero como católico a machamartillo, pienso que los dones que nos da Dios se encarnan en cada ser humano y entonces todos somos distintos.

Yo no quiero ser un imitador de Chesterton, quiero ser un admirador de Chesterton. Pero naturalmente soy distinto.

Soy distinto como todos somos distintos, como León XIV es distinto de Francisco. Todos los zoquetes pensaban que León XIV tenía que ser un Francisco II. Oiga, no: este señor es otro. Cada persona es distinta. Esto es lo hermoso de la vida. Cada alma es única e intransferible.

Yo he aprendido mucho de Chesterton y para mí ha sido un maestro, un amigo, una inspiración constante, pero, al mismo tiempo, con Chesterton y con otros autores que consideras tus maestros, pues haces una aleación nueva.

Pero vamos, a mí me honra muchísimo que me consideren chestertoniano, y además es que lo soy. Lo soy y con muchísimo orgullo, como te puedes imaginar. Pero luego cada uno traza su camino. Yo creo que Dios nos quiere así, nos quiere a todos distintos. A todos vinculados, pero a todos distintos. Frente a los de libres e iguales, la consigna verdaderamente católica es vinculados y diferentes.

–¿Qué opina de ese mundo de la cultura, entre comillas, «oficial», cuyos miembros reciben premios nacionales de Urtasun, aplauden a rabiar a Sánchez en los Goya y se alinean con los focos del poder monclovita?

–Son obedientes esclavos y, evidentemente, van a obtener prebendas, ventajas y privilegios.

El otro día Pedro Sánchez reclamaba a los representantes de la cultura, a los que invitó a su contubernio, que fueran militantes. Les exigía ser militantes. Y los militantes van a recibir prebendas, van a ser paseados por todo el mundo, van a ser traducidos, van a ser exaltados, van a ser encumbrados, pero les dará igual. Sus nietos van a leer a Juan Manuel de Prada, porque al final la bazofia, por mucho que sea encumbrada, termina desinflándose.

Toda esa gente será encumbrada de forma falsa. Todos los zoquetes comprarán sus libros. Pero da igual: morirán y serán olvidados. Ya lo hemos visto en muchos casos. Hay muchos escritores que han sido encumbrados por el poder y que han sido radicalmente olvidados.

Al final, ¿a quiénes recordamos? Pues recordamos a quienes desarrollaron una obra exigente, sacrificada, difícil, que tuvieron capacidad para dar voz a su tiempo desde la disidencia. Esto es lo que queda.

–De hecho, esa estrategia de Sánchez de buscar militantes en la cultura recuerda un poco al argumento de su novela, a lo que hacía la Falange, que buscaba militantes para la cultura falangista…

–Ellos ni siquiera buscaban militantes, sino que buscaban gente que mostrara cierto grado de amistad. Quienes buscaban una militancia, sobre todo, eran los nazis. Yo creo que en estos momentos hay un totalitarismo democrático, es decir, un totalitarismo que ya no recurre a las a los métodos de los totalitarismos antañones, de los totalitarismos clásicos, sino que se disfraza de democracia.

Es un totalitarismo más amable, es un totalitarismo más paternalista, no es un totalitarismo de palo y tentetieso, como podía ser el de Stalin o el de Hitler… Pero es un totalitarismo que estaba previsto. O sea, si uno lee La democracia en América, de Tocqueville, cuando Tocqueville trata de imaginar cómo será la degeneración democrática describe precisamente lo que tenemos hoy.

Cuando Aldous Huxley trata de imaginar esa distopía en Un mundo feliz imagina lo que tenemos hoy. Cuando George Orwell escribe en 1984 le manda un ejemplar a Aldous Huxley y le pide que por favor que lo lea y que le dé su opinión. Y Aldous Huxley le dice: Es usted un gran escritor. Ha escrito una gran novela, pero su visión del futuro es completamente desfasada. Usted necesita trasladar el estalinismo del que tiene experiencia al futuro. Pero la tiranía del futuro no será como la tiranía del pasado. La tiranía del futuro no se impondrá con cachiporras. No se impondrá metiendo a la gente en la cárcel. Será una tiranía amable que moldeará las almas, las sojuzgará y, por lo tanto, las personas, gustosamente, aceptarán las reglas de esa tiranía.

Tocqueville lo decía tranquilamente: La tiranía del futuro no nos quitará nuestros bienes, no nos matará, no nos meterá en la cárcel, pero nos dejará en tal posición que nuestra vida será más triste que la del que está en la cárcel, la del que ha sido expoliado, la del que ha sido desterrado. Nos condenará a una vida en donde seremos personas despreciadas por las masas que se adhieren a la tiranía gustosamente. Yo creo que estamos en esa época.

–¿Cómo ve la Europa de hoy? Ha denunciado en más de una ocasión esa plutocracia que según usted domina Europa. ¿Cuál es la enfermedad de Europa?

–La enfermedad de Europa es una enfermedad espiritual, fundamentalmente. Una enfermedad espiritual es cuando tu alma deja de estar en comunicación con lo sobrenatural, o con lo que trasciende tu pura humanidad. De esa crisis espiritual surge una crisis moral, es decir, pierdes la capacidad para discernir entre el bien y el mal. Y de esa crisis moral se derivan todos los males.

Una vez que te han arrebatado tus bienes espirituales, te pueden arrebatar todos tus bienes materiales. Esta es la situación que veo ahora mismo en Europa.

Europa es un ente de razón que nada tiene que ver con la verdad de los pueblos europeos

Europa es un ente de razón que nada tiene que ver con la verdad de los pueblos europeos. Que ha logrado desvirtuarlos, que ha logrado que renuncien o que abjuren de su riqueza espiritual y moral y, desde ahí, pueden hacer con nosotros lo que les dé la gana.

Lo están haciendo, de hecho. Nos engañan de forma brutal y nos hacen creer cosas peregrinas y grotescas. Nos hacen creer que tenemos que armarnos porque nos van a invadir no sé quién, no sé si los marcianos o los mosquitos. No sé quién nos va a invadir.

O nos dicen que tenemos que renunciar a nuestro paisaje, a nuestra agricultura, para poner placas solares.

Nos dicen lo que les da la gana. Las cosas más descabelladas nos las dicen y nos las creemos. Nos dicen que ellos no pueden hacer nada para contener el precio de la luz o del aceite, pero nos dicen, en cambio, que pueden contener el cambio climático.

Quien se crea esto pues que se ponga a leer los libros de los autores del régimen porque ya es un descerebrado. El que no se lo crea que se ponga a leer Mil ojos esconde la noche. Es así de duro.

Ahora mismo, lo que la gente llama la Unión Europea, que yo llamo el pudridero europeo, es una organización al servicio del dinero, del dinero con mayúscula, que es el enemigo de Dios, según nos recordaba Jesucristo en el Evangelio: «No se puede servir a Dios y al dinero».

Él no se refería a que no pudiéramos tener un dinerito en el bolsillo, se refería a servir al dinero con mayúscula, que es la imagen del mal, del demonio. Y yo creo que la Unión Europea es una organización al servicio del dinero con mayúscula.