Una persona escribiendo a mano
La belleza y la rareza de los palíndromos
El español es un idioma cuya riqueza y variedad permite que haya frases que se leen igual al derecho y al revés
El español es uno de los idiomas más ricos del mundo, la herramienta de trabajo de algunos de los mejores escritores de la historia de la literatura. No es baladí pararse a pensar en que el Siglo de Oro lo fue en gran parte por las letras españolas.
Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Garcilaso, Quevedo, Jovellanos, Galdós, Valle-Inclán, Baroja. Pardo Bazán, Azorín, Cernuda, Aleixandre, Delibes, Amorós, Trapiello… son solo algunos ejemplos de autores que han dado brillo a nuestro idioma.
Y cabe destacar que ninguno de estos escritores ganó un Nobel. En total, seis autores españoles, incluido Mario Vargas Llosa, que tenía doble nacionalidad, han sido galardonados con el premio más prestigioso de las letras mundiales.
Y si tantos literatos ilustres ha dado el español es por su riqueza y su variedad. Y son estas características que permiten, además, uno de los fenómenos más llamativos del idioma: los palíndromos.
Desde simples palabras hasta frases enteras, la lengua española ofrece diversos ejemplos de expresiones que se leen igual al derecho que al revés.
Reconocer, radar, Ana o A ti no, bonita y otros palíndromos
Porque eso son los palíndromos, frases o palabras, expresiones en general, que se pueden leer indistintamente de izquierda a derecha y de derecha izquierda, del derecho al revés, y dicen lo mismo.
Existen algunas palabras que constituyen un palíndromo en sí mismas. Hay varios ejemplos, como el nombre propio Ana. Abundan los palíndromos de tres letras, como ojo, asa o ala, entre otros.
Siguiendo con las palabras, otra buena muestra es radar. Y también hay verbos que constituyen esta construcción: rapar, somos, sometemos y reconocer. La longitud se va ampliando, pero ahí no acaba.
La gran belleza de los palíndromos es que se pueden leer en los dos sentidos sin perder el suyo propio. De oraciones simples como Yo soy a ejemplos más famosos y más complejos: dábale arroz a la zorra el abad y Adán no cede con nada.
Se van sus naves, sea adonde sea, se puede leer, igualmente, de derecha a izquierda y a ti no, bonita, también. Así como somos o no somos, de resonancias shakespearianas.
Se puede celebrar ¡oro! ¡Ya hay oro! y desear que así Mario oirá misa y lamentar que amar da drama en ambos sentidos.
Se pueden, en fin, hacer cosas muy bellas con el español. De nosotros depende cuidarlo y usarlo para bien.