Fundado en 1910

El escritor Jesús RulCedida a El Debate

Entrevista al escritor Jesús Rul

«El español no sólo está en peligro, sino marginado en los espacios que controlan los secesionistas y afines»

El escritor Jesús Rul habla desde su amplia experiencia en ámbitos institucionales catalanes del estado de la lengua española en regiones secesionistas

Al preguntar al escritor Jesús Rul, diplomado en Educación y licenciado en Filosofía y Letras, y, entre otros cargos, coordinador del Programa de Formación de Directivos de la Generalidad de Cataluña, sobre si el español se utiliza como arma política en regiones nacionalistas, da la vuelta a la cuestión: «Las armas políticas son las lenguas regionales contra el español».

Rul es el autor de El español, lengua común (Sekotia), un análisis de cómo las políticas lingüísticas han impactado en la convivencia y en la cohesión social en España.

Con el desarrollo de los movimientos secesionistas en regiones como Cataluña o País Vasco, dicha convivencia se tambalea. Y uno de estos desequilibrios lo provocan los ataques al español.

Háblenos de su obra, El español, lengua común.

–Soy testigo, como muchos españoles, de la deconstrucción del orden lingüístico constitucional. Ha sido posible por la acción y dejación irresponsable de los poderes públicos, cuyo efecto ha quebrantado durante más de 40 años derechos personales y cívicos, con un daño añadido: la «normalización» de lo injusto y perverso, como la inmersión lingüística obligatoria, la exclusión del español como lengua de educación, los límites al uso del español con requisitos discriminatorios, las multas lingüísticas...

Ordeno los contenidos del libro en cinco capítulos: en el primero, estudio la situación agridulce del español en el mundo, enfrentado a retos no tanto de «extensión» (número de hablantes nativos) sino de «centralidad», esto es, de voluntad de aprenderlo y usarlo por el prestigio y valor de sus producciones en cultura, economía, comercio, investigación, tecnologías.

En el segundo, la génesis y el desarrollo de las lenguas hispanas desde la Alta Edad Media, con dos constataciones: el español siempre ha sido lengua común de los españoles y la convivencia lingüística, el rasgo dominante, truncada actualmente en conflicto por los secesionistas.

El tercero está dedicado al orden lingüístico constitucional desde las perspectivas sociolingüística y jurídico-política. Analizo la doctrina del TC, contradictoria y extraconstitucional, en parte coincidente con el orden constituido y en parte divergente. En el cuarto, analizo con datos la quiebra del español como lengua común, propia y vehicular de los españoles en autonomías con lengua cooficial donde viven más del 40 % de la población española.

Finalmente, en el quinto, exploro vías para recomponer el destrozo mediante un modelo lingüístico de España (MLE), garante de derechos y seguridad jurídica, con un conjunto de estándares verificables de ejecución.

¿Qué objetivos persigue este libro?

–Con esta obra procuro contribuir a la convivencia civil con la reconstrucción del orden lingüístico constitucional, inicial y multilingüe, sancionado por los españoles en 1978.

Una sola lengua común, el español, y en algunas regiones con otras lenguas cooficiales, importantes, pero no preferentes, pues los españoles, en general, no tienen el deber de conocerlas ni usarlas. El desarrollo plurilingüe (bilingüismo) debe ser voluntario para los ciudadanos y progresivo a través de la educación.

La construcción de la convivencia sobre el conflicto no es obra de la cesión a la voluntad de poder de los secesionistas, sino de la verdad que procura el entendimiento sobre el deseo, de la unidad lingüística del español sobre la fragmentación.

En la obra hace mucho hincapié en la (mala) influencia de los nacionalismos en el ámbito lingüístico. ¿Está el español en peligro en regiones nacionalistas en España?

–El español no sólo está en peligro, sino marginado en los espacios que controlan los secesionistas y afines, en instituciones, medios de comunicación, con vulneración mantenida de derechos ciudadanos.

En educación es residual, como una lengua extranjera. Es nocivo porque afecta a las vidas y futuro de más de un millón y medio de alumnos en Cataluña y a casi 400.000 estudiantes del País Vasco, en un solo curso académico. La tasa de fracaso es mayor que en otras regiones españolas con déficits importantes de competencia lingüística.

El español, lengua oficial del Estado, también es la lengua mayoritaria y propia de los ciudadanos en las autonomías con lengua cooficial, pero hay un asedio intencional para hacerlo marginal y erigir a las lenguas regionales en únicas y comunes.

Es radicalmente contrario al orden constitucional, pues el español es la lengua oficial del Estado, esto es, de todas y cada una de las instituciones estatales, también de las regionales y locales, muchas de ellas controladas por secesionistas y afines que operan en su marco conceptual para subordinar el español e incluso eliminarlo. La impunidad rige sobre el derecho. Esta realidad no sucede en ningún otro país.

¿Cómo ha visto evolucionar la presencia del español en estas regiones desde el auge de los nacionalismos identitarios?

–Los nacionalismos vasco, catalán y gallego son secesionistas: buscan descomponer España y quedarse con partes de ella. Por eso son beligerantes contra la nación española: esa malla densa de personas, familias, instituciones, significados y valores que nutren la identidad nacional de los españoles y sus derechos cívicos; de la lengua común como vehículo singular de comunicación y cultura; de la memoria compartida por generaciones; de la historia vivida de siglos sin el sesgo de la leyenda negra; de los símbolos comunes, como la bandera que ocultan o queman y del himno que ultrajan.

Excluir y marginar el español es una seña de identidad de los secesionistas para crear fronteras interiores

Los nacionalismos identitarios se articularon como movimientos sociopolíticos antiespañoles en el primer tercio del siglo XX. Inocularon la semilla de la división con motivos racistas y xenófobos que alimentaron a élites políticas y económicas sectarias después del franquismo con un patrón común: aprovechar la Constitución abierta y el demencial sistema electoral para conseguir todas las competencias y sustraer todos los recursos posibles para construir sus «naciones» a costa de los españoles.

Excluir y marginar el español es una seña de identidad de los secesionistas para crear fronteras interiores (dividir por la lengua) pese a ofender y perjudicar a los ciudadanos en sus derechos y carreras profesionales. Convierten en enemigos a compatriotas con quienes antes vivían en paz.

Cubierta de 'El español, lengua común'Sekotia

¿Es el español, en algunas de estas regiones, un arma política?

–Las armas políticas son las lenguas regionales contra el español. El español es el objeto que hay que batir porque identifica y expresa a la nación de ciudadanos libres e iguales. Buscan la sustitución lingüística con la imposición de las lenguas regionales contra el español en todos los ámbitos al alcance de su poder, que es mucho por la cesión de competencias estatales a cambio de su apoyo en las Cortes.

En las 15 legislaturas nacionales, en 11 se ha dependido de partidos regionales secesionistas, pero el PSOE y el PP han sido incapaces de modificar la ley electoral para que las Cortes, como dice la Constitución (66.1), sean representativas del pueblo español.

Los nacionalistas antiespañoles, preferentemente en Cataluña y País Vasco, están en guerra contra España. Lo he desarrollado en el libro La guerra de secesión contra la Nación de españoles (Amarante, 2021).

Es una guerra híbrida, política y cultural, con violencia e intentos de insurrección para enajenar España de la mente y conducta de los ciudadanos sometidos a su poder, especialmente en la educación. Utilizan las competencias cedidas por el Estado para construir sus naciones inventadas a costa de los españoles.

¿Por qué se tiene allí esa concepción de un idioma tan universal como el español?

–Los nacionalismos catalán, vasco y gallego son incompatibles con la nación española y sus vínculos de unidad, como el español, pese a ser una de las pocas lenguas universales, vehículo normal de comunicación entre hablantes de otras lenguas.

Pero las políticas lingüístico-culturales de estos nacionalistas –con la complicidad, más o menos directa, de los partidos nacionales al asumir su marco conceptual– son beligerantes para imponer las lenguas regionales en todos los ámbitos, cuyo efecto es eliminar el español en los usos.

Financian programas para extender e imponer el uso de las lenguas regionales en educación, sanidad, justicia, comercios, empresas, medios, ocio... En espacios y ambientes nacionalistas está mal visto hablar en español. Está mal visto cambiar de la lengua regional a la común española para facilitar la comunicación.

Hay que ubicar estas políticas y actitudes contra el español en el proyecto nacionalista exclusivista y excluyente con imposiciones, violencia y conatos de insurrección. Pretenden transformar la unidad lingüística nacional en un mosaico de lenguas regionales, con fronteras por razón de lengua (obligaciones, requisitos...) al alto coste de cercenar libertades civiles de los ciudadanos y menoscabo de la convivencia.

Es obcecación criminal destruir un patrimonio común de unidad comunicativa y cultural.

¿Cuál es la raíz de ese empeño identitario en denostar el español?

–No se trata de denostarlo sino de eludirlo y eliminarlo. En línea con lo expuesto, el avance del programa secesionista consiste en la diferenciación, esto es, la construcción de una identidad opuesta a España en todos los ámbitos –político, económico, mediático, cultural, educativo–, llegando incluso al conflicto como está sucediendo.

El conflicto marca la línea divisoria pretendida, por eso imponen contra toda razón la inmersión monolingüe en catalán y vasco.

Es una línea clara de fractura. Buscan alumnos identificados con el catalán y el vasco como lenguas primeras en detrimento de la lengua española u otra, por eso quieren la transferencia de la inmigración para que el catalán, con exclusión del español, sea la lengua primera y única de los recién llegados. Es la vía de «conversión» al nacionalismo. Conseguir una masa suficiente de población adicta al nacionalismo es el componente social de la secesión.

En la primera mitad del siglo XX sustentaron la secesión con motivos raciales, pero fueron desacreditados. Ahora lo hacen con la identidad lingüístico-cultural.

Las lenguas regionales no pueden suplir ni mucho menos contrarrestar la función sociopolítica y cultural de español como lengua mayoritaria.

El español es un valor imprescindible como lengua común y vehicular normal en las sociedades catalana, vasca y gallega, compartida con millones de hablantes en el mundo. Así se ha vivido siempre por la catalanidad española, el vasquismo civilizado y el galleguismo integrador. El secesionismo lingüístico no sólo es un error sino un suicidio.