Dos personas conversan
O sea, ¿me entiendes? Muletillas del español que demuestran mala educación
El español tiene también algunas expresiones que revelan la mala calidad de la educación de una persona
El español ha sido y es la herramienta de trabajo de algunos de los mejores escritores de la historia de la literatura, que han dado esplendor al idioma que actualmente hablan cientos de millones de personas. Pero, como toda herramienta, se puede usar para el bien o para el mal.
No es solo cuestión de insultos, hay expresiones malsonantes que deterioran la calidad de la conversación y demuestran, en algunas ocasiones, la mala educación de los interlocutores que las pronuncian.
En otras, no obstante, las intenciones pueden ser buenas, pero el tono con el que se emiten empaña el contexto general de la frase, e incluso de todo el diálogo.
Se trata de las muletillas, expresiones de las que, a veces, y de forma inconsciente, todo el mundo ha echado mano. Estas no aportan ningún contenido ni información a la conversación y se emplean, sobre todo, como «apoyos» a la hora de hablar.
A ver, cuidado con el tono
Quizá «o sea» y «¿me entiendes?» sean dos de las muletillas más utilizadas en español. Ambas pueden estar basadas en buenas intenciones, mostrando preocupación por el oyente y si el mensaje que se quiere transmitir está claro (que no es sino el fin último de la comunicación).
A pesar de ello, si se emplean muy a menudo, o con tono cortante, se pueden interpretar como dudas sobre la capacidad de comprensión de la persona con la que se está hablando.
Un caso similar es el de «a ver» y «mira tú». En el primer caso, si se utiliza de forma cortante, puede adquirir un tono autoritario o de impaciencia; en el segundo, según la ironía con la que se pronuncie, puede llegar a considerarse burla o sarcasmo que desprecia lo que ha dicho la otra persona.
Cuidado, también, con zanjar las conversaciones con un «pues nada». Aunque sea algo extendido, de nuevo, el tono puede mostrar desinterés por la otra persona, o incluso desdén.
No es recomendable utilizar muy a menudo expresiones como «¿sabes?» o «¿vale?» en medio de frases. Muletillas así dan la impresión de inseguridad en el hablante, que parece buscar constantemente validación e interrumpe el ritmo natural de un diálogo.
«Los límites de mi mundo son los límites de mi lenguaje», decía el filósofo Ludwing Wittgenstein. Esto implica que cuidar la forma de hablar no es una cuestión de esnobismo, sino de respeto.
Una palabra repetida al azar, un tono inapropiado o una muletilla fuera de lugar puede erosionar lentamente la calidad de nuestras relaciones y, sobre todo, nuestra forma de pensar.