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Monumento de Don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España, Madrid

Monumento de Don Quijote y Sancho Panza en la Plaza de España, MadridPixabay

La figura novelesca que creó el 'Quijote' y que demuestra su vigencia

El Quijote está considerada como la primera novela moderna por el retrato psicológico que hace de sus personajes

El libro inmortal del inmortal Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, se erige como la primera novela moderna, en parte por el retrato psicológico que la obra hace de sus personajes, especialmente de sus dos protagonistas: Alonso Quijano y Sancho Panza.

La revolución literaria que supuso el Quijote no está sólo en constituir los cimientos sobre los que se sustenta una nueva forma de contar historias, sino también por haber creado una figura que perdura hasta nuestros días y que han cultivado, posteriormente, autores como James Joyce en su homérica Ulises.

Se trata del antihéroe. Cervantes escribió en una época en la que las novelas de caballería ofrecían unos protagonistas maniqueos, siempre en el lugar del bien. Pero el de Alcalá de Henares dio un paso más allá y creo un personaje un tanto desequilibrado y completamente frágil, con un pie y medio en el mundo de la fantasía.

Su protagonista no era fuerte, pero la triste figura de don Quijote irradiaba una fe inquebrantable y unos ideales que parecía que ya no estaban de moda. Fue un caballero que luchaba cuando nadie se lo había pedido. Alonso Quijano no era perfecto, era simplemente humano.

El nacimiento de una figura clave en la ficción moderna

La ficción actual, y desde hace unos siglos, está plagada de personajes imperfectos y contradictorios. No son protagonistas que encarnes ideales, sino un reflejo del ser humano, con todas sus virtudes y todos sus errores.

La novela decimonónica fue terreno fértil para este tipo de personajes, que escribieron autores como Flaubert o Dostoievski. Pero para rastrear el origen de estos antihéroes hay que remontarse al Siglo de Oro español y al ingenioso hidalgo que llevó la literatura española a una de sus cumbres.

Don Quijote es un héroe que no se corresponde con su tiempo, es anacrónico, y sus ideas, y peripecias, fracasan por ello. Pero Cervantes no ridiculiza a su personaje, sino que lo hace humano. Y sus delirios son la manera que tiene Quijano de resistir al mundo. Sus errores no le restan dignidad, sino que la hacen más profunda.

El protagonista del libro cree, contra todo lo que le dicen, contra todo lo que experimenta. Cree en sus ideas. No encaja, pero tiene fe. No triunfa, pero es recordado. Quizá esta sea la clave de la inmortalidad de la obra a lo largo de más de 400 años. Cualquiera puede verse reflejado en las acciones de don Quijote.

El autor no se limitó a fundar la novela moderna, creó un marco narrativo en el que los personajes son más complejos y contradictorios; humanos, al fin y al cabo. El antihéroe que todos amamos en nuestra película o novela favorita es posible gracias a que en 1605 se publicó el Quijote.

Esa es la grandeza del personaje de Cervantes: que lo intenta. Pese a sus errores, nunca renuncia a su propósito.

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