Placa de Hernán Cortés donde se encuentran sus restos en la Iglesia del Hospital de Jesús Nazareno que él mismo fundó
El homenaje a Hernán Cortés en México que Nacho Cano ha impulsado con éxito contra todas las leyendas negras
Se ha inaugurado la primera estatua del conquistador en la tierra que cambió para siempre después de 500 años
El Hospital de Jesús Nazareno en México es el más antiguo de todo el continente americano. Y lo fundó Hernán Cortés. Solo este hecho bastaría para tener a una figura de semejante importancia mucho más presente más allá de una placa en el rincón de una iglesia como el apestado que el Gobierno mexicano de Sheinbaum (y el español de Sánchez y Urtasun) quieren que sea.
El mayor conquistador de la historia de la Humanidad no es profeta en la tierra que enriqueció por culpa de la ideología. Hace más de tres siglos que a Cortés no se le homenajeaba en México, y el impulso ha sido de Nacho Cano, el ex de Mecano y hoy director y productor del exitoso musical Malinche: «Nuestros padres, Malinche y Cortés, se amaron y de ahí salió el hijo maravilloso que es Mexico», dijo en el acto a través de la frase del historiador Juan Miguel Zunzunegui.
Lo escribe Ramón Pérez-Maura, jefe de Opinión de este periódico, en una columna sobre el asunto de una importancia mucho mayor que la referida. El Hospital de Jesús Nazareno lo fundó y financió Cortés en 1524. En él eran atendidos todos: españoles e indígenas sin distinción de clase (ni de raza). Modernidad, humanidad y progreso de la que no hablan los ideológicos contrarios indigenistas al personaje y a todo lo que representa.
Es en su iglesia donde están los restos de Cortés y donde se celebró una misa oficiada por el obispo auxiliar de Guadalupe. Despues se inauguró una estatua (según informa Libertad Digital), la primera en cinco siglos. 500 años para reconocer la indudable, desde todos los puntos de vista objetivos, importancia de Cortés es un hecho extraordinario (por negativo) e inédito en el mundo.
En ese mismo mundo hay estatuas de Julio César, de Marco Aurelio, de Alejandro Magno... En Mongolia hay una estatua de Gengis Kan, pero no había ninguna de Cortés. Ahora sí la hay en el frontón de la Plaza de la Revolución, donde se reunieron descendientes directos de Cortés como Claudia Llanza, hija del marqués del Valle de Oaxaca; el descendiente directo de Moctezuma, Ituriel Moctezuma; el coronel de la Guardia Civil, Enrique García Caro; Alfredo Perdiguero, de la Policía Nacional, además del historiador Christopher Duverger, el obispo y el propio Nacho Cano.
Un homenaje debido, pero aún completamente insuficiente (todo tiene un principio) para la envergadura y la trascendencia universal del personaje, de Hernán Cortés, quien cambió la historia de un país y del mundo, mientras los responsables políticos de ese país y del otro, España, lo denuestan y lo ignoran con razones espurias en el afán de que sean aceptadas como legítimas.