Fachada del Museo del Violino de Cremona
Un paseo por el Museo del Violino de Cremona, herencia centenaria de Amati y Stradivari
Tras la Escuela Internacional de Lutería y la casa de Antonio Stradivari, el Museo del Violino corona la tríada musical de Cremona
El violín es el resultado del trabajo de muchos lutieres a lo largo de los siglos XV y XVI. «Es el hijo de muchos padres», según lo definen en el Museo del Violino de Cremona.
Allí se guarda, como el tesoro inenarrable que es, una de las grandes colecciones de instrumentos de lutieres tan célebres como Nicolò Amati o Antonio Stradivari.
Y allí, para contemplar la reluciente madera centenaria que compone los violines, ha acudido El Debate en una visita organizada por la editorial Planeta, que acaba de publicar El misterio del último Stradivarius, de Alejandro G. Roemmers.
Un imponente edificio alberga el Museo del Violino de Cremona, que fue sede de la Escuela Internacional de Lutería de la ciudad hasta los años 70.
Pasear por sus salas en caminar sobre la historia de la música en volandas del inconmensurable talento de los maestros lutieres cremoneses.
El alma de los violines
Durante la visita al museo, la guía explicó que el primer antecedente del violín es la violleta, que podía únicamente tocar acordes porque las cuerdas se encontraban al mismo nivel. En general, este instrumento se utilizaba para acompañar el canto y la oración.
Y, como curiosidad, destacan que el tercer antecesor de este instrumento tomó de inspiración, para tallar la cabeza del mástil, los capiteles de las columnas jónicas.
No obstante, una de claves de la visita reveló a los espectadores uno de los secretos de los violines Stradivarius. Literalmente, su alma, porque así se llama la pequeña pieza de madera que une la tapa con el fondo. Este pequeño elemento hace que las dos capas vibren a la vez.
¿Pero de dónde le viene la maestría a Antonio Stradivari? Por causa de la peste, Amati se queda como el único lutier de Cremona, y se cree, destacan desde el Museo del Violino, que Stradivari fue su alumno, porque sus primeros violines recuerdan a los de Nicolò.
Además, el maestro, cuyo periodo dorado se extendió desde su década de los 60 hasta los 80, no hizo únicamente violines, sino también instrumentos de la familia, guitarras o mandolinas.
En la actualidad, se conservan unos 650 Stradivarius, algunos de los más importantes del mundo se conservan en esta institución. De hecho, algunos de los instrumentos que alberga se siguen tocando en la actualidad.