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Una pareja conversa, sentada en un bancoUns

¿Qué es un vulgarismo y por qué se cuela en el lenguaje diario?

Un vulgarismo no es un lenguaje soez o palabras malsonantes, es un error causado por diversas razones

El lenguaje es una de las herramientas más poderosas de las que dispone el ser humano. A través del idioma pensamos, hablamos, establecemos relaciones, contamos historias y, en definitiva, damos forma a nuestro mundo.

El español, además, cuenta con la ventaja de ser una herramienta compartida por cientos de millones de personas.

La lengua está viva y, por lo tanto, cambia. No es algo fijo, sino que está sujeta a los usos cotidianos que se hacen de ella, por la costumbre, por la tradición oral. Y esto, a veces, implica errores.

Uno de los fenómenos lingüísticos más habituales en el día a día, y que quizá pasa desapercibido para quienes los usan, son los vulgarismos. No se trata de palabras soeces o insultos. Son ni más ni menos que errores, usos de la lengua alejados de la norma culta.

Los vulgarismos son producto del habla, ya que, al comunicarnos oralmente rara vez reflexionamos sobre la forma correcta o incorrecta de usar las palabras.

La fluidez del lenguaje oral y la fuerza de la costumbre del entorno hacen que expresiones y voces no normativos se cuelen hasta sonarnos familiares.

Ejemplos de vulgarismos que se oyen a diario

Aunque en determinados ambientes pueda resultar doloroso, es frecuente oír, en una conversación corriente, «asín» en lugar de «así». Se trata de uno de los vulgarismos más ampliamente extendidos en el lenguaje oral.

También se escucha a menudo «haiga» en lugar de «haya», aunque también ha ganado popularidad por su utilización en un contexto humorístico o irónico.

Los verbos son terreno fértil para los vulgarismos. Buen ejemplo de ello es emplear «andé» por «anduve». Este puede tener cierta justificación, dado el carácter irregular del verbo «andar».

Cuidado, igualmente, con añadir una s al final de algunos verbos. Es el caso, incorrecto, de, por ejemplo, «vinistes», «dijistes», «comistes» o «vistes». La segunda persona del singular del pretérito perfecto simple se escribe si la última consonante.

Pero la cosa no acaba ahí. También es frecuente escuchar «contra más» en vez de «cuanto más». Es decir, es erróneo hablar de que «contra más duro trabajes, mejor te sentirás», en su lugar, lo correcto es «cuanto más duro trabajes».

Prestar atención a los detalles del lenguaje no es cosa de pedantería, sino cuestión de respeto para uno de los valores culturales más preciosos, uno de los elementos vertebradores de Occidente: nuestra lengua, el español.

Identificar los vulgarismos para prevenir su uso es una manera de enriquecer nuestras conversaciones y capacidad de expresión, además de facilitar la comunicación en determinados contextos.

Una reflexión detenida sobre los vulgarismos no constituye un ejercicio de mero elitismo lingüístico. En realidad, es una invitación a la observación sobre la forma en que tratamos nuestro idioma y a preguntarse por qué se dice lo que se dice, y cómo.