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Cuidado con las comas asesinas: la importancia de puntuar bien una frase

Elegir bien, o escribir correctamente, una coma, por ejemplo, puede hacer que una frase signifique una cosa u otra

Suena un poco fuerte, pero ¿una coma puede salvar una vida? ¿Tienen la capacidad los signos de interrogación de hacer tambalearse los cimientos de una relación? Puede parecer una exageración cómica, pero lo cierto es que, aun siéndolo, los signos de puntuación tienen una importancia crucial en la comunicación.

En esta época de inmediatez y mensajes instantáneos mal escritos, hay que destacar la importancia de una puntuación correcta para una comunicación clara.

Aunque parezcan insignificantes, las comas y los puntos marcan la diferencia en un texto bien escrito. Y también en uno mal hecho y ambiguo.

Los signos de puntuación hacen las veces de directores de orquesta que, silentes, marcan el ritmo de la oración y hacen que todas las palabras suenen como deben. Organizan el ritmo, marcan la intención y establecen la claridad de cómo escribimos. Y, además, son unos grandes bromistas.

Porque el sentido que dan a las frases los signos más colocados puede ser, en ocasiones, humorístico, uniendo lingüística y comicidad.

Y puntuar bien puede marcar la diferencia entre un llamamiento amistoso a cenar o una información inquietante sobre una dieta inapropiada.

Cambiar el sentido de una frase

No es lo mismo decir «vamos a comer niños» que «vamos a comer, niños». De hecho, el sentido cambia mucho. Y la única diferencia es la coma vocativa bien colocada. La primera frase indica que los niños forman parte del menú; la segunda, que se va a servir el menú a unos niños.

De una coma, además, puede depender el destino de un hombre. «Que cumpla su condena, es imposible», por ejemplo. Parece que no hay lugar para el perdón aquí, ¿verdad? Pero, en «que cumpla su condena es imposible», no. Sin entrar en detalles, hay cierta esperanza en la segunda frase. E, igualmente, sólo cambia una coma.

De forma paralela, un punto mal colocado puede hacernos caer en el nihilismo. Como un mal villano de El gran Lebowski. «No quiero saber. Nada más me interesa» suena un poco tajante y desesperanzador. Pero «no quiero saber nada más. Me interesa» es más abierto a otras posturas filosóficas.

Y el tono, siempre el tono. Poner bien, o mal, unos signos de exclamación puede hacerte quedar bien o mal. Una exclamación bien tirada siempre suaviza el tono. Hay un ejemplo muy claro. No es lo mismo decir «no, gracias», así, a secas, que «¡no, gracias!». Rebaja las tensiones.

Una buena escritura no depende solo de un vocabulario rico y una gramática correcta.

La puntuación hace las veces del corazón latente del lenguaje escrito. Bombea oxígeno al texto, le imprime velocidad o pausa y ayuda al lector a respirar. Así que mucho cuidado con las comas asesinas y los tonos bruscos. Ojalá todo tuviera una solución tan fácil.

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