La motivación ante la lectura: causas y efectos
¿Cómo se desarrolla el hábito lector entre los más jóvenes?
Dos niños leyendo y comentando un libro
Cómo despertar el interés por la lectura no es cuestión baladí; y para afrontarla con cierto rigor es necesario considerar aspectos tan dispares como la finalidad con la que se lee, el momento idóneo para leer, los criterios para seleccionar el libro más adecuado al lector, etc., etc.
Los datos que recogemos seguidamente pueden ayudar a encontrar los caminos que conducen a convertir la lectura en un hábito placentero.
1. Determinación de la intencionalidad con que se lee.
Tres son, al menos, las finalidades que pueden perseguirse con la lectura: la pragmática, la recreativa y la estética.
Una intención pragmática mueve a quienes se acercan a la lectura demandando soluciones para resolver problemas de cualquier índole que requieren el manejo de información.
De aquí se deriva un mejor conocimiento de los más variados aspectos de la realidad y, paralelamente, se perfeccionan las capacidades comunicativas de comprensión y expresión, lo que implica una mejora del rendimiento lingüístico. Por esta vía se profundiza, además, en el autoconocimiento e incluso se desarrolla la capacidad crítica.
Los libros se convierten así en los mejores compañeros, y su lectura en el mejor de los alicientes.
Una intencionalidad recreativa convierte la lectura en uno de los mejores antídotos para combatir el tedio. Gracias a ella, el lector puede compartir las vivencias de otras personas, reales o ficticias; conocer otras formas de pensar y obrar distintas de las propias –lo que se convierte en la mejor escuela de tolerancia–; entrar en contacto con mundos a los que no se podría acceder jamás...
La lectura, como medio de entretenimiento, sirve también para despertar la fantasía y estimular la creatividad.
Una intencionalidad estética está detrás de quienes se acercan a la lectura por el puro gusto de leer, y como medio para contribuir al desarrollo armónico de la personalidad, despertando el goce artístico.
Disfrutar con lo que se lee es una excelente vía para desarrollar esa conciencia de lector que proporcionará el entrar en contacto, por propia iniciativa, con los buenos libros.
2. Elección del tiempo más indicado para leer.
Es algo que responde a criterios personales, al margen de imposiciones externas, ya provengan de ámbitos escolares o familiares. Y ese «tiempo de lectura» ha de servir para abrir un «espacio de relajación» dentro del estrés de la vida cotidiana, cuando la ausencia de obligaciones del tipo que sean ayuda a encontrar un cierto estado de sosiego anímico.
3. Establecimiento de unos criterios para seleccionar los libros acordes con las inquietudes del lector.
Siempre puede encontrarse ese libro que un lector está esperando descubrir sin ser consciente de ello. Es, pues, necesario fijar algunos criterios selectivos; y, de entre ellos, abogamos por estos seis:
I. Interés. El contenido ha de resultar lo suficientemente sugestivo como para atraer de inmediato la atención del lector, entroncando con el mundo de sensaciones, sentimientos y vivencias en que se desenvuelve.
II. Facilidad de comprensión. Los textos han de estar en consonancia con los niveles de maduración intelectual de los lectores.
III. Dificultades limitadas. Se deben evitar textos que acumulen excesivas dificultades lingüísticas, porque, tal caso, un sentimiento de frustración podría llevar al lector a rechazar la lectura de esos textos.
IV. Brevedad. La reducida extensión de los textos puede ayudar a eliminar la fatiga que terminaría por hacer perder el interés por aquello que se está leyendo. En el caso de «lectura de fragmentos», deben tener un sentido completo para favorecer su comprensión global.
V. Actualidad de la lengua. Los textos pertenecerán, mayoritariamente, a escritores «actuales», que se expresan en la lengua que entienden los lectores, y que han de considerarse modelos de referencia. Con ayuda de los docentes, paulatinamente se acudirá a textos de épocas pretéritas, siempre situados en sus coordenadas históricas y estéticas.
VI. Carácter formativo y valores estéticos. Los textos han de ampliar el horizonte cultural del lector y contribuir a conformar su apreciación estética (el principio de «deleitar aprovechando»).
4. El disfrute de los textos escritos en el ámbito escolar.
El aula debe convertirse en el «lugar de encuentro» del lector con el libro. Enumeramos algunos procedimientos que pueden servir de estímulo para crear el clima que propicie la lectura.
I. Reemplazar la imposición de determinados títulos de lectura obligatoria por «listas abiertas» de libros, ofreciendo información sobre su contenido.
II. Recuperar a los grandes «clásicos intemporales» de la literatura juvenil, en ediciones atractivas; y, a la vez, contemplar títulos pertenecientes al ámbito de la literatura española actual destinada a los jóvenes.
III. Sustituir los «mecanismos de control tradicionales» para comprobar el rendimiento lector por instrumentos de evaluación alternativos y, en su caso, desligados de la teoría lingüística (participación en debates, entrevista personal, lectura exclusivamente recreativa, etc.).
En este sentido, se pueden efectuar propuestas de trabajo desde una perspectiva interdisciplinar y, por tanto, extensivas a otros ámbitos de conocimiento no estrictamente histórico-literarios, con objeto de contribuir a una mejor formación integral.
IV. Organizar «bibliotecas literarias de aula», con aportaciones significativas de todos los alumnos, y sistema de préstamo.
V. Participar en campañas de animación a la lectura que puedan organizar instituciones públicas o privadas.
VI. Promover la asistencia a exposiciones, conferencias y otras manifestaciones culturales que giren en torno al mundo del libro y sirvan para estimular la lectura.
VII. Visitar las bibliotecas que existen en la zona de influencia del centro escolar para conocer in situ su organización y funcionamiento, los fondos bibliográficos disponibles, los sistemas de préstamo…; e igualmente las librerías como centros de interés cultural.
VIII. Celebrar sesiones de librofórum que permitan conocer a algunos de los autores más representativos de la literatura juvenil actual.
IX. Comparar obras literarias con sus correspondientes adaptaciones cinematográficas o televisivas, leídas aquellas antes o después de contempladas estas.
X. Fomentar la práctica de la composición escrita en el aula; y, tomando como referencia textos literarios, ir pasando de composiciones que giren en torno a aspectos de la vida cotidiana a otros de carácter más personal en los que se puedan realizar análisis introspectivos.