El exdirector de la RAE, Darío Villanueva
Darío Villanueva: «Muchos errores señalados por Maura hoy están generalizados en nuestra vida parlamentaria»
El exdirector de la RAE Darío Villanueva dirige el curso de verano de la UIMP 'La memoria académica de Antonio Maura'
Darío Villanueva fue director de la Real Academia Española y es uno de los intelectuales más relevantes en la España de hoy.
Precisamente, por este bagaje, es la persona idónea para dirigir el curso de verano ‘La memoria académica de Antonio Maura’ que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, junto con la Asociación Cultural Plaza Porticada y el patrocinio de la Fundación Antonio Maura y el Grupo Pérez y Cía con motivo del centenario de la muerte de Maura.
El curso se está desarrollando estos días en el Palacio de la Magdalena, en Santander.
–Estamos en el centenario de la muerte de Antonio Maura. ¿Cuál es la importancia de su figura en el actual contexto de erosión de las instituciones y degradación del parlamentarismo que padece España?
–Hoy, que a la palabra ‘memoria’ se le ponen adjetivos diversos, hemos decidido orientar este curso que dirijo en la línea de ‘memoria académica’. El motivo es que Maura, que fue un personaje fundamental de la historia y de la política española en la época de la Restauración, fue también un individuo activísimo en cuatro academias importantes, de dos de las cuales fue director: la Real Academia Española y la de Jurisprudencia y Legislación; y fue elegido para otras dos, la de Morales y Políticas, y la de Bellas Artes de San Fernando.
Esto significa que alguien que fue ministro varias veces, presidente del Consejo de Ministros varias veces, líder elegido, aunque nunca llegara a ejercer, primero del Partido Liberal y luego del Partido Conservador, al mismo tiempo fue una personalidad académica ampliamente reconocida en los campos de esas cuatro academias.
En lo que respecta a mi academia, la RAE, él murió siendo director de la Real Academia Española. Respecto a la de Jurisprudencia, él fue un gran abogado. Relacionemos las dos cosas: él fue un gran abogado y eso le hizo un gran orador forense.
De ahí saltó a la política, donde la oratoria fue fundamental para su liderazgo. Y, precisamente, en la Real Academia Española él ingresó hablando de la retórica, la elocuencia y, especialmente, la oratoria.
–Maura es conocido, sobre todo, por ser un hombre de leyes, y por su papel en la política española, pero también fue un hombre de cultura y arte…
–Hablando desde la perspectiva de hoy, Maura fue un político que tenía un gran interés por la cultura y, al mismo tiempo, un gran conocimiento de cuestiones lingüísticas, literarias, pero, también, por supuesto, jurídicas, artísticas, éticas y morales, lo cual le daba un bagaje excepcional.
Este curso sobre ‘La memoria académica de Antonio Maura’ lo que intenta es destacar, precisamente, esa categoría que, a mí personalmente, me parece admirable.
Es decir, alguien que es un hombre de Estado, que es un político en activo, al mismo tiempo es una persona que ejerció en esas academias como intelectual, como escritor y como hombre interesado por la cultura.
–Su intervención finalizó con una crítica a algunos diputados de hoy que más que recurrir a la oratoria para sus intervenciones parlamentarias parece que se limitan a repetir los eslóganes que redactan desde sus departamentos de prensa y les mandan vía correo electrónico o whatsapp. Y se pregunta qué diría Maura si lo viera. ¿Qué diría Maura?
–Su discurso de ingreso a la Academia se titula ‘La oratoria’ donde habla de su experiencia como orador y de lo que él considera que son las condiciones idóneas para ser un buen orador tanto en el parlamento como, por supuesto, en el foro jurídico.
Con esa enorme experiencia que él tenía puntualiza lo que se debía de hacer y lo que no se debía hacer.
Muchas de las cosas que él implícitamente propone como errores para un orador, sin embargo, hoy vemos que están muy generalizadas en nuestra vida parlamentaria.
Por supuesto, yo no quiero decir que todos los oradores en el Parlamento incurran en esos defectos, pero digamos que hay un tono medio que, sin duda alguna, a Maura decepcionaría profundamente, tanto en lo que en retórica se llama ‘invenio’, la búsqueda de los argumentos, como luego en la elocución, es decir, la expresión en palabras de esas ideas, y también, por su puesto, lo que en retórica se llama la ‘dispositio’, la estructuración del propio discurso.
Efectivamente, muchas veces hoy nos encontramos con oradores parlamentarios que repiten frases más que enunciar ideas, y esas frases son compartidos por todos en función de lo que desde algunos centros de la estructura de su propio partido les envían.
Eso empobrece extraordinariamente la riqueza necesaria de la vida parlamentaria donde, no lo olvidemos, los senadores y diputados nos representan a todos.
–También recordaba cómo Antonio Maura criticaba en su momento cómo ese nacionalismo excluyente, ese nacionalismo lingüístico, marginaba la lengua española en la escuela, un fenómeno que hoy está al orden del día. ¿La critica de Maura sigue estando vigente?
–Sí, precisamente yo traje a colación esa crítica por ese motivo. Él, que era mallorquín, y que su lengua materna era el mallorquín, una variante del catalán, que, como indican sus biógrafos, aprendió el castellano con posterioridad, y que debió realizar esfuerzos para dominarlo, incluso cuando vino a Madrid a estudiar a veces lo ridiculizaban por esa rudeza en la expresión castellana que él tenía, sin embargo, llegó a ser un gran orador y el director de la Real Academia Española.
Pero lo cortés no quita lo valiente. Él, efectivamente, escribió al ministro de Educación del momento para protestar por el hecho de que se estuviera relegando en la administración y, sobre todo, en la educación, el español, la lengua común.
Hay incluso una frase suya, muy dura, en la que decía que tenía constancia de que en algunas escuelas se trataba al español como una lengua extranjera, lo cual era totalmente contrario a la propia Constitución y a la propia situación lingüística del país.
Además, él tenía el crédito, a este respecto, de ser, precisamente, mallorquín. Es decir, que él venía de la condición plurilingüe de España que, de hecho, nuestra Constitución de hoy consagra plenamente: España es un país plurilingüístico donde las lenguas vernáculas tienen un reconocimiento y son cooficiales en sus respectivos territorios, pero la lengua común es el español que es, según dice la Constitución, tiene que ser conocida por todos.
Efectivamente, en ese sentido, yo lo he traído a colación porque esta intervención suya fue como director de la Real Academia Española, en el año 1916. Sin embargo, hoy vemos que estamos tropezando otra vez en la misma piedra.