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Imagen oficial del regreso de La Oreja de Van Gogh con Amaia

Imagen oficial del regreso de La Oreja de Van Gogh con AmaiaEuropa Press

¿Qué tiene La Oreja de Van Gogh para que su regreso con Amaia desate tales pasiones?

El regreso de la banda vasca junto con Amaia como vocalista viene acompañada de una expectación sin precedentes

Ha sido el gran culebrón de la música española en los últimos años, sobre todo desde el anuncia de la accidentada salida de Leire Martínez como vocalista en 2024.

Vuelve La Oreja de Van Gogh y lo hace con su vocalista original, Amaia Montero, aunque no con su guitarrista, compositor de muchos de sus éxitos y verdadera alma de la banda, Pablo Benegas.

Obviamente, no será lo mismo que aquella Oreja de Van Gogh de comienzos de siglo XXI que arrasaron con sus edulcoradas tonadillas y ñoñas letras llenas de inocencia y beatitud.

Vuelve La Oreja de Van Gogh, pero ahora lo hace con una mochila de culpas, heridas y pecados que, ya se verá, deberá purgar en el escenario.

Lo cierto es que el drama de la vuelta o no de Amaia a La oreja solo puede compararse con el drama de la vuelta de Oasis. ¿Exageración? Quizás, pero que se lo digan a los fans irredentos de Leire Martínez que andan de uñas estos días con los fans irredentos de Amaia Montero.

Es asombroso, hay que subrayarlo, realmente asombroso, que una banda de música ligerilla, no demasiado sesuda, un tanto almizclada con perfumes empalagosos, siga causando tales pasiones en 2025.

Sobre todo cuando, en sus últimos años, La Oreja de Van Gogh estaba ya en el ocaso de sus días de vino y rosas, y no, precisamente, por culpa de una Leire Martínez que hizo que muchos fans de La Oreja se olvidaran de Amaia.

La Oreja de Van Gogh es una banda de otra época. También lo es Oasis, se puede argumentar. Y es cierto. Pero es que ya se verá si la renacida estrella de los Gallagher sigue brillando en un par de años, cuando pase la novedad de su regreso.

Entonces, ¿por qué este renacido interés por una banda con los bolsillos llenos de naftalina y los terciopelos de sus ropajes ya roñosos?

Lo primero, es obvio: la nostalgia. La Oreja de Van Gogh fue una banda que hace 30 años irrumpió con una fuerza inusual y que logró arrastrar a masas de fans que entonces tenían 15, 20 o 25 años y hoy se asoman a los horizontes de los 40. La vuelta de Amaia es un canto a aquella postadolescencia y juventud. Nada nuevo bajo el sol: la nostalgia es un poderoso motor, eso está claro.

En segundo lugar, otro factor importante que explica el éxito del regreso de Amaia a La Oreja, es la galopante crisis de creatividad actual en todo el mundo y en casi todas las artes. La música no es una excepción.

La gente está harta del reguetón, el hip-hop, los Bad Bunny y los «bros». Bad Bunny no va a dejar de arrasar concierto tras concierto (ojo a los que dará en Madrid en junio de 2026), lo mismo que no va a dejar de arrasar Rosalía, como se vio el otro día en la plaza de Callao de Madrid.

Pero esa música ya no es una novedad, empieza a haber agotamiento suscitado en gran medida por el exceso de propuestas de ritmos urbanos de dudosa originalidad.

Y, todo hay que decirlo, aunque no a todo el mundo le guste la música de La Oreja de Van Gogh, hay que reconocer que su producto musical roza muchas veces la excelencia, es fruto de un duro trabajo, sus músicos destacan por su creatividad y profesionalidad y su influencia en la historia del pop español es indiscutible.

No se escuchará a La Oreja de Van Gogh cantar «Ey, Tití me preguntó si tengo mucha' novia', mucha' novia'. Hoy tengo a una, mañana otra, ey, pero no hay boda» (letra de una conocida canción de Bad Bunny, por si alguien se lo pregunta).

Por último, y este es el elemento central, se ha hecho una brutal campaña de marketing detrás del regreso de La Oreja con Amaia de vocalista. Empezando por el secretismo y las calculadas filtraciones y silencios. El resultado: todas las entradas vendidas en los conciertos anunciados de su gira en pocos días. Aunque, sin duda, habrá quién ya detesta a La Oreja de Van Gogh solo por la turra que están dando estos días. Por suerte, hay gente para todo.

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