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El escritor Albert Camus

El escritor Albert CamusJared Enos

Diez frases de Albert Camus, el joven Nobel que creció sin libros y defendió una «izquierda verdadera»

El francés nacido en Argel en medio de la pobreza y la insalubridad recibió el galardón de la Academia Sueca a los 44 años

Es más que probable que aunque no hubiera muerto en un accidente de coche antes de cumplir los 50, tampoco este último viernes hubiera cumplido 112 años, pero quién sabe. Camus fue el ejemplo de una izquierda moderada y racional, ajena a los dogmas, que en el mundo de hoy resiste bajo mínimos invadida por el sectarismo.

«Alma bella»

Sobre esto dice mucho, casi todo, uno de los episodios de su vida más noticiosos: la ruptura de su amistad con Sartre por motivos políticos. El autor de La náusea defendía la violencia revolucionaria y el autor de La peste (todo asco, nihilismo tomado de muy distintas formas) no creía en ella.

En 1951, Camus publicó a propósito de esto El hombre rebelde y a Sartre no le sentó bien. Le acusó de «alma bella», usando el término de Hegel que remite a la candidez y trató de convertirlo en un fracaso, también intelectual, además de en un traidor a la «causa» del marxismo. La ofensiva reseña en Los tiempos modernos, la revista de Sartre, desató la tormenta.

diez frases de albert camus:

«Un verdadero amigo es aquel que llega cuando todos se han ido».

​«En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible».

​«En el apego de un hombre a su vida hay algo más fuerte que todas las miserias del mundo».

​«No ser amados es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar».

​«El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo».

​«La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarismos, sino sobre las faltas de los demócratas».

​«Uno no puede ponerse del lado de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la padecen».

​«¿Qué es un rebelde? Un hombre que dice no»

​«Si el mundo fuera claro, el arte no existiría».

​«No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo».

Camus, cuyo libro era un éxito (apuntando así al extremismo de Sartre) contestó de forma demoledora a las acusaciones sesgadas, donde se le disparaba a él y se pasaba por encima de cuestiones fundamentales, quizá la mayor de ellas la defensa del crimen de masas como herramienta política válida.

Camus fue, comparado con Sartre, efectivamente un «alma bella», aunque lejos de la intención de su antiguo amigo y del original de Hegel. Una izquierda verdaderamente tolerante y social frente a una izquierda radical y asesina. Camus creía que con ella los oprimidos se convertían en opresores. No había utopía en Camus y sí en Sartre. Aquel creía en solucionar los problemas reales de los necesitados y no los utópicos.

Podría decirse que era la izquierda verdadera del hombre que nació en la extrema pobreza, sin cultura a su alrededor, sin libros y sin posibilidades. Un profesor le salvó la vida consiguiéndole una beca con la que empezó todo. Eran los años veinte y menos de cuarenta después le iban a conceder el Nobel de Literatura a los 44 años (que agradeció a aquel maestro), el segundo más joven en conseguirlo después de Rudyard Kipling.

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