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El catedrático emérito  de Filosofía del Derecho de ha sido reconocido por su dilatada trayectoria

El catedrático emérito de Filosofía del Derecho de ha sido reconocido por su dilatada trayectoriaUSP CEU

De la 'Polis' al Estado

El descubrimiento y la práctica de la política, para Don Dalmacio, llevaron a separarla de la religión, que era más antigua

Dalmacio Negro Pavón estudió atentamente las antiguas Grecia y Roma, que estaba convencido de que tuvieron duraderas consecuencias en el establecimiento de los criterios básicos de la política, la religión y el gobierno. Esto era especialmente importante para él, ya que, en la modernidad, estos ámbitos se convirtieron en la antítesis de lo que fueron una vez. Según su interpretación, la política comenzó en la antigua Grecia como un arte medicinal para calmar las tensiones en una polis preestatal y preservar así la libertad, una cualidad esencial del hombre. Por el contrario, en la era contemporánea, la política ha desaparecido en gran medida y la ciencia política se ha convertido en una ciencia abstracta y teórica.

Más que una ciencia de la política orientada a la libertad, se ha convertido en la ciencia del Estado, al servicio del Estado. Antes tenía una relación clara con la religión, pero ahora, tras haber desterrado la religión, se ha convertido en una religión del utopismo del mundo actual. ¿Por qué?

Antes de la polis tal y como la conocemos, el accidentado territorio continental y las numerosas islas de Grecia albergaban numerosas pequeñas comunidades organizadas geográfica y socialmente en torno a un templo, lo que Don Dalmacio denomina «ciudades-templo». Lo que llamamos polis surgió con el descubrimiento de la política cuando la libertad humana, a través del uso colectivo de la razón, se convirtió en la principal herramienta para ordenar esa polis. La posibilidad de la política emergió a través de la expresión de la «razón pública... descubierta a través del diálogo». Al construir a través del discurso público y la razón, el hombre se mostraba evidentemente como un animal político, sin estar totalmente restringido por la naturaleza, las divinidades, la voluntad de un gran hombre de armas… ni siquiera por las obligaciones de parentesco.

El descubrimiento y la práctica de la política, para Don Dalmacio, llevaron a separarla de la religión, que era más antigua. La religión había explicado todas las cosas aquí y ahora y también en el más allá, lo inminente y lo místico. Se desarrolló así una relación dialéctica entre la política, que abordaba el presente, y la religión, que se ocupaba principalmente de la vida futura, aunque dejaba huellas que no abandonaban el presente. El desarrollo de la política no desplazó a la religión del centro de la polis. La acrópolis aún la seguía dominando desde sus alturas, pero ahora lo hacía sobre una polis (Don Dalmacio rechazaría el concepto de ciudad-estado porque consideraba que un Estado era un tipo muy concreto de forma moderna de gobierno), y ya no solo sobre una ciudad-templo. Así, el auge de la política fomentó el desarrollo de un espacio y una práctica para la configuración de la polis. Desde esta perspectiva se entiende que las afirmaciones aparentemente contradictorias de Aristóteles en los libros I y II de Política, según las cuales la polis es natural y también artificial, una construcción humana, se hacen eco de una verdad histórica.

La política se convirtió en la actividad central del ciudadano. Las anteriores explicaciones religiosas de los acontecimientos tenían efectos que moldeaban el sentido común y se utilizaban para indagar ideas (como la justicia y la obediencia en Antígona), pero estaban prodigiosamente abiertas a la interpretación.

La política recién descubierta y la isegoria (la libertad de hablar de los ciudadanos en la asamblea) recientemente adquirida crearon un mercado en el que los retóricos entrenaban a los ciudadanos atenienses que tenían opiniones diferentes. Con los retóricos formando en habilidades técnicas y a menudo asumiendo, si no declarando abiertamente, el mantra presocrático y protonihilista de que «el hombre es la medida» de todas las cosas, la asamblea se convirtió en un espacio para la opinión, la discusión y el diálogo. Si existía un lugar para la verdad, ésta era una verdad acordada colectivamente. Pero esas verdades podían perder su apoyo colectivo. Y podían muy bien ser incorrectas y erróneas.

La muerte de Sócrates no fue probablemente la única razón que suscitó la preocupación de Platón por el dominio de la opinión, pero sin duda fue importante.

Mientras que Sócrates evitaba la política convencional, Platón se retiró de ella y optó por una vida dedicada deliberadamente a la investigación, que plasmó por escrito. Mientras que el diálogo en la asamblea conducía a decisiones políticas (como la invasión de Siracusa), los diálogos socráticos tenían como objetivo la búsqueda de la verdad, aunque acabaran en aporía (impasse) y con la sensación de que era necesario empezar una y otra vez de nuevo. Sócrates, el personaje de Platón, pensaba que las historias de los dioses no podían ser ciertas, ya que los dioses no podían ser tan infantiles. Entonces, ¿qué deben creer y pensar realmente los dioses que es bueno? ¿No debe haber alguna forma (eidos) del Bien y, si así fuera, no debería la política aspirar a ella y guiarse por ella? ¿Qué significaría la piedad si uno pudiera ser capaz de vislumbrar lo Bello, lo Bueno y lo Verdadero? Explorar esto era fundamental, ya que Sócrates fue condenado por impiedad, y la impiedad debía tener alguna relación con los dioses y el culto verdadero.

Don Dalmacio creía que Platón fue el primer filósofo político porque descubrió las verdades de la política y de lo político. Para él, La República muestra que siempre hay una élite minoritaria que gobierna y que todas las formas de gobierno se deterioran y se desmoronan con el tiempo (anacyclosis). La descripción que hace Platón subraya el carácter psicológico de los regímenes, las élites que los fundaron y los mantienen, y sus «hijos», que son los herederos de las formas ya decadentes y que lideran las rebeliones y, finalmente, fundan nuevos regímenes.

Para Don Dalmacio, la política debe ser un arte medicinal, una ciencia práctica, que responda a esta realidad.

Dada la inevitabilidad del gobierno de las minorías y la decadencia del orden político, así como las graves consecuencias potenciales, tales como el dominio violento y los disturbios, «la función natural de la política consiste, pues, en equilibrar las pasiones según la razón —común a todos los ciudadanos— con el fin de preservar el bien común, impidiendo así la introducción del desorden en la vida colectiva». Esta idea, afirmaba Don Dalmacio, fue la gran contribución de Platón y constituyó la base de la ciencia política de Aristóteles y de la ciencia política tanto en el mundo clásico como en el naciente mundo cristiano. Esta visión trágica del ámbito político, en la que se pretende limitar la maldad y la injusticia, se ajustaba a la condición del pecado ancestral que apareció con la expulsión del Jardín del Edén (un tema que interesaba mucho a Don Dalmacio).

La polis no era un ideal. Don Dalmacio la entendía como un modo de organización política en un momento concreto que también inspiró concepciones posteriores. Para él, era muy diferente de la primera república romana. Siguiendo a Álvaro d'Ors, argumentaba que «los ciudadanos pertenecen a la ciudad» en la polis, pero los ciudadanos de la urbs romana (la ciudad amurallada) pertenecían a una «cosa común o res publica».

Aunque ni la antigua Grecia ni Roma tenían lo que él denominaba forma de gobierno estatal, Roma era «antiestatista» porque la conexión entre el pueblo y el gobierno era indirecta, mediada por la ley. La polis carecía de tal separación. La polis eran los ciudadanos, la clase gobernante.

Esa diferencia cobró importancia cuando el Renacimiento, explicaba Don Dalmacio, utilizó la polis como modelo, en lugar de la urbs. Los ciudadanos que pertenecían a la polis no amenazaban la libertad colectiva —aunque podían amenazar la libertad personal— porque no existía el Estado. Pero el desarrollo del Estado, junto con las ciencias naturales y su influencia en las ciencias políticas, cambió las consecuencias de esta forma de pertenencia. Aunque la política de Maquiavelo destacaba el Estado, su Estado seguía siendo personal, conectado a una persona concreta. Maquiavelo seguía teniendo una visión trágica del hombre y entendía que las tensiones inevitables entre los «grandes» que querían gobernar y el «pueblo» que no quería ser oprimido significaban que el príncipe o la república debían practicar la política como un equilibrio prudencial.

La política seguía siendo un arte práctico y medicinal. Hobbes, sin embargo, abstrajo la política, la razón y los deseos según los principios de una ciencia teórica y lógica (algo que Aristóteles insistía en que no era posible con la política). El Estado de Hobbes absorbió las libertades y la política. Desde Hobbes a Bacon, pasando por Comte y Marx, hasta los nacionalsocialistas y la centralización del poder político de la Unión Europea, Don Dalmacio vio una dolorosa ironía. El descubrimiento griego de la política se produjo cuando la política y la organización política de la polis entraron en una relación dialéctica con la religión. Y al descubrir la posibilidad de la política, la verdadera política tenía como objetivo calmar las inevitables perturbaciones resultantes de la libertad y la pluralidad humanas. El objetivo era preservar la libertad, reconociendo al hombre como un animal político. Pero el retorno de Europa occidental a las ideas griegas, impulsado por la secularización y la fe en la ciencia, condujo a una sucesión de proyectos utópicos que, prometiendo liberar a las personas en la tierra —habiendo rechazado el más allá—, terminaron en tragedia.

Las secuelas de estas tragedias no dieron lugar a una reflexión crítica, sino a un Estado administrativo aún más grande y a una mayor fe en la ciencia. Estos regímenes querían reformar y revolucionar la naturaleza humana para construir «hombres nuevos» y una nueva realidad.

La ciencia política tenía como objetivo comprender el Estado y la nueva forma de la política, que no se centraba ya en la libertad, sino en proyectos estatistas que Don Dalmacio reputaba ideológicos. La pérdida de referencia a la verdad del mundo clásico dificultó el aprendizaje de la antigua lección del «ideal de la ciudad perfecta, presente en la Biblia con Babel».

La política, en su forma antigua, era una respuesta mesurada ejercida por los ciudadanos a través de la razón pública. Y se llevaba a cabo para preservar la libertad frente a los planes de una polis ideal imaginados por las élites e impuestos a quienes no pertenecían a ellas; una lección que sigue siendo relevante hoy en día.

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