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El Gobierno se encomienda a los sabios taurinos de Bután o Islandia para que los menores no vayan a los toros

El caso es equiparable al del famoso equipo de bobsleigh de Jamaica (ahora que empiezan los Juegos Olímpicos de Invierno) del que se hizo una humorística versión cinematográfica

Madrid

Los expertos independientes del Comité de los Derechos del Niño de la ONU

Los expertos independientes del Comité de los Derechos del Niño de la ONUONU

El pasado viernes Andrés Amorós llamaba la atención, con su habitual puntería, sobre los supuestos expertos de la ONU que el Gobierno cita para defender que los menores no puedan asistir a las corridas de toros.

Al final de su, como siempre, sencillo y magnífico artículo, incluía una postdata en la que se acordaba de Alfonso Ussía y de cómo hubiera disfrutado al tratar semejante noticia de absolutas características «Ussiescas».

A modo de minúsculo homenaje al fallecido escritor se va a intentar aquí sacarle la punta, como dice Amorós, a esta lista delirante de especialistas taurinos más propia de una comedia absurda, antítesis de lo que debería ser una realidad seria.

El caso es perfectamente equiparable al del famoso equipo de bobsleigh de Jamaica (ahora que empiezan los Juegos Olímpicos de Invierno), historia que tuvo una humorística, pero real, versión cinematográfica producida por Disney.

En Jamaica no hay hielo, ni por supuesto tradición, ni conocimiento del bobsleigh, deporte de invierno conocido como «la Fórmula Uno del hielo», donde dos o cuatro deportistas (según la modalidad) se deslizan a gran velocidad a bordo de un trineo a través de una pista repleta de curvas que exige importantes capacidades de habilidad y fortaleza.

Un equipo jamaicano sin experiencia previa entrenó (poco) y se presentó a los Juegos de Calgary en 1988, aventura que terminó con vuelco y ovación con los cuatro participantes llegando a la meta andando por la pista.

Los valientes expertos de la ONU

Estos valientes jamaicanos (o jamaiquinos) podrían tener su equivalencia taurina en los también valientes expertos de la ONU que recomiendan que los menores no puedan ir a las corridas de toros. Como menciona Amorós, sus nombres son tan significativos como sus orígenes:

Suzanne Aho, de Togo. Hynd Ayoubi Idrissi, de Marruecos. Mary Beloff, de Argentina. Rinchen Chophel, de Bután. Rosaria Correa, de Panamá. Timotthy Ekesa, de Kenya. Bragi Gudbrandsson, de Islandia. Mariana Ianacevichi, de Moldavia. Philip Jaffe, de Suiza. Sophie Kiladze de Georgia. Zefas Lumina, de Zambia. Faith Marshall Harris, de Barbados. Benyam Dawit Mezmur, de Etiopía. Aissatou Alassane Sidikou, de Níger. Juliana Scerri Ferrante, de Malta. Zeibeou Taleb Moussa, de Mauritania y Benoit Van Keirsbilck, de Bélgica.

Siguiendo esta dirección, no hay ninguna duda de la tradición taurina de Togo y su famoso matador Morenito de Lomé. En Bután no hay nadie que no conozca (y en el mundo entero) al Pasmo de Punakha, gloria de los cosos butaneses y asiáticos. En Zambia, país taurino legendario, hogar de las bravas vacas tonga, no dejarán de recordarse las hazañas sobre el albero rojo del inolvidable El Niño de Nchelenge.

Por no saltar de continente y mencionar al afamado banderillero islandés Thórete, conocido también por pescar en el hielo con los palos coloridos o hacer el salto de la garrocha entre icebergs. O, volviendo a viajar entre mares, cómo no traer aquí al prodigio de Bélgica, Frederik Vermeulen «El bruselense», quien llegó a salir treinta y ocho veces por la Puerta Grande de la Plaza de Toros de Charleroi.

En vista de semejante abolengo, ha de hacerse caso a todas las eminencias taurinas de la ONU que el Gobierno español presenta para justificar la prohibición de que los menores vayan a los toros por el más que evidente conocimiento de la Fiesta en sus más profundos significados.

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