Máximo Huerta, en la promoción de su última novela 'Mamá está dormida'
Entrevista al ex ministro de Cultura de Sánchez
Máximo Huerta: «El Ministerio de Cultura no representa a toda la sociedad. Hace política de trincheras»
El periodista, escritor y exministro fugaz del Gobierno de Sánchez publica su novela más personal: Mamá está dormida en la que aborda la enfermedad del Alzheimer desde cerca
Es su décimoprimera novela y es la que más nervios le ha generado por la vinculación emocional que existe entre la trama de ficción y su vida real, diaria. Máximo Huerta llega a las librerías de nuevo de la mano de Planeta con Mamá está dormida, una novela que habla de la demencia y el Alzheimer y de la problemática actual que enfrentan los familiares, cuidadores de estos enfermos, día a día. En una entrevista amable con El Debate, el ex ministro de Cultura reivindica más atención al cuidador por parte del Gobierno, fomentar en España la cultura de la dimisión tras todos los escándalos actuales y dejar atrás el mundo de trincheras, polarizado, que ha construido el Ejecutivo actual.
-Cómo ha vivido la escritura de esta novela que tanto le habrá tocado a nivel personal...
-Estoy orgulloso de que esta me ha provocado más nervios que las anteriores. Tiene algo especial para mí porque la presencia emocional existe. No es biográfica pero sí que mi madre está en el tono. Hay amor y gratitud en eso. Entonces en ella me he dejado mucha piel. Escribo esta novela cuando entendí que cuidar era una forma de despedirse. Has dejado de pedir el consejo de tus padres y empiezas a cuidarlos. Y esta novela ocurre ahí. No es una novela sobre una madre sino sobre lo que pasa cuando el amor se queda ya sin lenguaje.
-Mamá está dormida, un título que supone un eufemismo precioso para hablar de un tema tan delicado y que afecta a tantas personas como es la demencia o el Alzheimer...
-Sí, es el título que más me gusta de mis novelas. Es una frase que tranquiliza, pero al mismo tiempo también asusta, inquieta. El título habla de toda la temperatura que tiene esta novela y de esa faceta de cuidador que adoptamos los familiares.
- ¿Escribirla ha supuesto una liberación de sentimientos para usted?
- Lo empezaré a notar con los meses... Ahora solo sé que cuidar a mí lo que me ha dado es que descubrí que soy más fuerte de lo que creía y que tengo mucha paciencia. Posiblemente ese ha sido el aprendizaje con esta novela.
-¿Y cuál cree que va a ser el aprendizaje del lector? ¿Conocer los efectos colaterales de esta enfermedad?
-Sí, desde el amor. Es una novela que apela a todos y más en un país que envejece. No es una novela triste, sino serena. La he querido virar a una parte más bien positiva, desde la luz que tiene a veces la enfermedad, esas risas que aparecen, las confianzas, las incomodidas en el cuidado en ese día a día entre el cuidador y el enfermo.
Maximo Huerta con un ejemplar de su novela 'Mamá está dormida'
-Dice que es un reconocimiento a las madres, un tributo para todas ellas que tuvieron que callar mucho...
-Es un reconocimiento hacia ellas, que en muchas ocasiones ni eligieron maridos, ni profesión. Muchas de ellas solo tenían una opción: la de ser madres. Esas madres se merecen una mirada y me gustaría que cuando el lector acabe la novela le seduzca preguntarle a su madre, a su tía, a su abuela qué querían ser. Que tengan una conversación y traten de averiguar algo de su pasado tan silencioso.
-Su madre, ¿es consciente de esta nueva novela?
-Sabe que soy escritor y que saco libro y el título le encanta. Pero no la va a leer. Tampoco me gustaría que la leyera porque entendería que sus circunstancias son muy similares.
A este Estado y a todos los gobiernos se les ha olvidado el cuidado a los enfermos de Alzhéimer y a sus cuidadores. Es una asignatura pendiente
-En una época de relatos rápidos como la que estamos viviendo, ¿falta silencio para hablar del duelo, del cuidado?
-Es que del cuidado no se habla porque el cuidado no hace ruido. El cuidado no tiene ética. Son rutinas invisibles que suceden en casa, en habitaciones, en puertas cerradas y olvidamos a los cuidadores. Nadie le ha prestado atención, ningún gobierno, porque como se cuidaba en casa, lo hacían las mujeres, lo han olvidado todos los gobiernos. No lo han puesto en valor. Es la asignatura pendiente que tenemos. No hay residencias. Las que hay son caras, en las públicas hay cola... Y vamos a ser muchos.
-¿Cree que desde el Estado el papel de los cuidadores debería de visibilizarse más y ofrecer soluciones?
-A este Estado y a todos los gobiernos se les ha olvidado el cuidado, pero porque como las mujeres se han ocupado del cuidado no les ha hecho falta. Ya había mujeres que cuidaban y no se quejaban, no hacían ruido. Las mujeres han estado cuidando a las madres, a los padres, a las suegras, a las tías... Han estado cuidando y no han pedido ni siquiera ayuda, ni se han quejado. Entonces a ningún gobierno le ha interesado. Hablamos mucho de la Vivienda, por ejemplo, pero hay algo mucho más importante que es el cuidado de las personas mayores...
-El Estado se ha olvidado, pero ¿cree que la sociedad española está despertando a este problema?
-Es que como nos enfrenta a la fragilidad, nos da pudor enfrentarnos a ella. El cuidador se queja en su círculo más íntimo. Pero no se queja en voz alta. Entonces, no sé hasta dónde llega la conciencia de este gran problema que tenemos.
-A nivel cultural, como ex ministro de Cultura, ¿cree que se podría hacer algo para cambiar esta situación?
-Sí, escribir novelas que pongan el debate porque las novelas a veces hacen más que los juicios y que la política. Las literatura genera conversaciones. Y creo que escribir es una buena forma también de reivindicar.
-Y como periodista de formación ¿le preocupa la tensión que ha provocado el Gobierno contra jueces, periodistas o medios críticos?
-Hay mucho ruido al respecto. La sociedad está muy polarizada, muy de trincheras y no me gusta absolutamente nada.No hay lugar para la duda. Yo no tengo opinión formada de todo en el momento, pero ahora se obliga a periodistas y a ciudadanos a tener una opinión formada ya. O estás aquí o allí. Y entonces a mí eso me parece peligrosísimo. La sociedad también tiene una especie de Alzheimer y demencia al respecto. Estamos olvidando adónde nos conduce esta forma de actuar. Se nos está olvidando qué país éramos. Se está olvidando qué pasó hace 40 años. Se está olvidando el país de inmigración que éramos. Olvidamos que éramos pobres, olvidamos qué han hecho nuestros mayores... Hay un olvido generalizado, una demencia generalizada.
-Cuando usted entró como ministro en 2018 dijo que iba a representar todas las sensibilidades culturales de España. ¿Cree que se está cumpliendo desde el Ministerio de Cultura?
-No se cumple. No se representa a la sociedad ni a todas las sensibilidades. Y no hay nada que nos sobreviva más que la cultura con todo lo que engloba: desde la receta, las canciones, la moda, el videojuego...toda. La cultura es lo que permanece cuando nos morimos todos. Entonces habría que ser muy transversal ahí y representar a todos. El país lo representa la cultura y no en trincheras.
-¿Qué opina de la retirada del Premio Nacional Taurino por Ernest Urtasun?
-La tauromaquia forma parte de la cultura de este país, está muy arragaida, es obvio y aunque creo que se acabará sola, como otras tantas solas, no quiero entrar en terrenos políticos.
Ahora ni hay dimisiones ni se exigen tampoco con aquella ferocidad que se exigió la mía porque es inherente a la cultura española pegarse al asiento
-Usted dimitió del Gobierno de Sánchez como jemplo de 'tolerancia cero' por una sanción de Hacienda que tuvo años antes de ser ministro. ¿Y ahora qué está pasando? ¿Se ha sentido utilizado?
-Lo mío es la prehistoria ya. No me siento nada. No me genera sentimientos. Ahora ni hay dimisiones ni se exigen tampoco con aquella ferocidad que se exigió la mía.
-Pero ¿cómo está viendo que haya ministros y altos cargos hoy en día que permanezcan pese a polémicas muchísimo más graves que la suya?
-Es inherente a la cultura española. Sucedió con el PP y sucede con el PSOE. Es inherente el pegarse al asiento en esta sociedad.
-¿Reivindica la cultura de la dimisión en España?
-Sí, en otros países de Europa se practica con mucha más tranquilidad. Son servidores públicos y ante la mínima duda hay que salir y que pongan a otros. Ante la duda siempre tiene que haber transparencia.
-¿Cree que el relato ha sustituido a la gestión política española?
-Sí, ahora el relato tapa la gestión, sí. Y cada uno defendiendo un relato. Cada uno tiene que estar en una silla, sentado frente a frente defendiendo el relato.
-Ha defendido que la Cultura no debe de ser rehén de la política. ¿Cree que hoy el Ministerio de Cultura actúa como un espacio plural o como un instrumento ideológico del Gobierno?
-Todos los ministerios de todos los gobiernos siempre han sido instrumentos. También te digo que no estoy muy al día de la gestión cultural de Urtasun. No es Carmen Alborch.
-Desde su experiencia al frente de la librería que ha abierto en Buñol ¿qué tipo de libros interesan más hoy a los lectores? ¿Cuáles son los más buscados?
-Buscan un libro que le haga sentir bien. ¿Cómo debe estar el ciudadano para que venga buscando Gelocatil a la farmacia? Ya sea por asuntos familiares, sociales... Se escucha mucho: «Ay, no quiero un libro en el que se sufra mucho. Necesito sentirme bien y quiero un libro que me haga sentir así», y eso que en la literatura normalmente siempre escribimos mucho drama... Hay muy poca novela de humor.
-Con su nueva novela. ¿Cree que se cumple con esta petición?
-Sí, creo que cuando lean Mamá está dormida van a tener ganas de hacer algo que hacemos muy poco y es sentarnos frente a nuestros padres, madres, abuelos y preguntarles qué querían ser de mayor, dónde les hubiera gustado viajar, qué canción les gustaba más... o simplemente dedicarle unos minutos a darle un abrazo.
Entiendo que haya una búsqueda de la espiritualidad, sea la que sea porque siempre te da un lugar de cobijo
-Y fuera de las estadísticas, qué le dicen las ventas. ¿La gente lee?
-La gente lee y la gente joven lee. En mi librería el termómetro que tengo es que el principal motor de la lectura en este país ahora son las chicas jóvenes, de entre 20-23 años. Están leyendo mucha novela romántica y fantasía. Están recuperando mucha lectura.
-¿Y se está notando el creciente interés por lo religioso y espiritual?
-El Profeta, de José María Zavala lo he vendido mucho. Y entiendo que haya una búsqueda de la espiritualidad, sea la que sea. Creo que estamos perdidos. Y la espiritualidad siempre te da un lugar de cobijo.