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El ministro de Cultura, Ernest UrtasunEFE

Urtasun devuelve bienes eclesiales incautados por la República y culpa al franquismo

El Ministerio de Cultura presenta como una reparación de injusticias del franquismo el robo de obras eclesiales robadas por las autoridades republicanas

Todo lo referente a la Guerra Civil, la Segunda República, el franquismo y la Memoria Histórica que sale del Ministerio de Cultura y, en general, del gobierno de Sánchez, roza ya la pseudohistoria a fuerza de manipular los hechos a extremos imposibles.

El ministro de Cultura, Ernest Urtasun, presidió un acto en el Museo de Historia del pueblo de Brihuega (provincia de Guadalajara) un acto de restitución al obispado de Sigüenza-Guadalajara de bienes incautados por las autoridades republicanas en 1938, en plena Guerra Civil.

Sin embargo, el ministro, y sus responsables de prensa, se las han arreglado para presentar la restitución como un acto de reparación de una injusticia no cometida por la República, sino por el franquismo.

La nota de prensa difundida por el Ministerio hace una pirueta y titula: «El Ministerio de Cultura restituye a Brihuega bienes no devueltos por la dictadura», y obvia que quien los incautó fueron las autoridades republicanas.

De hecho, en el texto, señala con no poco cinismo que los bienes «habían sido protegidos durante la Guerra Civil por la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Histórico del gobierno de la República». Es decir, «protegidos», que no «robados» por dicha Junta impulsada por las autoridades republicanas para incautar a la Iglesia su patrimonio.

Las obras devueltas, con todo, se custodiarán y expondrán, a partir de ahora, en el Museo de Historia de Brihuega y en el Museo Diocesano de El Casar.

Durante el acto, Urtasun afirmó que «este acto de restitución es algo más que una expresión de nuestra responsabilidad y de nuestro deber como gobierno; es un acto de reparación y de homenaje a quienes, en tiempos muy difíciles, mantuvieron encendida la llama de la cultura y de la salvaguarda de nuestro patrimonio».

El relato de los hechos presentado por Cultura es todo un ejercicio de falsificación histórica para justificar un acto de pillaje en tiempos de guerra.

Señala la nota difundida por el ministerio que «en mayo de 1938 los técnicos de la Junta Delegada de Incautación, Protección y Salvamento del Tesoro Artístico de Madrid se desplazaron a Guadalajara para evaluar los daños ocasionados por la guerra en los bienes culturales de la zona. Ante los desperfectos observados, comienzan a realizar las gestiones necesarias para su evacuación. El 18 de mayo de ese año, el alcalde de Brihuega les entrega un conjunto de bienes procedentes de las iglesias de la localidad para que puedan ser resguardados en lugar seguro».

En todo momento, el relato de destrucción e incautación de obras de arte pertenecientes a la Iglesia se presenta como un altruista acto de rescate y salvaguarda.

Las obras devueltas son «estatua yacente de alabastro y un fragmento de sarcófago con escudo blasonado pertenecientes a la iglesia de San Miguel, una lápida con la figura yacente del arcipreste de Talamanca de la iglesia de San Felipe, así como la figura orante de don Juan de Molina que se encontraba en la iglesia de San Bernando del Monasterio de Santa Ana».

Se ha restituido también «una cruz procesional procedente de la parroquia de Nuestra Señora de La Asunción de El Casar (Guadalajara), y perteneciente al obispado de Sigüenza-Guadalajara. Esta cruz procesional alcalaína está catalogada como obra de Juan Francisco Faraz y datada alrededor del año 1560».