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El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, este viernes en Sevilla

El director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, este viernes en SevillaEuropa Press

La pleitesía de García Montero a la vicepresidenta: «Orgullo cada vez que la oigo hablar»

El director del Instituto Cervantes ha dicho que María Jesús Montero «dignifica» «lo público en esta época de inundaciones donde se quiere desprestigiar la política», entre otros «versos»

Si ya era esclarecedor ver al director del Instituto Cervantes presentar un acto de propaganda del Gobierno, con María Jesús Montero, vicepresidenta y ministra de Hacienda, como protagonista, las palabras de su «tocayo» de apellido, Luis García Montero, han resultado definitivas.

Un truco, manía o principio de la izquierda es encontrar un enemigo para edificarse. García Montero es experto en esto y lo ha demostrado al espetar que siente «orgullo cada vez que la oigo hablar (a Montero) como se habla en Andalucía, sin querer imitar ninguna imposición de la gente que en realidad nos considera poco respetables y poco simpáticos».

¿A quién se refiere García Montero con este sorprendente nuevo frentismo? ¿Racismo antiandaluz? Cualquier cosa es posible, pero más que a nadie en general, a buen seguro una buena particularidad bien puede servir para montar una causa. El poeta y gestor público ha dicho que se siente «amigo» de la vicepresidenta en la pública alabanza:

«Descubrir en cualquier situación que la sonrisa de María Jesús es la mejor manera de tomarse las cosas en serio». Ha dicho García Montero que Montero «dignifica», «lo público en esta época de inundaciones donde se quiere desprestigiar la política porque interesan más las ambiciones individuales que la regulación de los derechos colectivos».

«Dignificar la política»

Habla de la misma que dignifica la política con sus gestos chabacanos en el Congreso o con su sumisión, rayana en el fanatismo, a Sánchez. Exactamente igual que García Montero, quien ha continuado con la consigna: «Dignificar la política significa el compromiso de asegurar una sanidad y una educación pública dignas».

El explicativo de tantas cosas panegírico del director del Cervantes a la vicepresidenta ha terminado con un pequeño mitin-reflexión poética (al fin y al cabo García Montero es poeta) para dar paso entre semejantes fanfarrias a la intervención de María Jesús Montero.

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