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Elvis Presley en uno de los fotogramas de 'Epic'Universal

Lo más cerca que estaremos de volver a un concierto de Elvis Presley

Baz Luhrmann rescata los años dorados del Rey del Rock en el documental 'Epic'

Entre los jóvenes se ha popularizado el término «aura» para referirse a ese magnetismo especial que envuelve a ciertas personas. Si las nuevas generaciones dedicasen un rato de sus vidas a buscar imágenes de Elvis Presley, concluirían sin ningún problema que estamos ante una de las personas con más «aura» de la historia.

Solo alguien que tiene algo especial es capaz de enfundarse un mono blanco cargado de pedrería, salir a un escenario y no parecer ridículo. Claro que contar con una voz absolutamente prodigiosa ayuda... Sin embargo, el carisma de Elvis iba más allá de lo musical y el director Baz Luhrmann ha decidido recordar al mundo por qué sigue siendo uno de los grandes iconos de la cultura estadounidense.

Después de rodar un exitoso biopic protagonizado por Austin Butler y estrenado en 2022, Luhrmann opta ahora por el formato documental para ofrecer un espectáculo de hora y media que traslada al público del siglo XXI a los años dorados del Rey del Rock en Las Vegas.

Epic: Elvis Presley in Concert cuenta con imágenes remasterizadas de gran calidad de algunos de los muchos conciertos que el cantante ofreció a partir de 1968 en el International Hotel de Las Vegas. También se muestran los preparativos de aquellos espectáculos y el esplendor de un artista que sería consumido por el ritmo frenético de su propio éxito.

Sin embargo, el documental no escarba en las sombras del personaje y prefiere centrarse en su magistral calidad interpretativa, su carisma arrebatador y su amor por la música. En algunos fotogramas podemos ver en tiempo real cómo los nervios del hombre se transforman en un torrente musical acompañado de esos movimientos que tantos problemas le causaron en sus primeros años de carrera.

Durante la hora y media que dura Epic solo escuchamos a Elvis cantar y contar su propia historia. También observamos un rostro en el que, como tristes destellos, se dejan ver las huellas del esfuerzo físico que suponían los numerosísimos conciertos que protagonizó y que, en muchas ocasiones, se duplicaban en un solo día.

La última escena del documental, después de ese concierto de hora y media que Baz Luhrmann ha rescatado para nosotros, nos presenta otra transformación. El mito se ha bajado del escenario y vuelve a aparecer ese hombre agotado que, empapado en sudor y con el pelo totalmente alborotado, sonríe a cámara una última vez en un gesto que resume a la perfección lo que los jóvenes hoy llaman «aura».