Rosalía, Picasso y las disculpas forzadas: la hipocresía que le sirve a la «inquisición woke»
Son las nuevas leyes «morales» que de moralidad tienen lo que de verdad el arrepentimiento mediático de la cantante... en TikTok
Rosalía y Picasso
Ya se sabe que Rosalía pidió perdón por decir que le gustaba la obra de Picasso con independencia de su vida personal. Estaba esperando, como los osos a los salmones, el 'wokismo' cancelador para cantarle las cuarenta y de paso ir haciendo como que preparaba la hoguera.
Ante semejante panorama, el entorno de la cantante le recomendó pedir disculpas, cosa que hizo casi como si le hubiera pedido el texto a ChatGPT: «No estoy en paz con lo que dije. Es verdad que me he equivocado, tenéis razón. Gracias por decírmelo. Es importante no hablar de según qué temas cuando no tienes todo el conocimiento».
También dijo: «Yo pensaba que Picasso era un hombre muy tremendo, lo típico que se dice de él. No tenía conciencia de que había casos reales de maltrato. Quiero pedir disculpas por si hubo falta de sensibilidad por mi parte en esa conversación. Y esa falta de empatizar absoluta con esas mujeres».
Pero cuando Rosalía, en la relajada conversación original causante del revuelo y de sus posteriores disculpas, dijo: «Nunca me ha molestado diferenciar al artista de la obra. Quizás ese señor, si le hubiera conocido, no me hubiera caído tan bien por las cosas que me han explicado. Pero, quién sabe, a lo mejor sí. No me importa, disfruto de su obra», decía la verdad.
Cuando no la dice es cuando la han obligado mecánicamente a rectificar los censores y murmuradores de la corrección política. Son las nuevas leyes morales que de moralidad tienen lo que de verdad el arrepentimiento mediático de Rosalía... en TikTok.
Lo de que lo haya expresado en semejante marco dice mucho de la seriedad de su retractación. Una enmienda para la galería que es de lo que se trata en la actualidad. El 'wokismo' pretende destruir la espontaneidad, el debate tranquilo, la libertad, la opinión libre... en definitiva la naturaleza humana, tantas veces rozagante en el caso de Rosalía, incluida su opinión sobre Picasso con todos los matices más que suficientes que aporta a la conversación seria.
El 'wokismo' totalitario adolece de seriedad y abunda en el ridículo, pero sin embargo dirige, como se ve, en la mayoría de los casos, la mismísima personalidad pública de los artistas. La pública, no la íntima. Porque nadie con sentido común puede creer (salvo los radicalmente 'wokeizados', quienes han apartado dicho sentido común de sus vidas) que Rosalía no sigue pensando que a lo mejor Picasso le hubiera caído bien, pero que no le importa porque disfruta de su obra.