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Estatua de AristótelesLefteris Damianidis

Cultura

Aristóteles, filósofo: «La dignidad no consiste en poseer honores, sino en merecerlos»

Para el ateniense, el valor de una persona no reside en el reconocimiento que esta recibe por parte de los demás, sino en su propia calidad moral

Uno de los nombres más destacados y de renombre dentro del mundo de la filosofía se trata del de Aristóteles. Este referente del pensamiento, de origen griego, no solo fue discípulo de Platón y maestro de Alejandro Magno, sino que también dejó huella con sus propias enseñanzas.

En este sentido, sus citas e ideas todavía poseen mucha fuerza en la vida moderna, y muchas de ellas merecen ser recordadas. Una de las lecciones más relevantes que dejó el autor se resume en la siguiente frase: «La dignidad no consiste en poseer honores, sino en merecerlos».

Esta enseñanza de Aristóteles trata sobre la manera en la que los demás ven a un ser humano, pero el filósofo va más allá. Para el ateniense, el valor de una persona no reside en el reconocimiento que esta recibe por parte de los demás, sino en su propia calidad moral.

Por ello, el autor se centra en que los honores solo pueden ser legítimos cuando son consecuencia de una conducta justa, prudente y coherente con la vida de todos. Nuestra manera de vivir y de tratar al resto del mundo marcará lo que para Aristóteles es la dignidad real. La ética es el mecanismo para ser considerado un ser de valor, y aquellos honores externos que lleguen tras malos actos no son merecedores de ningún reconocimiento.

El reconocimiento en la vida moderna

Para el filósofo, actuar según unos principios estables y coherentes con la vida ética son el único modo de alcanzar la verdadera dignidad como ser. Esta enseñanza es perfectamente extrapolable a la sociedad actual. Muchos son los que basan su vida social en los 'me gusta' que reciben en redes sociales o el número de seguidores que tienen en diferentes cuentas.

Como bien explica Aristóteles, esta superficialidad no significa nada a la hora de la verdad, puesto que lo realmente honorable proviene de los actos propios y la razón de ser de estos. El reconocimiento depende de los demás, pero la dignidad auténtica viene de uno mismo. De este modo, cada uno puede construir su propio ser de manera ética y coherente con la justicia y, al final, comprobará como todo el reconocimiento que recibe será merecido.