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Nazarenos durante la Semana Santa en Córdoba, 2015©GTRESONLINE

Semana Santa

De la penitencia medieval a los nazarenos: así nació el capirote de Semana Santa

En el año 787, se celebró en Nicea un segundo concilio en el que se puso fin a la iconoclastia, es decir, la Iglesia declaró que las imágenes podían venerarse. Tal vez, si esta decisión no se hubiese tomado, las procesiones de Semana Santa habrían sido muy diferentes

La Semana Santa es una festividad con más de cinco siglos de historia. Desde el Domingo de Ramos, las procesiones llenan las calles de toda España con penitentes ataviados con el famoso capirote y la túnica. Una indumentaria que tiene sus raíces en las calles de la Baja Edad Media.

Para comprender el origen de esta vestimenta, lo primero es comprender que la justicia en época medieval estaba separada en tribunales civiles y eclesiásticos. Ya de forma más tardía apareció la famosa Inquisición, mucho menos rígida y más garantista que la justicia no eclesiástica.

Cuando alguien cometía un delito y era juzgado por la Inquisición o por un tribunal civil, si era declarado culpable, uno de los castigos más comunes era el escarnio público. El reo, ataviado con una túnica y un gorro alto puntiagudo, llamado entonces coroza recorría las calles de su ciudad ante la vista de todos.

'Auto de fe de la Inquisición' por Francisco de Goya (1812-1819)

La prenda de cabeza se colocaba junto al sambenito, que era la prenda penitencial. De ahí viene la expresión «te han colgado el sambenito». Además, solían decorarse con dibujos que representaban los delitos que había cometido el condenado, para que todos lo supieran. El objetivo era pedir perdón y una manera de penitencia que servía para reconocer el pecado.

Nada era casual, ni siquiera que la coroza (después llamada capirote) tuviera forma cónica: aquello era para que el penitente estuviera más cerca de Dios, aunque fuese de manera simbólica. Estas penitencias no eran castigos oscurantistas como se ha mostrado en la leyenda negra sobre la Inquisición y la Edad Media. Todo lo contrario, todo el proceso —especialmente el eclesiástico— estaba regulado en ordenanzas municipales, en los famosos autos de fe, e inquisidores como Nicolás Eymerich redactaron manuales como el Directorium Inquisitorum.

Del sambenito a la túnica

La Semana Santa repleta de procesiones de imágenes de la Pasión de Cristo no sería como la conocemos hoy de no ser por el II Concilio de Nicea, celebrado en el 787. Allí se puso fin a la iconoclastia, es decir, la Iglesia declaró que las imágenes podían venerarse.

Si esta decisión no se hubiese tomado, las procesiones de Semana Santa habrían sido muy diferentes. A partir del siglo XVI y bajo el impulso del Concilio de Trento, las prendas pasaron de ser un castigo impuesto a una penitencia voluntaria.

En tiempos de la Contrarreforma, las cofradías y hermandades adoptaron la estética del reo para procesionar junto a sus imágenes, pero con matices. Preservaron el capirote, pero otorgándole un toque de solemnidad y pureza. El capuz o antifaz permite ver, pero no ser visto, porque lo importante durante la procesión no son ellos sino Dios.

Además, las cofradías sustituyeron el sambenito por las túnicas, que derivan de los hábitos de las órdenes religiosas como dominicos, carmelitas o franciscanos. El cíngulo o cinturón que lleva el nazareno simboliza la castidad y, sobre todo, las cuerdas con las que Cristo fue atado durante su Pasión. Cada hermandad o cofradía adoptó un color y una ornamentación diferente, pero comparte una misma esencia que tiene su origen en los pecadores de época medieval.