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Morante de la Puebla en la Real Maestranza de SevillaEFE

¿Por qué Morante llevó las medias blancas y no fucsias el Domingo de Resurrección?

Si algo es el maestro sevillano es singular. Por eso causa sensación. Desde sus padecimientos y sus palabras, hasta su aspecto e indumentaria

La Fiesta lo es, con mayúsculas, por tantas razones como detalles contiene. José Antonio Morante de la Puebla ha trascendido como matador, de torero artista (él no se considera artista) a mito viviente, además de por su especialidad en el ruedo, porque él mismo se ha hecho sujeto de detalle como ningún otro en la actualidad.

Es otra forma de ser único. Si algo es Morante es singular. Por eso causa sensación. Desde sus padecimientos y sus palabras, hasta su aspecto e indumentaria. Los vestidos de torear de Morante son obras de arte, casi orfebrería para el mejor maniquí taurino del momento frente al que los demás no les queda más que aguantar el tirón.

No hay patillas mejores de cabello negro zaíno. No hay montera como la de Paquiro, ni capote de forro verde manzana. No hay llegada a la plaza como la de Morante, ni puro en el callejón. Ni botijo, ni vasito de plata. Ni, por supuesto, verónica al son de la barbilla en el corbatín, la pañoleta ancha. No hay muleta, ni molinete, ni desplante despacioso como los de Morante.

Tampoco hay medias blancas como las que lució el Domingo de Resurrección. Y esta no ha sido la única vez. Es otro más de los detalles como los pañuelos de seda sobresaliendo de la chaquetilla como pétalos de flor blanca nacidos no de la tierra, sino del azabache y las lentejuelas.

Las medias blancas de Morante que no son exclusivas de Morante, el único que lo es por reunir en él mismo toda la Fiesta que puede abarcar y contener. Más allá de la profundidad de su toreo, de la particular ejecución de las suertes o del «estar» en la plaza, la armonía y la belleza en el vestir son características propias del maestro sevillano con guiños constantes al pasado.

Las medias blancas, simple y a la vez complejo recuerdo clásico que, en sustitución de las fucsias habituales, dicen que usó por primera vez el torero gitano Rafael Albaicín, padre de la bailaora María Albaicín y suegro del diestro catalán Joaquín Bernadó. Luis Francisco Esplá, otro guardián de las esencias, Rafael De Paula, antaño apoderado y maestro del de la Puebla, o Luis Miguel Dominguín, fueron otras figuras que usaron las medias de este color.