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Un manuscrito y un mensaje de Whatsapp

De las cartas manuscritas al «sticker»: ya solo se escriben mensajes sin forma, fondo ni ortografía

Cuando llegaron los mensajes de texto, los SMS, todo se derrumbó por el motivo principal de ahorrar dinero. Cuantas menos palabras o letras se escribiesen, menos dinero se tenía que gastar

Hace 30 años aún se escribían cartas. El género epistolar era (es, aunque hoy apenas se practique) todo un género literario. Hay obras maestras con forma de misiva. Lope de Vega y otros debieron de enamorar a más de una dama con su talento sobre el papel.

Es posible que las más profundas simas del alma humana hayan aparecido en los manuscritos que de otra forma jamás se hubieran descubierto. Una carta escrita a mano era (es) una invitación a la exploración de uno mismo, a la confesión, a la petición de ayuda. Una carta hacía (hace) germinar la belleza.

También invocaba al esfuerzo por escribir bien. Por expresarse bien, profunda y estéticamente y con corrección. Un enamorado que escribe cartas se esfuerza en parecer mayormente culto o al menos alfabetizado ante el amado o la amada.

Sin la carta esto se ha perdido o se ha ido perdiendo. El correo electrónico acabó con la espera y trajo la inmediatez, pero conservó las formas. Luego llegaron los mensajes de texto, los SMS, y todo se derrumbó por el motivo principal de ahorrar dinero. Cuantas menos palabras o letras se escribiesen, menos mensajes se tenían que enviar, menos dinero había que pagar y más información cabía en uno solo de ellos.

Fueron los tiempos de la llegada del «x» es lugar de «por», por ejemplo (o «x ej»). O los de la «k» en lugar del «que». La reducción trajo una especie de anarquía ortográfica desatada. El sms era el apocalipsis de la escritura correcta.

Y después llegó el whatsapp, casi la escritura sónica, la comunicación inmediata, rapidísima, en la acción y en el proceso. No hay límites, como en el sms, de palabras, pero el recuerdo y la influencia de aquel han pervivido en la costumbre de la escritura táctil, que no se para en errores: se dejan. Y los mensajes de los jóvenes (y no tan jóvenes) son como el morse: a veces hay que conocer los signos y los emojis y los stickers...

Instagram es otro mundo de antiescritura. Como TikTok. La juventud (y también la adultez) del XXI se comunica a través de estos medios en textos que perfectamente cabría llamar de otro modo como ciertos artículos de prensa se llaman hoy «posts», que es como una categoría inferior, más rápida, inmediata, como de consumo más fácil. Un«post» es un artículo desprovisto de todo lo «superfluo», como un mensaje de whatsapp es una carta saqueada y jibarizada.

Y lo «superfluo» es lo profundo y lo correcto y lo bello. La comunicación moderna juvenil (y no tan juvenil) ha prescindido por uso y practicidad de lo reflexivo, de la norma y de la belleza de la epístola. Más de una correspondencia entre o de escritores constituye una obra maestra, pero no todas las cartas eran prodigios de talento, ni mucho menos. A veces incluso eran prodigios de faltas de ortografía y sintaxis, pero su autenticidad superaba a la falsa corrección automática del teléfono.

También había emojis manuscritos con forma de corazones o sonrisas y otros dibujos de creatividad humana, incluso perfumada, y no ya fabricada. Habría que leer las cartas manuscritas de los jóvenes (y no tan jóvenes) del XXI y ver qué sale de ellas para saber en qué punto estamos del progreso.