El escritor mexicano Gonzalo Celorio tras recibir el Premio Cervantes 2025
Discurso del escritor en la entrega del galardón
Gonzalo Celorio, Premio Cervantes: «Sin el español, ningún país hispanoamericano habría podido configurar su nacionalidad»
El escritor mexicano convierte su discurso en una defensa de la novela como espacio de libertad absoluta, una forma de conocimiento que no compite con la historia, sino que la desborda
El discurso de Gonzalo Celorio en el Premio Cervantes no arranca en la literatura, sino en la vida. En una escena íntima, casi desnuda, el escritor regresa a la habitación en penumbra donde su padre agoniza. Aquel hombre, con «la voz seca» y el aliento enfermo, le dejó una frase que funciona como mandato y profecía: «Tú llegarás, hijo. Y si no puedes, yo te empujo». Más de seis décadas después, Celorio responde con precisión emocional: «Hoy llegué, papá».
Ese arranque no es un simple recuerdo familiar. Es la clave de lectura de todo el discurso: la literatura como herencia, como impulso y como forma de cumplir una promesa que atraviesa el tiempo.
Celorio sitúa su intervención bajo la mirada vigilante de Miguel de Cervantes, cuya imagen —engolada, solemne— contrasta con la esencia profunda de su obra. Frente al retrato adusto, el autor reivindica el humor cervantino, esa risa que, como recordaba León Felipe, nace del propio creador antes que de sus personajes.
El rey Felipe y Gonzalo Celorio en la entrega del Premio Cervantes
La referencia a Rayuela no es casual: el humor, dice Celorio siguiendo a Julio Cortázar, ha abierto más túneles en la tierra que las lágrimas. En esa línea, el Quijote aparece como una obra que desvela la tensión permanente entre el ideal y la realidad, entre la aspiración y el fracaso.
Pero si hay un eje central en su lectura cervantina es la libertad. Apoyándose en Mario Vargas Llosa, Celorio subraya que la novela de Cervantes consagra la soberanía del individuo frente al poder. No es una idea abstracta: nace de la experiencia del cautiverio y de la desconfianza hacia la justicia.
Discurso de Gonzalo Celorio
Esa libertad no solo es temática. Es formal. El Quijote rompe los moldes, mezcla géneros, desborda categorías. Como apuntaba Alejo Carpentier, toda gran novela empieza por parecer que no lo es. Y Cervantes llevó esa ruptura hasta convertirla en canon.
La novela como «género sucio»
Celorio insiste en una idea que atraviesa su discurso: la novela es, por naturaleza, impura. Recupera la visión de Carlos Fuentes para definir El Quijote como un «género de géneros», capaz de albergarlo todo: épica, picaresca, poesía, ensayo. Frente a la tentación de la pureza, reivindica una literatura que se nutre de la vida con todas sus contradicciones, «con todas sus lacras y sus inmundicias».
Esa defensa de la mezcla no es teórica. Es una declaración de intenciones sobre su propia obra, situada en ese territorio híbrido donde se cruzan novela, memoria, crónica y ensayo.
Gonzalo Celorio durante el discurso
El discurso gira entonces hacia lo personal, pero sin abandonar la reflexión literaria. Celorio explica el origen de su trilogía Una familia ejemplar, donde reconstruye la historia de sus antepasados. Lo hace desde una convicción clara: nadie sabe quién es si no sabe de dónde viene.
La investigación fue exhaustiva —archivos, cartas, testimonios—, pero el resultado no aspira a la fidelidad histórica. Al contrario. El escritor defiende la libertad de la ficción para alterar nombres, suprimir personajes o inventar otros nuevos. «La ficción puede llegar adonde la veracidad histórica se detiene», viene a decir.
Esa idea se concreta en una afirmación contundente: la novela no solo cuenta lo que ocurrió, sino también lo que se recuerda, se imagina o se sueña. Es, en sus palabras, «el género indagatorio por excelencia», una herramienta capaz de revelar incluso aquello que el propio autor desconocía: secretos familiares, episodios ocultos, zonas oscuras de la memoria.
Escribir a ciegas
Celorio rechaza cualquier plan previo. Escribir, sugiere citando a Maurice Blanchot, es lanzarse al mar sin protección, dispuesto a escuchar el canto de las sirenas. El escritor sabe de dónde parte, pero ignora el destino.
Discurso de Gonzalo Celorio
Esa navegación, que en su caso se prolongó durante décadas, termina en una Ítaca personal: el conocimiento de sus propios orígenes. La literatura no solo reconstruye el pasado; lo revela.
El tramo final del discurso vuelve a lo íntimo. Aparecen la madre lectora, capaz de renunciar durante años a las novelas por una promesa religiosa, y el padre que escribía cartas de amor a diario. Y, sobre todo, el hermano que le enseñó el poder de las palabras, haciéndole recitar frases grandilocuentes sin comprenderlas del todo.
Los reyes Felipe y Letizia saludan al escritor mexicano Gonzalo Celorio
Ahí está el germen de su vocación. «Creo haber sabido desde entonces que en la palabra se cifraba mi destino», afirma.
La conclusión cierra el círculo con una sencillez desarmante. Tras una vida dedicada a la literatura —como escritor, profesor, académico—, cuando le preguntan cuál es su palabra favorita, responde sin rodeos: la palabra que más le gusta de la lengua de Cervantes es «palabra».
No hay declaración más clara. En Celorio, la literatura no es solo un oficio. Es una forma de estar en el mundo, de entender la memoria y de cumplir, con décadas de retraso, la promesa hecha a un padre.