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Crónica deAndrés AmorósMadrid

Una ruina total anunciada

La falta de fuerza y casta de los toros de El Vellosino, la ganadería sustituta, causa un lamentable espectáculo

Daniel Luque, este jueves en la Plaza de Las VentasEFE

La ganadería de El Parralejo fue la indiscutible ganadora de la Feria de Abril y propició por segunda vez el triunfo de David de Miranda. Había notable expectación por la corrida de San Isidro en la que repetían los dos triunfadores. Por desgracia, de las reses anunciadas sólo se aprobaron dos y decidieron retirar la corrida. Lo lamento pero es así: el toro que se exige en Las Ventas supera claramente en presentación al de la Maestranza.

El problema ha sido la sustitución. Las cosas no han salido mal sino pésimas. Y, lo peor de todo, no ha sido un resultado sorprendente. No se trata de ponerse medallas pero cualquier aficionado con algo de memoria podía preverlo.

Ha elegido la empresa toros del Vellosino, de Salamanca, de procedencia Juan Pedro: suelen ser nobles pero flojos. Si no recuerdo mal, la última vez que lidió en San Isidro, el petardo fue grande. El de hoy ha sido mayor todavía: toros terciados, los tres primeros; todos, flojos, parados, sin casta ni bravura. La consecuencia ha sido lamentable: desde el comienzo hasta el final, hemos presenciado un pobre simulacro de lo que es una auténtica corrida de toros.

Desde su reaparición, Castella torea mejor que antes, con más ilusión. Se recibe con algunos pitos al primero, terciado, que en seguida pierde las manos. Mete bien los riñones en el caballo, lo castigan poco pero lo acusa. Embiste bonancible pero se cae reiteradamente; en una de sus caídas, casi se lleva por delante al diestro; embiste corto y cansino: estalla la esperada bronca. Con este toro, no hay nada que hacer. Pincha el diestro sin cruzar y el toro se echa.

El primer toro se cayó varias veces y a punto estuvo de arrollar a CastellaEFE

El cuarto tiene más presencia, es engatillado de pitones; sale huido del capote de Castella, que, en vez de intentar sujetarlo, le enjareta chicuelinas y logra que la res se vaya todavía más. El animal hace pobre pelea en varas, sin celo alguno. Comienza Castella sentado en el estribo: eso ayuda a que el toro quede más corto todavía. Acierta por fin al darle distancia pero el toro se apaga enseguida, embiste dormido. Así, el trasteo no tiene interés: el púbico también se adormece o se pone a hablar de Florentino Pérez… Como el trasteo se alarga, todo va a peor. Mata mal, a la tercera, con salto, y se libra por poco del tercer aviso.

El segundo se tapa por la cara pero también flaquea de salida, queda cortísimo; además, sale de naja, en el caballo. Canta la gallina de su mansedumbre. ¿Qué pinta Luque toreando a un toro así? Demasiado paciente está la mayoría del público. Cuando le colocan el primer par de banderillas, el toro se derrumba: ¡lamentable espectáculo! Luque tantea al toro, anda con el animal a gorrazos (aunque eso no impide que, con esos pitones el riesgo exista). Con evidente maestría, le saca algunos naturales. Todo queda a medias, o menos, porque el toro no tiene fuerza ni casta brava ni recorrido. Se lo quita de encima con facilidad. Luque ha estado sobrado pero, con tan poco toro, en Las Ventas, es imposible lucirse de verdad.

El quinto es alto, supera los seiscientos kilos pero sale huido, no demuestra el menor celo en el capote de Luque. Levanta al caballo, aguanta bien Jabato. Quita David de Miranda con el capote a la espalda, estilo José Tomás. Replica Luque por insípidas chicuelinas. Brinda al público: ¿qué ha visto en este toro? Con suavidad, intenta enseñarle a embestir pero… Por mucho oficio que se tenga, sacar agua de un pozo seco es imposible. El toro acude andando, sin la mínima emoción. Al final, con el toro tan parado como los de Guisando, tropieza el diestro en la mole de piedra y cae al suelo. Ha sido una porfía meritoria pero inútil, imposible. Recuerdo la frase de don Luis Mejías a don Juan: «Imposible la hais (sic) dejado para vos y para mí». Y un refrán hispanoamericano: «Donde no hay ramo, no hay patata». Suena el aviso antes de entrar a matar: acierta con la espada y algunos piden la oreja. Vuelvo a preguntarme: ¿qué pinta el poderoso Daniel Luque con estos toros sin fuerza ni casta? La respuesta es muy fácil: nada.

David Luque dibuja un pase de pecho ante el segundo de su lote, de más de 600 kilosEFE

David de Miranda ha entrado en una racha de triunfos, gracias al valor impávido, la quietud y el aguante. Con eso, conecta fácilmente con el público. Ésta puede ser su temporada.

También reciben con pitos al castaño tercero, chico, que mansea de salida pero mete bien la cabeza. Sólo señalan los puyazos: «¡Ni para un análisis de sangre!», decían los castizos. Se mueve el toro un poco más que los anteriores y lo brinda al público. Comienza haciendo el poste: el toro va y viene, sale desentendido del engaño. Traza suaves muletazos, que el toro toma con bondad pero sin «decir» nada, sin la menor emoción; se para en seguida y se raja a tablas El toreo de David se basa en quedarse muy quieto pero no resulta nada lucido hacerlo con un toro que no tiene fuerza, ni casta, ni bravura, ni «». Se lo quita de delante con facilidad.

El último, astifino, acucharado de pitones, sale muy suelto, embiste dormido, flaquea en cuanto lo pican. David de Miranda se queda quieto; el toro, casi lo mismo: embiste cortísimo. ¿Qué emoción puede haber? La porfía voluntariosa no tiene sentido ni resultado alguno. Y la espada cae baja.

David de Miranda tampoco pudo sacar nada de sus torosEFE

Triste final para una muy triste corrida. Toda la tarde ha sido una lamentable parodia de lo que es el arte del toreo. Hace años, la bronca hubiera sido épica. Ahora, un público más educado (o menos exigente) sale lamentando lo que se ha aburrido, nada más, y busca consuelo como puede…

Los errores graves suelen pagarse. No tenía sentido traer esta corrida a Las Ventas, en San Isidro. Todo ha salido mal. Es grande la tentación de recurrir al título de García Márquez: ha sido la crónica de un desastre total anunciado. ¿Aprenderán alguna vez los taurinos lo que exige el público de Madrid?

Hay que repetirlo una vez más: sin un toro que tenga fuerza, casta y bravura, todo se hunde.

FICHA

  • Madrid. Plaza de Las Ventas. Sexto festejo de la Feria de San Isidro. Jueves, 14 de mayo de 2026. Lleno.
  • Toros de El Vellosino, pobres de presentación los tres primeros; todos, flojos, parados, sin casta ni bravura.
  • SEBASTIÁN CASTELLA, de grana y oro, pinchazo hondo y descabello (silencio). En el cuarto, dos pinchazos, estocada, tres descabellos (dos avisos, silencio).
  • DANIEL LUQUE, de lila y plata, estocada (aviso, palmas). En el quinto, estocada (aviso, petición y saludos).
  • DAVID DE MIRANDA, de rioja y oro, estocada (silencio). En el sexto, estocada caída (silencio).