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Esto no es una pipa de René Magritte

¿Por qué el español es la única lengua con signos de interrogación y exclamación de apertura?

Dice la RAE que «Los signos de apertura (¿, ¡) son característicos del español y no deben suprimirse por imitación de otras lenguas en las que únicamente se coloca el signo de cierre»

La mayoría de los teléfonos móviles, por ser de marca extranjera, no incluyen los signos de apertura de interrogación y exclamación que solo se usan en español. Esta una de las razones por las que la escritura común en español comienza a prescindir de dichos inicios, una particularidad y una personalidad española.

Dice la RAE que «Los signos de apertura (¿, ¡) son característicos del español y no deben suprimirse por imitación de otras lenguas en las que únicamente se coloca el signo de cierre».

Dichos signos son útiles «para indicar el punto en que se inicia la secuencia interrogativa o exclamativa, ya que el español no cuenta con introductores peculiares (como el auxiliar do en inglés o la fórmula interrogativa est-ce que en francés)».

Añade también el Diccionario panhispánico de dudas que «solo en algunos usos especiales se prescinde de los signos de apertura», como en la indicación de fechas dudosas y para expresar duda o sorpresa entre paréntesis: nada que afecte a la norma común de escribir siempre en español los signos de interrogación y exclamación de apertura.

Pero ¿de dónde viene dicha norma? Dice la Ortografía que «La práctica de escribir el signo de apertura de interrogación y exclamación, rasgo exclusivo de la lengua española, no empieza a recomendarse en la ortografía académica hasta 1754, aunque su generalización en los textos impresos será más tardía».

Un año antes, en 1753, es cuando los académicos decidieron que había que emplear el mismo signo de interrogación en la apertura, pero invertido, porque lo creían necesario para indicar desde el principio de la frase su sentido interrogante, sobre todo en las oraciones largas, las que solo en un principio se vieron afectadas por la nueva norma, al contrario que las cortas.

Una distinción primera que provocó confusión, pues no se sabía diferenciar con propiedad qué era una frase corta y qué una larga, así que, finalmente en 1870, se decidió que todas las oraciones interrogativas debían llevar los signos de apertura y cierre para zanjar el asunto. Lo mismo sucedió con el signo de exclamación, aunque un poco más tarde. Se reconoció el signo doble en 1884.