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Tenso y bronco estreno de 'Romeo y Julieta' con una única triunfadora

La soprano norteamericana Nadine Sierra se impone en una noche marcada por las sonoras y variadas protestas del incómodo público, desde el inicio

Nadine Sierra en Romeo y JulietaJavier del Real

El estreno de la segunda ópera de Charles Gounod en importancia (su Fausto prevalece en el repertorio) trajo al Teatro Real aromas de otros tiempos añejos, los de los primeros años de su reinauguración, cuando la sucesión de un buen número de producciones mayormente provincianas se alternaba con las vivas protestas del público, quizá más exigente que el actual.

Entonces abuchear al director musical, García Navarro, se había convertido en pura formalidad. Y a veces incluso se llegaban a establecer singulares torneos entre la audiencia y los cantantes, como ocurrió en aquel ya legendario duelo en el que el tenor José Cura se hizo con un micrófono para increpar a quienes descalificaban su más bien tosca interpretación de Manrico.

Anoche se volvió de alguna manera inesperada a aquellas jornadas tan estrafalarias como entretenidas, en una de las funciones más tensas que se recuerden en esta época reciente, motivada en buena medida por los efectos de la horrenda producción, pero cuyos broncos ecos se extendieron además hasta la parte musical.

Sonoros abucheos en el arranque de la función

Apenas había comenzado la función, con esa escalera que vertebra la única escena en forma de plataforma limitando el escaso espacio que quedaba libre para los frenéticos movimientos espasmódicos de los miembros del coro y la figuración, como en los musicales más cutres, cuando ya asomaron las primeras protestas.

De los pisos superiores surgieron los iniciales gritos de «¡fuera, fuera!». Los mejores tiempos del barítono Nouri habían pasado claramente, su voz tremolante anunciaba naufragio, pero cosas peores pasan inadvertidas a menudo. Así que aquella furia no podía dirigirse contra el presente estado vocal del artista francés.

Nadine Sierra (Juliette) y Héloïse Mas (Stéphano)Javier del Real

Baste con que, a partir del segundo piso, el público que ocupa las localidades más lejanas tenga que permanecer de pie durante toda la función, si desea ver algo. Pero lo que los ocupantes del gallinero ya no parecían dispuestos a tolerar eran los fogonazos en sus rostros de la pésima iluminación, hasta llegar a cegarlos molestamente.

A modo de visera, esa parte del público intentaba protegerse la vista con las manos, mientras de sus bocas arreciaban unos improperios que provocaron incluso la perplejidad de la soprano protagonista, Nadine Sierra, cuando al apagarse la justa ovación con la que se premió su prestación más destacada, tras el aria del veneno, regresó el caos.

En lugar de unos de esos últimamente habituales bises, que a fuerza de repetirse sin motivo real ya van perdiendo su condición de exaltar lo verdaderamente excepcional, lo que coronó el dramático «Dieu quel frisson» fue una tempestad de gritos, en la que se esta vez se pudo escuchar con toda nitidez el motivo: «¡Los focos, los focos!». La clientela menos privilegiada no lleva bien que encima se la agreda mediante inclementes dosis de chorros lumínicos.

Protestas tras el descanso, para el director

No fueron las únicas quejas. El director musical invitado, Carlo Rizzi, también se llevó un meneo importante, uno de los más clamorosos que se recuerden por aquí estos días. En cuanto su figura asomó enfilando hacia el podio, tras el descanso, los discrepantes menos complacidos y ruidosos la emprendieron contra el italiano, que lejos de amilanarse se dio la vuelta para exhibir una amplia sonrisa desafiante hasta enervar aún más al personal.

Rizzi no fue, ni mucho menos, el principal culpable del destrozo de esta pueril, accidentada, a ratos ridícula puesta en escena de Romeo y Julieta, pero en buena medida pagó los platos rotos por su dirección plana y superficial, y algo ruidosa también, con volúmenes a ratos atronadores, de una partitura que reclama más contención y mayores sutilezas.

Javier Camarena (Roméo), Nadine Sierra (Juliette); arriba: Roberto Tagliavini (Frére Laurent)Javier del Real

A su protestada lectura (al final hubo división entre detractores y entusiastas partidarios durante los saludos), con una buena prestación de la Sinfónica de Madrid y un fantástico coro Intermezzo, no le faltó pulso, tensión ni brío.

En cambio, se echó de menos lo esencial: la verdadera clase, un mayor refinamiento propiamente galo y algo de romántica morbideza que exaltara su singular lirismo. Rizzi parece uno de esos veteranos matrimonios a prueba de sobresaltos: muestra seguridad, madurez y conocimiento, pero con él nunca suele haber lugar ya para algún ramalazo de esa magia inadvertida capaz de remover las cenizas por un instante.

¿Asistimos a una catástrofe? En absoluto, al menos por lo que respecta a la sobresaliente actuación de la protagonista, Nadine Sierra que, junto al tenor Javier Camarena, ya habían sido pareja en Bilbao con este título.

Sonia Ganassi (Gertrude) Y Nadine Sierra (Juliette)Javier del Real

Allí había ocurrido un poco lo mismo: el gran premio se lo llevó ella, como ahora, que domina todas las facetas de su personaje en su evolución psicológica con autoridad vocal, belleza y carisma. Quizá su coloratura en el vals del inicio no resplandezca con la desenvoltura de antaño, posiblemente fruto de sus otros, apremiantes intereses: lo lírico gana peso frente a lo ligero.

Intensas ovaciones para Nadine Sierra

Impecable resultó su interpretación de la gran aria del acto cuarto, que ofrece la medida de lo que podrían ser otras entre sus próximas prestaciones. Aunque quizá para una Mimì referencial le falte algo más de proyección y caudal. En Julieta resulta más que suficiente y el público se lo premió con las más intensas ovaciones.

En un escalón inferior se situó esta vez, como ya había ocurrido en la ciudad norteña, el Romeo algo pálido e inestable de Javier Camarena, más preocupado en volver a asegurar que no ha perdido del todo la brillantez de los agudos que por ofrecer un fraseo pulido, fresco y fantasioso.

Nadine Sierra y Javier Camarena en Romeo y JulietaJavier del Real

Su emisión resulta dura y artificiosa por momentos, lo que le resta fluidez y naturalidad al canto; la proyección, más escasa que antaño. Su química escénica con Sierra no existe, más allá de las carantoñas.

El dúo de la despedida, el momento de mayor erotismo que pretende el director, parece más bien un encuentro entre colegas en una tienda de campaña (aquí galáctica), una suerte de «pijama party» en vez del el fruto espontáneo y desbordado de una pasión flamígera con las hormonas a flor de piel. A él tampoco le ayuda el, en general, desafortunado vestuario, ni cuando luce brillos ni menos al exhibir musculatura en camiseta cual si fuese Brando en «Un tranvía llamado deseo».

Entre el resto del algo irregular reparto destacó el Fray Laurent de Roberto Tagliavini, más por autoridad que nobleza o la calidad de sus graves, algo débiles. Inerrable su primera aparición en barca, como si estuviéramos en Marina. Y muy bien servido el Stephano por la mezzo Heloïse Mas, recibida con grandes aplausos.

Nadine Sierra (Juliette) y Roberto Tagliavini (Frére Laurent)Javier del Real

Aunque en este punto hay que decir lo de siempre: ¿realmente no se puede echar más mano de tanto cantante en paro como hay en España, al menos para los comprimarios? ¿Qué sentido tiene adornarse con Sonia Ganassi para Gertrudis, por más que en el pasado fuese una mezzo estupenda?

Lo mismo aplicaría para Nouri, de instrumento recio, robusto y sonoro, pero ya seriamente ajado, con evidentes problemas de afinación. El Mercutio de Benjamin Appl y el Tybalt de Kwasnikowski resultaron correctos, mientras David Lagares pudo apuntar algo de sus buenas maneras de bajo en el duque de Verona.

Como sugiere Samuel Johnson en su jamás superado estudio de Shakespeare, «cierto es que en ocasiones tenemos que aguantar que una agradable melancolía se vea interrumpida por una imprevista frivolidad». Pero en esta fallida propuesta escénica del director Thomas Jolly, lo que prevalece siempre es lo segundo.