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Amaia Montero durante la actuación de La Oreja de Van Gogh en MadridEFE

Amaia Montero desafina sin límites en Madrid y un público anestesiado la aclama hasta con pancartas

No hubo lugar para el alipori en una especie de concentración de adultos que querían sentirse jóvenes durante dos horas, completamente ajenos al desprópósito artístico

El estreno bilbaíno de La Oreja de Van Gogh no fue un espejismo. Se refiere uno a la triste interpretación vocal (y general) de Amaia Montero en su regreso al grupo después de casi 20 años.

Pero estaba justificada de antemano. En lugar de un concierto parecía un mitin político donde los escándalos no existen, ni las corrupciones, ni cualquier clase de vergüenzas.

No hay lugar para el alipori en una especie de concentración de adultos que querían sentir se jóvenes durante dos horas y ni siquiera la mismísima Amaia Montero lo iba a impedir. Estaba muy claro en el ambiente hasta con pancartas: «Volviste tú y volvimos todos».

Amaia Montero en un momento del concierto en MadridEFE

Una mezcla de cursilería y azúcar difíciles de digerir sin el poder de los recuerdos y del tiempo pasado que contienen las canciones de los vascos.

La parafernalia, el ruido, los instrumentos o unos coros como grabados taparon a medias la voz de Montero, pero no pudieron ocultar su inefable vagar por el escenario, entre incomprensibles e impropios silencios y repentinas risas destempladas entre temas.

El espectáculo fue un dolor artístico que el público tapó con su emoción. Una emoción desorbitada porque la realidad se clavaba con el fino y duro estilete de la desafinación sin límites.

Amaia Montero el jueves por la noche en el Movistar ArenaEFE

Un horror musical y un esplendor fanático: los derroteros por los que van los tiempos en casi todos los ámbitos. Da igual que Amaia Montero sea una sombra en colorines de lo que fue como da igual que otros «líderes» cometan toda clase de tropelías.

El fanatismo puede con todo, la idea, el relato, en este caso el relato de juventud que no quería verser borrado o ensuciado con semejante disparate escénico. Era un público voluntariamente ciego y sordo.

Sus cuerpos estaban en el Movistar Arena de Madrid, pero su espíritu estaba en el verano de las fiestas del pueblo de hace 20 años como estaba planeado. No fue tan chillón el desempeño de la cantante como en el inicio de la gira, lo que invita a pensar que quizá el desastre que es cambie su rumbo. O no.

Parece difícil como imposible es regresar en el tiempo. El más derrotado y final Scott Fitzgerald dijo con auténtico aplomo que una de las cosas que había aprendido en su azarosa vida es que nunca es tarde para nada, lo cual es tan cierto como que la última interpretación de Amaia Montero fue un disparate y sin embargo un éxito posmoderno.