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El Grito, munch

El Grito, munch

¿Qué es el 'artnapping'?: obras de arte que se convierten en rehenes del crimen organizado

Cuadros como El Grito o la Mona Lisa han sido víctimas de este fenómeno criminal, en el que las obras dejan de circular en el mercado y pasan a utilizarse como herramienta de extorsión

Lo habitual es que el robo de obras de arte se cometa con la intención de revenderlas en el mercado negro, algo casi imposible cuando se trata de piezas muy conocidas. También existen los robos por encargo, financiados por coleccionistas privados, marchantes o redes criminales.

El artnapping es otra de las variantes de la actividad delictiva vinculada al arte. Consiste en secuestrar obras pictóricas, que pasan a convertirse en rehenes, y exigir un rescate a su propietario. El secuestrador es consciente de que el verdadero valor de la pieza reside en el dinero que su dueño legítimo o la aseguradora estén dispuestos a pagar para recuperarla.

Obras de arte de Elías Cuadrado recuperadas por la Policía Nacional

Obras de arte de Elías Cuadrado recuperadas por la Policía NacionalEFE

Museos y gobiernos mantienen una política estricta de «no negociar con delincuentes». Sin embargo, la realidad entre bastidores suele abrir vías alternativas: vacíos legales, recompensas privadas o la intervención de intermediarios.

El avance de la tecnología y el refuerzo de los controles en el mercado han reducido, en cierta medida, este tipo de delitos, que hace años eran mucho más frecuentes.

Los cuadros de Turner

El caso, ocurrido en 1994, es uno de los ejemplos más conocidos de artnapping. Dos obras de J. M. W. Turner, Light and Colour (Goethe’s Theory) y Shade and Darkness – The Evening of the Deluge, pertenecientes a la prestigiosa Tate Gallery de Londres, fueron robadas mientras se encontraban en préstamo en la Schirn Kunsthalle de Fráncfort, Alemania.

La sustracción se produjo durante el horario de apertura y puso en evidencia fallos de seguridad en la exposición. Tras el robo, los autores no intentaron colocar las obras en el mercado negro, sino que activaron un proceso de negociación indirecta para exigir un rescate.

'Shade and Darkness: The Evening of The Deluge'

'Shade and Darkness: The Evening of The Deluge'Tate

Los delincuentes reclamaron un pago por las pinturas. Tras varios años de negociaciones, la Tate Gallery abonó 3,1 millones de libras esterlinas a través de un abogado alemán que actuó como intermediario.

El episodio se prolongó hasta comienzos de la década de 2000. Finalmente, las obras fueron recuperadas en buen estado, aunque el caso obligó a reforzar los protocolos de seguridad en museos europeos.

'Light and Colour: The Morning after the Deluge'

'Light and Colour: The Morning after the Deluge'TATE

Para evitar consecuencias legales, el pago se registró oficialmente como una «recompensa por información que condujera a la recuperación de las obras».

'El Grito' de Munch

En el mismo año en que se produjo el robo de las obras de Turner, dos ladrones entraron en la Galería Nacional de Oslo y sustrajeron El Grito, de Edvard Munch. La operación tuvo lugar en 1994, durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Lillehammer, un contexto que facilitó la distracción de los sistemas de seguridad.

Los autores dejaron una nota en la pared con una frase burlona: «Gracias por la mala seguridad». El robo fue rápido y expuso de forma evidente las debilidades del museo.

Detalle de El grito de Edvard Munch

Detalle de El grito de Edvard Munch

Los delincuentes exigieron un rescate de un millón de dólares al gobierno noruego, que rechazó cualquier tipo de pago. En lugar de negociar, las autoridades organizaron una operación encubierta: agentes se hicieron pasar por compradores interesados para simular una transacción.

Tres meses después del robo, la pintura fue recuperada en el marco de esa operación en un hotel de la zona de Oslo, sin que se llegara a pagar el rescate. El caso se convirtió en un ejemplo clásico de recuperación mediante engaño policial, sin concesiones al chantaje.

La 'Mona Lisa'

En 1911, Vincenzo Peruggia, un carpintero italiano que había trabajado en el museo instalando las vitrinas de vidrio, llevó a cabo el robo. Conocedor de las debilidades de seguridad, descolgó el cuadro, lo ocultó y salió del edificio con la obra escondida bajo su ropa.

Peruggia alegó un falso patriotismo, convencido —erróneamente— de que la obra había sido robada de Italia por Napoleón, cuando en realidad Leonardo da Vinci la había vendido legalmente al rey Francisco I de Francia.

La Mona Lisa regresó al Museo del Louvre, 4 de enero de 1914

La Mona Lisa regresó al Museo del Louvre, 4 de enero de 1914Wikimedia Commons

Su intención era mantener la pintura oculta hasta encontrar el momento oportuno para negociar su devolución a cambio de una recompensa económica y del reconocimiento de haberla «devuelto» a su país.

Durante dos años mantuvo la obra escondida en el doble fondo de una maleta, hasta que contactó con Alfredo Geri, un anticuario florentino, a quien ofreció entregarla a cambio de 100.000 liras y la garantía de que la pintura no regresaría a Francia.

Fotografía policial de Vincenzo Peruggia, quien se cree que robó la Mona Lisa en 1911.

Fotografía policial de Vincenzo Peruggia, quien se cree que robó la Mona Lisa en 1911.

El desenlace se produjo cuando el anticuario, desconfiado, citó a Peruggia en un hotel de Florencia acompañado por el director de la Galería Uffizi. Tras autenticar la obra, avisaron en secreto a los carabineros. Peruggia fue arrestado de inmediato. Cumplió una condena breve, ya que fue visto por parte de la opinión pública italiana como una figura romántica. La pintura fue recuperada y regresó a París tras una breve exhibición en Italia.

En conjunto, estos casos reflejan cómo el robo de arte ha evolucionado desde el expolio oportunista hasta formas más sofisticadas de extorsión. También muestran un patrón recurrente: cuando una obra alcanza un valor simbólico excepcional, deja de comportarse como un bien comercial y pasa a convertirse en un activo.

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