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Andrés Amorós
Crónica deAndrés AmorósMadrid

Román sale a hombros por cuajar y matar recibiendo a un bravo Victorino

Decimoséptima tarde de «No hay billetes», en Las Ventas

Act. 06 jun. 2026 - 23:15

Román, a hombros de una multitud, de camino a la Puerta Grande de Las Ventas

Román, a hombros de camino a la Puerta Grande de Las Ventas, que volvió a llenarseEFE

A pesar del acontecimiento mundial que supone la visita a España del Papa, con tantas horas de retransmisiones televisivas en directo, vuelve a estar abarrotada de público la Plaza de Toros de Las Ventas. Por decimoséptima vez, en esta Feria, se coloca el tantas veces ansiado cartel de «No hay billetes». El ministro Urtasun debería tomar nota de ese dato.

Cierran los toros de Victorino Martín la serie de festejos ordinarios de este San Isidro. Quedan pendientes las corridas In Memoriam, este año dedicada al recuerdo de Ignacio Sánchez Mejías, este domingo, con los seis toros para Borja Jiménez, y la de Beneficencia, el domingo siguiente.

Los toros cárdenos de Victorino garantizan emoción. Me comenta Andrés Caballero, matador de toros, lo que le decían algunos compañeros: «Cada tarde que toreo Victorinos, envejezco más rápido o me salen algunas canas». Pero El Cid señala la otra cara de la moneda: «Cuando te embiste un Victorino, te sientes torero».

Como decía el inolvidable Victorino padre, los toros que él quiso criar no tienen que ver con «el toro moderno, el toro burra, que va y viene y que aburre a las ovejas». Al elegir ese camino, el listísimo «paleto» de Galapagar estaba volviendo a la raíz clásica de la Tauromaquia: la emoción y el miedo que nacen al presenciar el extraordinario espectáculo que da un toro bravo, encastado, poderoso.

Los de esta tarde, todos cárdenos, han sido variados en presentación y en juego. El público ha aplaudido a algunos y se apresurado a protestar a algún otro. En general, han tenido casta, interés y ciertas dificultades. Destacan claramente el segundo y el tercero.

Los Victorinos piden toreros con recursos, muy dispuestos, que estén en forma, en todos los sentidos. El cartel de esta tarde lo integran tres diestros que han estado bien, en esta Feria. Sin cortar trofeos, me gustó Morenito de Aranda en la corrida de Garcigrande. Fernando Adrián abrió la Puerta Grande con las reses de El Torero. Román cortó trofeo a un toro del Conde de Mayalde.

Esta vez, Morenito lidia bien a sus dos toros pero falla con la espada. Fernando Adrián no se entiende con los suyos. Román logra una emocionante faena en el tercero, muy bien rematada con una estocada en la suerte de recibir, que le vale las dos orejas y la salida en hombros, una más de esta triunfal Feria.

Al primer Victorino, largo, veleto, que humilla, Morenito lo lidia muy bien por bajo y se preocupa de colocarlo adecuadamente en el caballo, algo que se aprecia mucho, en Las Ventas. Le pegan fuerte, en varas; no aciertan los banderilleros. Brinda al público. En la muleta, el toro es pronto, flaquea un poco, humilla pero vuelve rápido; en seguida, muy rápido. Con decisión y oficio, el diestro le saca algunos buenos naturales, alargando las embestidas, pero el toro desarrolla sentido. Acierta al no prolongar la faena: por la emoción, me ha parecido corta aunque suena un aviso. Ha sido una faena de lidiador que sabe lo que se trae entre manos, mal rematada con la espada. Creo que el diestro merecía algunos aplausos.

El cuarto vuelve rápido, de nuevo Morenito le da la lidia adecuada. El toro no hace buena pelea en varas; es incierto, en banderillas. Nadie creía en él, salvo el matador, que le da distancia, se coloca bien, traza muletazos suaves y el toro responde mejor de lo que esperábamos. La alegría dura poco: se apaga pronto y se pone gazapón. Todavía le saca el diestro unos buenos naturales, que el toro toma con desgana, dormidito. Esta vez, prolonga con exceso el trasteo y el bajonazo desluce todo, mientras suena el aviso. Salvo ese borrón final, ha dado Morenito una tarde de buen lidiador.

Al segundo, muy armado, no lo colocan bien en el caballo, recibe tras varas traseras. El toro embiste pegajoso, la lidia es desordenada. con demasiados capotazos. También repite incansable en la muleta, sin parar un momento, no deja un segundo de respiro. Fernando Adrián aguanta el vendaval pero el público se ha puesto de parte del toro. Hubiera necesitado unos doblones fuertes, para poderle: una lidia a la antigua que ahora –como canta María Dolores Pradera– «no se estila». Acierta con la espada. Se aplaude la hermosa muerte del bravo toro, que cae embistiendo.

Muletazo de Román al primero de su lote, al que cortó las dos orejas que le permitieron salir a hombros este sábado en Madrid

Muletazo de Román al primero de su lote, al que cortó las dos orejas que le permitieron salir a hombrossEFE

Desplante de Román al tercer toro de la tarde, de nombre Gallarete y 542 kilos

Desplante de Román al tercer toro de la tarde, de nombre Gallarete y 542 kilosEFE

Es muy exagerado gritar «¡Miau!» cuando aparece el quinto Victorino, porque tenga menos pitones. Lo pican trasero y mal. En la tercera vara, desmonta espectacularmente al picador. Protestan porque ha entrado tres veces al caballo pero ha recibido una sola vara. El toro embiste con cierta nobleza pero el trasteo de Fernando Adrián no cuaja. Se equivoca al prolongarlo. Logra un espadazo a la segunda pero el puntillero lo levanta.

Gusta poco de salida el tercer toro. Acude alegre al caballo pero lo pican muy trasero y gatea. Brinda Román a Manuel Martínez Erice, que lo apoderó. Dándole distancia, el toro embiste con más nobleza que sus hermanos. El diestro aguanta y traza largos muletazos por los dos lados, llevándolo lejos y echándose todo el toro por delante, en los de pecho. Sin la ayuda, culmina un vibrante trasteo. En el mismo centro, el torero valenciano cita a recibir y culmina la suerte con belleza y con eficacia: dos orejas y gran ovación al bravo toro. (¿Qué dicen ahora los que lo pitaron de salida y reclamaron «¡Toros!» Hay que esperar a que los toros se definan. Muy mal me parece la falta de respeto de los que se han peleado, en el tendido, mientras Román estaba toreando).

El sexto, abierto de pitones, acude bien al caballo pero también lo pican trasero (un fallo, esta tarde). Tarda en definirse el toro, no se confían los banderilleros. Román se dobla bien con él. Logra aceptables muletazos pero el toro sale de la suerte desentendido, mirando al tendido (como esa horrible moda que ahora practican algunos toreros), No hay faena y esta vez mata mal, sin confiarse.

Román sale merecidamente a hombros: cuajar a un bravo Victorino y matarlo recibiendo merece premio.

Está bien que los aficionados sean exigentes pero una norma básica que me enseñaron, de chico, es que hay que saber esperar, antes de manifestarse: por respeto al diestro, que está toreando, y porque el comportamiento del toro suele ser muy variable. Si se espera un poco, se evita la contradicción de acabar ovacionando a un toro que antes se ha querido rechazar.

Román, tras cruzar la Puerta Grande de Las Ventas

Román, tras cruzar la Puerta Grande de Las VentasEFE

POSTDATA. A imitación de lo que se decía del Superior de los Jesuitas, el crítico Don Modesto apodó «el Papa Negro» al padre de los Bienvenida, don Manuel Mejías Rapela (1884-1964), en oposición a Bombita, el presunto jefe de la iglesia taurina. Un percance truncó su carrera como matador pero fue un maestro excepcional: «el mejor que yo e conocido», según Marcial Lalanda. Inculcó las virtudes de la torería clásica, dentro y fuera del ruedo, a sus cinco hijos, matadores de toros: Manolo, Pepe, Antonio, Ángel Luis y Juan. Además, don Manuel poseía un ingenio extraordinario: algunas de sus brillantes frases se las aplicó mi amigo Jaime de Armiñán a Juncal, su gran personaje.

FICHA

  • Madrid. Plaza de Toros de Las Ventas. Feria de San Isidro. Sábado, 6 de junio de 2026.
  • Toros de Victorino Martín, de juego variado: muy bravos, segundo y tercero. Decimoséptimo «No hay billetes».
  • MORENITO DE ARANDA, de tabaco y oro, pinchazo y dos descabellos (aviso, silencio). En el cuarto, estocada caída (aviso, silencio).
  • FERNANDO ADRIÁN, de azul y oro, estocada (pitos). En el quinto, pinchazo, estocada y tres descabellos (aviso, silencio).
  • ROMÁN, de purísima y oro, estocada recibiendo (dos orejas). En el sexto, cinco pinchazos y descabello (silencio. Sale a hombros).
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