Federico García Lorca en La Alhambra en 1922
La prosa de Lorca se abre paso: un volumen revela el laboratorio literario del autor granadino
Víctor Fernández edita la Prosa literaria completa del autor granadino y destaca textos juveniles, conferencias y apuntes que anticipan su universo creativo
La prosa de Federico García Lorca emerge como una pieza clave, aunque todavía poco explorada, en la arquitectura de su obra. Así lo sostiene el editor de su nueva Prosa literaria completa, Víctor Fernández, quien define estos textos como un espacio decisivo en la formación del escritor granadino.
«Federico García Lorca fue un poeta grandísimo y un dramaturgo excepcional, y su prosa literaria, sobre todo en sus primeras Prosas místicas, es un campo de pruebas y del estilo que luego tendrá su poesía», ha explicado a EFE el responsable de la edición, que publica Galaxia Gutenberg.
El volumen, de casi 900 páginas, completa las ediciones previas dedicadas a la poesía y el teatro del autor, en una línea divulgativa y sin aparato crítico. En este caso, se centra exclusivamente en la prosa de creación, dejando fuera cartas y entrevistas.
Imagen de archivo del escritor Federico García Lorca
El editor subraya además el valor conmemorativo de la publicación, que coincide con dos hitos simbólicos: los 90 años del asesinato del poeta y los 110 desde su irrupción literaria. «Noche del 15 de octubre. 1917. Federico, I año que salí hacia el bien de la literatura», se recoge en uno de los primeros textos del volumen.
Entre los materiales incluidos figuran la prosa viajera de Impresiones y paisajes, los textos juveniles, conferencias y alocuciones, además de anotaciones vinculadas a la selección de actores de La Barraca, que evidencian su implicación en todas las fases del hecho teatral.
«Lorca empezó como prosista, con la obra de prosa viajera que fue Impresiones y paisajes», recuerda Fernández, en referencia a una etapa en la que el autor «está buscando su voz y ya sabe los temas que le interesan».
El poeta Federico García Lorca
El editor insiste en que estos textos revelan un rasgo esencial de su método creativo: «Lorca nunca improvisaba nada, aunque se tratara de un breve discurso de agradecimiento siempre lo escribía». Según añade, incluso en intervenciones breves mantenía una estructura pensada para la declamación.
El volumen también permite rastrear la evolución de una conciencia social temprana. Fernández cita como ejemplo la presencia de un «Cristo socialista» en sus prosas juveniles, una figura alejada de la iconografía tradicional y vinculada a una lectura humana de la religión.
En conjunto, la obra ofrece, según el editor, un material que se aproxima a unas memorias implícitas del autor. Destaca en ese sentido el texto Mi pueblo, donde Lorca evoca su infancia en Fuente Vaqueros y describe el descubrimiento de las diferencias sociales en la Vega granadina.
«Habla mucho de sí mismo, de lo que piensa, habla de amor, de sexo, de religión y de política», resume Fernández, antes de remarcar la vigencia del autor: su obra, sostiene, «está vigente porque nos interpela», como demuestra la continua presencia de su teatro en los escenarios actuales.