'Venus y Cupido', de Rubens
La 'Venus y Cupido' de Rubens recupera su esplendor tras 18 meses de restauración
El Museo Thyssen muestra por primera vez el proceso de conservación de la obra, inspirada en una pintura perdida de Tiziano que marcó la evolución artística de Velázquez
Desde diciembre de 2024, la pintura Venus y Cupido, de Rubens, ha permanecido fuera de la vista del público para someterse a un completo proceso de restauración. El objetivo del Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid) era llevar a cabo estudios técnicos exhaustivos, análisis de laboratorio y la eliminación de antiguos barnices oxidados que alteraban la percepción original de la obra.
El pasado martes, el lienzo volvió a exhibirse en las salas del museo madrileño. Tras 18 meses de trabajo, y hasta el 13 de septiembre, los visitantes podrán conocer de primera mano cómo se ha desarrollado la restauración y descubrir los cambios que ha permitido recuperar.
'Venus y Cupido', de Rubens
La intervención ha devuelto el equilibrio cromático y la sensación de profundidad de la composición, con la intención de acercar la pintura a la concepción original de Rubens. Venus y Cupido encierra, además, una historia singular, ya que constituye una reinterpretación de la desaparecida Venus ante el espejo, de Tiziano, una obra que perteneció a los reyes de España y que el maestro flamenco quiso homenajear.
Los historiadores sostienen que el cuadro fue pintado entre 1606 y 1611, probablemente en Amberes o durante la estancia de Rubens en Italia. También creen que formó parte de la colección personal del artista y que permaneció en su taller hasta el día de su muerte.
Durante siglos permaneció en manos privadas hasta reaparecer en el mercado del arte de Nueva York en el siglo XX. Más tarde cruzó el Atlántico y llegó a una galería de arte suiza, donde volvió a ponerse a la venta a mediados del pasado siglo.
En 1956, el barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza adquirió la obra para su colección privada en Lugano. La influencia de Venus y Cupido fue decisiva en la creación de La Venus del espejo, de Velázquez, una de las obras maestras del pintor sevillano.
Ambos artistas, sin embargo, abordaron el mismo tema desde perspectivas muy distintas. La Venus de Rubens aparece rubia, de formas generosas y con un reflejo nítido y perfectamente definido. Velázquez, en cambio, representó a una figura más esbelta y morena, recostada de espaldas y con el rostro difuminado en el espejo, un recurso que deja parte de la escena a la imaginación del espectador.