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¿Están viejos Los Rolling Stones?

Cada nuevo disco y cada nueva gira de los increíbles octogenarios rockeros es una celebración de la música, del arte, del mundo occidental, de la modernidad de los sesenta y hasta de la verdadera democracia que se deshace

Los Rolling Stones (Ronnie Wood, Mick Jagger y Keith Richards) en la presentación de Foreign Tongues el pasado mayoMPNC

Los Rolling Stones vuelven a sacar disco y anuncian gira. Ninguna novedad después de 66 años de existencia. Chris Martin de Coldplay dijo una vez que las bandas tenían fecha de caducidad: diez años.

No estaba desencaminado en cuanto a inspiración y frescura. Estas se pierden, si no acaban antes hartos los unos de los otros. En los Rolling Stones estó sucedió también. En su casi siete décadas como banda tuvieron una larga travesía del desierto creativa.

Aún así las giras seguían manteniéndolos en la carrera contra el tiempo al que todavía ganan. Ni un solo disco destacable, asimilable a sus grandes éxitos de los primeros años hasta el penúltimo de ellos (a la espera del nuevo, Foreign Tongues), la grata sorpresa, hace tres años, de Hackney Diamonds.

La pregunta es si están viejos. Con más de 80 años de edad cada uno de los supervivientes, Mick Jagger y Keith Richards (Ronnie Wood tiene 79), cualquiera podría decir que sí, pero no pueden estarlo cuando están a punto de lanzar un nuevo álbum y comenzar una nueva gira, como siempre.

Lo de sus «Majestades» (lo de «satánicas» se quedó atrás) parece que tiene que ver con la suerte y una actitud dirigida a, como dice Clint Eastwood: «No dejar entrar al viejo». El gran director de cine trabaja para no envejecer en el interior y, en lo que se pueda, también en el exterior, como los Stones. El secreto de la juventud «stoniana» es el trabajo y la esperanza de un nuevo disco, de una nueva gira, como si la vida fuera eterna. La vida del pasado aún presente para salvarnos.

Y cada nuevo disco y cada nueva gira es un motivo de felicidad, propia y ajena. A estas alturas cada disco y cada gira de los increíbles octogenarios rockeros es una celebración de la música, del arte, del mundo occidental, de la modernidad de los sesenta, de la democracia que se deshace y del paso del tiempo que pasa sin que parezca que pase.

Hay una suerte de estoicismo y epicureísmo en los Rolling Stones, que también funcionan como anclaje de nuestro barco: cuando no estén iremos inevitablemente un poco a la deriva, aunque no lo sintamos. No hay mal, sino agradecimiento en envejecer con permiso de la salud. No hay decadencia, sino madurez y ataraxia, la tranquilidad del alma que permite seguir teniendo el deseo de continuar, de mantenerse vivo y pleno, de sentirse joven en el bien, como decía Epicuro.

Paul McCartney es un caso idéntico. Sigue tocando, cantando, componiendo, actuando en directo. Fue una delicia verle en Madrid incluso bailando, y mucho, durante dos horas, con la misma voz inconfundible y la misma energía inagotable, como si fuera una energía renovable, controlada, no contaminante por dentro y por fuera.

Los Rolling Stones no están viejos. Ni siquiera lo son. En realidad no hay nadie más joven que ellos habiéndolo hecho y vivido todo y queriendo seguir haciendo y viviendo más mostrándonos el camino, la dirección. Cabe incluso la posibilidad de que los Stones pasen a la posteridad, más que por su música y su enorme influencia cultural, por el ejemplo de una existencia agradecida y exprimida hasta la eternidad.