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Francisco de QuevedoHistoria de España

Cinco grandes poemas españoles más allá del amor

Casi todo el mundo asocia la poesía al amor. Si bien esto es verdad, hay auténticas obras de arte líricas que exploran más sentimientos de una manera excepcional

El amor es el gran topos literario; raro es el autor que no ha escrito alguno de sus poemas tratando este tema. Petrarca escribió 366 poéticas a su amada Laura en su Cancionero. Lope de Vega supo plasmar magistralmente la sensación de amor:

´Esto es amor´, Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Y así, encontramos innumerables ejemplos, puesto que el amor, al final, es lo que mueve las pasiones y las decisiones del ser humano.

Aún así, numerosos autores exploraron más facetas de la compleja dimensión humana, llenando sus páginas con poemas que exploran conceptos como la muerte, o la esencia de la tierra. Ponerlos a todos sería imposible, pero esta pequeña recopilación pretende homenajear y mostrar que la riqueza de la lírica española va más allá del amor.

El Cid Cabalga, de Manuel Machado

En este magistral poema, el sevillano pretendía reflejar lo que era Castilla: una tierra austera y dura, cuyos habitantes llevaban siendo durante siglos vilipendiados por sus soberanos, quiénes enviaban a sus jóvenes a guerras que no les interesaban mientras Castilla perdía su riqueza y su futuro.

Manuel Machado, consciente de esto, eligió como protagonista al gran héroe castellano: El Cid, quién siempre se mantuvo leal a su rey, pese al destierro. Este era el vivo ejemplo de Castilla, leal pese al maltrato.

El ciego sol se estrella

en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares

y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga

Por la terrible estepa castellana,

al destierro, con doce de los suyos

-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo

Reza la primera estrofa; el autor sumerge así al lector en un mundo distinto al caballeresco. El mundo del Cid es un mundo de razzias y cabalgadas, un espacio carente de lujos: el mundo del guerrero. Consiste, además, en una excelente reinterpretación del romance castellano. Machado opta por un mayor onirismo para sumergir al lector en la descripción del ambiente; de este modo, a la melancolía del Cantar, se le suma el atroz sol castellano. El lector así no solo lee un poema, sino que siente que cabalga junto al Cid.

Miré los muros de la Patria mía, de Francisco de Quevedo

Un poema melancólico, centrado en la decadencia que atravesaba España. Quevedo vivió durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, momento en los que se vio que la maquinaria de la Monarquía Hispánica empezaba a colapsar. El poeta refleja esta decadencia, reflejando el pesar por las derrotas habidas:

´Miré los muros de la Patria mía´, Francisco de Quevedo

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salime al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte;

vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Además, se puede ver otra interpretación: la vejez del autor. Quevedo vivió una constante vida de polémicas, duelos y caídas en desgracia. Este poema muestra que él ya es viejo y que ya no le queda más remedio que prepararse para la muerte, pues su mundo, ya ha pasado.

Nada te Turbe, de Santa Teresa de Jesús

En este breve pero excepcional poema, la santa de Ávila propone encomendar todo a Dios, siendo la poetización de Romanos 8:31: «Si Dios esta conmigo quien conta mí»

´Nada te turbe´, Santa Teresa de Jesús

Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
todo lo alcanza;
quien a Dios tiene
nada le falta.
Sólo Dios basta.

Santa Teresa no escribió este poema para ser publicado, sino que lo escribió en un pequeño marcapáginas que usaba para leer. Así, era más bien un recordatorio personal, un consuelo.

Santa Teresa vivió una vida difícil, teniendo que hacer frente a la oposición que suscitó su idea de fundar las carmelitas descalzas. Por ello, este poema era el encargado de recordarle que, pese a los disgustos, con Dios de su lado todo saldría adelante.

Un soneto me manda hacer Violante, Lope de Vega

Este es, probablemente, el poema más didáctico de todo el Siglo de Oro. Los versos son una descripción de como ha de hacerse un soneto:

´Un soneto me manda hacer Violante´, Lope de Vega

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Además Lope de Vega crea mientras describe el propio soneto; de hecho, es probable que la Violante del poema sea una dama ficticia y Lope solo quisiera mostrar su habilidad, haciendo así honor al motivo por el que se le llama el «Fénix de los Ingenios».

La Cogida y la muerte, de Federico García Lorca

Se trata del primero de los cuatro poemas que componen el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías. Esta elegía se basa en uno de los peores sucesos que vivió el poeta granadino; la muerte de su amigo, el famoso torero Ignacio Sánchez Mejías. Sánchez Mejías se encontraba toreando en Manzanares, Ciudad Real, allí un toro, Granadino, le cogió de manera brutal por el muslo derecho. El torero fue trasladado a Madrid, donde murió a los dos días por la gangrena.

Lorca no presenció la cogida, pero si le acompañó en sus últimas horas. Aún así este poema refleja a la perfección el trágico momento y transmite la sensación de shock con este impactante verso: «A las cinco de la tarde», aludiendo a la hora de la cogida, cuando la sentencia del torero se firmó.

Además, Lorca transmite el caos y pánico que sacudió al coso después.

Extracto de ´La Cogida y la Muerte´, Federico García Lorca.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida...

Mezclando expresaba expresaba además un ligero surrealismo —los huevos que pone la muerte en la herida, campanas de arsénico y humo—, Lorca se valió de estas figuras para expresar el inicio de uno de los peores momentos de su vida.

Estos poemas nos muestran como la poesía es arte. Es por ello el arte de plasmar la belleza, la introspección, y el sentimiento humano sobre el papel. Es el arte que sabe reflejar el dolor, la dureza de la tierra, así como es la mayor muestra de ingenio de la cuál se puede valer el hombre.