Bad Bunny y Bach en un retrato de 1715
Un estudio asegura que el reguetón es la música que más partes del cerebro activa, más que una sonata de Bach
En el vídeo de la conferencia se muestra una partitura del compositor alemán, larga y compleja y genial, y una de reguetón: una pobre simpleza
«el corazón tiene razones que la razón no entiende», dijo Pascal, por lo que aquí cabría ensayar en la noticia casi increíble: «El reguetón tiene razones que la razón no entiende».
Manuela del Caño, doctora en Neurociencias y profesora del Área de Música de la Facultad de Educación de la Universidad de Burgos, impartió una conferencia llamada «La magia de la música en el cerebro».
En ella, revelaba que el reguetón es bueno para el cerebro porque su música lo estimulaba mucho más que una sonata de Bach. En el vídeo de la conferencia muestra una partitura de Bach, larga y compleja y genial, y una de reguetón: una pobre simpleza.
Ambas melodías se las pusieron a un grupo de personas a través de resonancia magnética y se llegó a la conclusión de que el reguetón es la música que más partes del cerebro activa.
Dicen que la explicación todavía no la tienen muy clara, aunque sí saben que lo que necesita el cerebro es predecir para prepararse a lo que viene. Así, el reguetón se puede predecir y la sonata de Bach, no.
Científicamente aseguran que al cerebro le viene bien saber lo que viene después, cosa que es «imposible» en el caso de Bach, por lo que el cerebro, cuando ve que no puede predecir, «se va por ahí y entonces se desconecta. Así que el reguetón no es tan malo», concluye Del Caño.
Claro que, en realidad, no se habla de música, sino de ritmo. La música es más. El ritmo «machacón» y previsible no necesita de esfuerzos. Se supone que al cerebro «le va bien», le estimula porque está cómodo, sin pensar.
Cuando se piensa y más, cuando se siente, cabe verdaderamente pensar que el estímulo alcanza mucho más allá del cerebro. A las emociones, por ejemplo. El estímulo cerebral, ineducado, básico, natural lo produce el reguetón como un sonido primitivo, elemental: de ahí su masivo éxito en el XXI.
Frente a la elevación intelectual, cultural, sensible, emocional (mucho más que el tosco estímulo), de una sonata de Bach, desde luego no apta para todos los cerebros.