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¿Qué es el «trap», el subgénero musical cutre y amoral, espejo de lo peor de Occidente, que triunfa en el XXI?

El «trap» existe sin que parezca que exista. Uno lo conocía desde la superficie, pero al final se ha zambullido y ha sido como meterse en la aberrante cueva aquella del filme Babylon

Madrid

Cenizas de Edvard Munch

Cenizas de Edvard MunchJacques Lathion

El rap es un género musical moderno con características bien definidas. Nada tiene que envidiar en cuanto a identidad al blues, por ejemplo. Sus límites lo marcan y su personalidad lo define.

El «trap», como su propio nombre indica sin mayor misterio ni complicación, viene o nace del rap. Le han puesto una «t» y a tirar. El término en realidad viene de «trap house», que podría ser «narcopiso» en español.

La cosa no puede empezar de modo más edificante. Del tipo de música en sí lo mejor que se puede decir es que no lo es. O sí. El «trap» es mucho más que música, o mejor dicho mucho menos. Es la conjunción «melódica» o «rítmica» de un submundo.

Sin ningún ánimo de adoctrinar ni nada parecido, mantengan sus oídos, su vista y a sus hijos (sobre todo a los más jóvenes) lo más lejos posible de este engendro. El reguetón al lado del «trap», cuyos exponentes más conocidos suman millones de oyentes y visualizaciones en plataformas, es música clásica.

Y no se exagera. El «trap» existe sin que parezca que exista, escuchado por millones de jóvenes. Uno conocía algunas canciones, de oídas, apenas oteadas desde la superficie, lo suficiente como para no sumergirse. Pero al final se ha zambullido y ha sido como meterse en la aberrante cueva aquella del filme Babylon.

Y ha sido una sorpresa, porque no se esperaba encontrar nada agradable, ni positivo para la música o la cultura, pero tampoco nada tan pernicioso, no solo para la música o la cultura, sino para la sociedad.

El asunto se mueve entre el rap y el reguetón, tendiendo al perreo más que al ritmo y a la crítica social marginal y cutre más que a la denuncia con talento. En realidad, esta infraespecie de sonidos y palabras se ha abierto paso desde las profundidades.

El autotune, es decir, la inteligencia artificial que falsea la ausencia de talento vocal, es decir, que falsea la música y a sus artistas, es su «instrumento» fundamental. El otro es la grosería, la vulgaridad o el desprecio por uno mismo y por los demás. Se haría mención de algunos de sus «artistas» si esto no significase hacer publicidad de los despojos de la sociedad occidental.

El que tenga curiosidad lo encontrará sin problemas. Si Bad Bunny era el ejemplo de la decadencia musical del XXI, el «trap» le convierte en luz para la música. Es grave la situación donde un donnadie del talento es una suerte de Mozart en comparación. No bajen más allá del reguetón porque a partir de allí no hay oxígeno.

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