Una vez más la inteligente y desternillante comicidad de Samuel Clemens, alias Mark Twain, que nos cuenta la historia de un supervisor de una fábrica de armas que, sin explicación, aparece de pronto en Camelot, la corte del Rey Arturo. Allí es capturado por un caballero y conducido ante el Rey, donde es condenado a morir en la hoguera. Su conocimiento (frente al desconocimiento de la época) sobre la existencia de los eclipses solares harán algo más que salvarle la vida.