El llamado padre de la pintura moderna, solo admirado en su tiempo por la vanguardia y los jóvenes artistas se convirtió tras su muerte en un espejo para toda clase de ello, no solo para los pintores. Hasta tres veces fracasó en su intento por ingresar en la Escuela de Bellas Artes de París, por lo que, tras un ínterin como empleado en un banco, decidió aprender por sí mismo copiando las obras maestras del Louvre hasta alcanzar la cumbre de su genialidad.