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¿Es el eclipse solar un inquietante augurio del eclipse de la cultura?

El fenómeno natural duró en su apogeo poco más de un minuto, lo mismo que la «cultura» difundida en redes sociales de gran consumo

Libros en sombra

Hubo expectación y también indiferencia por el eclipse. No, desde luego, a partes iguales. Ganó la expectación en el sentido cuantitativo y en el resultado final de admiración sensacional por el fenómeno natural impresionante, también según se mire, nunca mejor dicho.

El escritor Enrique Vila-Matas traía una singular idea en un artículo en El País, El eclipse de la lectura, donde comparaba el tiempo de duración de la ocultación, apenas poco más de un minuto en su apogeo, con el de la «cultura» de consumo rápido actual, refiriéndose concretamente a «TikTok y otros adefesios».

Otros tipos de «cultura»

Antiguamente la ignorancia sobre los astros daba lugar al miedo y a la superstición. ¿Cómo no podrían asustarse los hombres ignorantes de la ciencia al ver oscurecerse el sol y el mundo en pleno día antes de volver a iluminarse? Es una buena metáfora del entretenimiento actual. Una expectación máxima o una atención máxima por un momento efímero.

Y un momento tan alejado como se va alejando y promoviendo, desde el ministerio de Cultura español mismamente, otros tipos de «cultura» que nada tienen que ver en su esencia con la cultura, con el acervo cultural, con lo que somos que es lo que se quiere sustituir en buena medida, derribar los pilares, para que ya nunca seamos lo que somos o lo que fuimos.

La subcultura woke pretende esto, con sus revisionismos y sus violaciones de lo clásico, huecos de ideas que no tengan que ver con la ideología y la subversión de valores y del sentido común para imponer sus dogmas mediante el control de la cultura, en buena medida a través de la abolición de la cultura clásica.

Los usos y costumbres han cambiado. Las redes sociales influyen directamente en las formas culturales. La inmediatez destruye la concentración, como escribe Vila-Matas, y con ello la posibilidad de comprender, por ejemplo, la literatura universal. Se ve constantemente, por ejemplo, en la profusión de «influencers» lectores, precisamente protagonistas de las redes sociales, que no entienden, y además hacen alarde de ello, Cumbres borrascosas o La Odisea de Homero: el espejo público de una realidad constatable.

Se ha acabado la paciencia para leer y comprender. Del mismo modo que para contemplar el arte e interpretarlo (ahora se lleva la performance, que es también de usar y tirar) y sentirlo o incluso para vivir, para mirar, para respirar, para descansar. Todo esto es la cultura por lo que cabe hacerse una pregunta: ¿hubiera tenido tanto seguimiento el eclipse solar de haberse tratado de un fenómeno de varias horas o incluso de días, en vez de solo unos asequibles minutos?

No se puede saber, pero uno se anima a pensar que la diferencia entre el eclipse rápido y el lento sería la misma que entre el bullicioso visionado del vídeo de un minuto con la última «canción» de Bad Bunny y la lectura del Quijote o la observación minuciosa del David de Miguel Ángel.