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Cid Anónimo

Barbero del Rey de Suecia

'Paideia' hispánica

La épica está a la última. Quizá no sea Christopher Nolan el que la haya puesto de moda, sino la necesidad de nuestro tiempo, que el perspicaz director americano ha olfateado, tal vez para tratar de desactivarla o reconducirla. Pero al final ha coadyuvado, y ahora se lee la Odisea más que nunca. En realidad, regresan los dioses fuertes, como advirtió R. R. Reno en su ensayo preclaro. Está la película, pero también la selección de la Odisea que ha traducido para Rialp José María Sánchez Galera y la nueva versión completa de Juan Manuel Rodríguez Tobal para Hiperión, además de la traducción, libro a libro, de la Eneida que Vicente Cristóbal viene publicando también en Hiperión. Los hexámetros están de vuelta.

Que no se nos quede atrás el Cid. Su Cantar es una epopeya espléndida, esencialmente española, que nos imparte lecciones imprescindibles. El Teatro de La Abadía recuperó en su temporada 2025-2026 el celebrado Mio Cid de José Luis Gómez. Como toda epopeya, habla de valor y esfuerzo ante las fuerzas del Destino; pero encara ese combate de un modo propiamente español. Si los griegos hicieron de Homero uno de los fundamentos de su paideia, lingüística, cultural y moral, nosotros no deberíamos descuidar el Cantar de Mio Cid.

Para cuidarlo más, he ido al texto antiguo preparado por Ramón Menéndez Pidal, acompañado por la prosificación moderna de Alfonso Reyes y un prólogo de Martín de Riquer en la edición de Espasa-Calpe de 1976 («Selecciones Austral», n.º 12). He tenido cerca la versificación moderna de Pedro Salinas, en Alianza, que es una maravilla de buen gusto poético. Con la ayuda de unos y otros, he aclarado los pasajes más difíciles. Pero las dificultades merecen mucho la pena: se lee con mucho más sabor. El texto medieval conserva la sensación de polvo, sudor y hierro, y también la de la luz del alba, del olor a romero y de la penumbra de las capillas románicas. Esa sensación de pureza originaria cobra aún más importancia cuando Martín de Riquer nos explica: «Aquiles no hablaba la misma lengua que Homero ni Roldán la de su Chanson; el Cantar del Cid, en cambio, nos transmite frases, expresiones y parlamentos de Rodrigo Díaz de Vivar virtualmente del mismo modo que él los proferiría». Es un hecho impresionante.

El Cantar es una fiesta. Como en la Ilíada (o más) se percibe el goce de la batalla y se oye el entrechocar de aceros. Paralelamente, se deja mucho espacio a la diplomacia y a las negociaciones. Es un manual implícito de honor práctico, una sátira del esnobismo (personificado en los infantes de Carrión) y una lección completa de lo que la lealtad monárquica exige (en los dos sentidos: del súbdito al rey y del rey al súbdito).

El Cantar tiene una estructura de doble arco, casi novelesca. Ya en la salida hacia el destierro, al Cid le preocupa el casamiento de sus dos hijas, que acabará siendo el argumento de media epopeya (casi una precuela de una novela de Jane Austen). Sin dejar de hablar con muchísima claridad de liderazgo, amistad, matrimonio, paternidad, parentesco, nobleza y monarquía. El honor importa más que las riquezas, pero éstas —las honradas, ganadas en buena lid— importan bastante. Es otra lección necesaria en estos tiempos de tanto pobrismo hipócrita.

Otra sorpresa es su perspicacia psicológica. Por ejemplo, el poeta se da cuenta de que pensamos poco y, además, distraídos, de modo que los personajes, ante un asunto especialmente grave, se toman «una gran hora» para pensarlo: «Una grand ora pensó e comidió». Basta una hora, si es de auténtica reflexión. Obsérvese la sabiduría técnica del poeta: el propio verso reconcentra esa hora con el silencio de la cesura.

Voy contra mi interés al confesarlo, porque en mi ensayo Ejecutoria, una hidalguía del espíritu, atribuí mal la frase «¡Lengua sin manos, quomo osas fablar?» a Álvar Fáñez, ay de mí. El Cantar es muchísimo más fino. La dice el sobrino del Cid Pero Bermúdez, llamado Pero Mudo. Que hasta entonces no sólo habla tartamudeantemente y poco, sino que se ha callado una cobardía de un infante de Carrión, Fernando González, en el campo de batalla. El infante se atribuyó la gesta que el silente Bermúdez había realizado en su lugar. A éste le azuza el Cid, que quizá se lo olía: «Fabla, Pero Mudo, varón que tanto callas!». Es cuando dice —en el momento exacto— la gran frase de la lengua sin manos que nos incita a la acción frente a la palabrería, la vanidad y, si me perdonan el oportuno anacronismo, la demagogia.

Se ha discutido la cuestión de la legitimidad de las segundas bodas de doña Elvira y doña Sol. Es un asunto apasionante. ¿Fue la afrenta de Corpes un repudio de facto? O, todavía más, ¿constituyó el intento de homicidio una enormitas delicti, causa suficiente de disolución según el derecho secular de tradición justinianea? Más canónicamente, cabe preguntarse por el verdadero consentimiento matrimonial de Elvira y Sol, que el poema sólo deja asomar cuando el acuerdo ya está cerrado. La boda, además, había sido un empeño del rey Alfonso, aceptado por el Cid con reticencia. Yo, ya fuera del derecho, asumo que el deshonor de los infantes de Carrión fue tan grande y tan completo que, para la mentalidad feudal, estaban muertos en honra. Las hijas del Cid eran felizmente viudas. Desde luego, el Cantar de Mio Cid nos insta o a una vida más alta o a la nada.

En la selección de versos del barbero he primado el texto antiguo. Algunas veces he puesto la «traducción» de Pedro Salinas, marcada con sus iniciales, o la prosa de Alfonso Reyes, indicada como A. R. Casi siempre, si pienso que puede entenderse, he dejado el polvo, sudor y hierro. Verán ustedes cómo el espíritu del Cid, en todos los casos, gana también batallas después de muerto.

Habló entonces Álvar Fáñez, del Cid era primo hermano:
«Con vos nos iremos, Cid, por yermos y por poblados,
no os hemos de faltar mientras que salud tengamos,
y gastaremos con vos nuestras mulas y caballos
y todos nuestros dineros y los vestidos de paño…» [P. S.]
*
La oración fecha, luego cavalgava.
*
Por malos mestureros | de tierra sodes echado.
[Os destierran las intrigas de los malvados (A. R.). Por calumnias de malsines del reino vais desterrado (P. S.)]
*
Ya doña Ximena, | la mi mugier tan complida,
commo a la mie alma | yo tanto vos quería.
Ya lo veedes que partir | nos emos en vida,
yo iré y vos | fincaredes remanida.
*
la missa dicha, | penssemos de cavalgar
*
Aun todos estos duelos | en gozo se tornarán
*
Dios que nos dió las almas | consejo nos dará
*
Cras a la mañana | pensemos de cavalgar,
con Alfons mío señor | non querría lidiar.
*
Cavalgad, Minaya, | vos sodes el mio diestro braço!
*
Por lanças e por espadas | avemos guarir
[De lanza y de espada hemos de valernos (A. R.) Por la espada y por la lanza nos ganamos el vivir (P. S.)]
*
A cavalleros e a peones | fechos los ha ricos
en todos los sos non | fallariedes un mesquino.
Qui a buen señor sirve | siempre bive en deliçio.
[Caballeros y peones, a todos los hace ricos,
no hay ya un pobre entre los hombres que marchan a su servicio.
Quien a buen señor le sirve, siempre vive en paraíso. (P. S.)]
*
Quando lo vio doña Ximena, | a piedes se le echava:
«Sacada me avedes | de muchas vergüenças malas»
[…]
Del gozo que avíen | de los sos ojos lloravan.
*
«Mis fijas e mi mugier | veerme an lidiar
en estas tierras agenas | verán las moradas cómo se fazen,
afarto verán por los ojos | cómmo se gana el pan
[…]
créçem el coraçón | por que estades delant».
*
Mio Çid enpleó la lança, | al espada metió mano
*
Buen casamiento perdiestes, | mejor podredes ganar.
*
«Por mis fijas quem dexaron | yo non he deshonor,
ca vos las casastes, rey»
*
[Al desdeñoso infante Fernando espeta Pero Bermúdez:] Ellas son mugieres | e vos sodes varones,
en todas guisas | más valen que vos.
*
Podedes odir de muertos, | ca de vencidos no.
[Quizá os hablen de muertos, pero de vencidos no. (P. S.)]
*
Martín Antolínez | mano metió al espada,
relumbra tod el campo, | tanto es linpia e clara.
*
Oy los reyes d’España | sos parientes son,
a todos alcança ondra | por el que en buen ora nació.
*
[Colofón del manuscrito:]
El romanz es leydo,
datnos del vino.