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El pintor Salvador Dalí en 1968

El pintor Salvador Dalí en 1968GTRES

«La Tierra es azul como una naranja» y otras cuatro frases surrealistas para entender el mundo real

André Breton, fundador del movimiento, dijo que el surrealismo era «un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral»

Contó Hemingway que en 1918 Guillaume Apollinaire agonizaba en París cuando en la calle escuchó a la multitud gritar: «À bas Guillaume! («¡Abajo Guillermo!»). El desdichado poeta, en su delirio, creía que se lo decían a él, pero en realidad se referían al káiser Guillermo de Alemania, sumido el planeta en la I Guerra Mundial.

Había una suerte de surrealismo inconsciente en la reacción agónica del artista y héroe militar de Francia, además de inventor del término «surrealismo», que definió así: «Cuando el hombre quiso imitar el andar, creó la rueda, que no se parece en nada a una pierna. Así hizo surrealismo sin saberlo». Apollinaire a la hora de su muerte casi hizo surrealismo en sus propios términos, aunque después, quienes adoptaron la palabra variaron un poco la dirección.

André Breton, creador del movimiento, lo explicó así en el Manifiesto surrealista de 1924: «Surrealismo: 'sustantivo, masculino. Automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral'».

En su desorden, el surrealismo explicó muchas veces (o todas) de una forma distinta, pero efectiva. El aparente absurdo de sus frases, por ejemplo, expresaba verdades profundas y reales, difíciles de «traducir». La frase del titular «La Tierra es azul como una naranja» es un verso del poeta Paul Éluard, pura poesía, un sueño: la Tierra es redonda como una naranja, que a su vez se parece a un sol, que es redondo, el astro desde donde (desde el universo) la Tierra es azul.

cinco frases surrealistas:

  • «La tierra es azul como una naranja» (Paul Éluard).
  • ​«La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco» (Salvador Dalí).
  • ​«Mis pasos en esta calle resuenan en otra calle donde yo no camino» (Octavio Paz).
  • «La luz del día no es nada si no sirve para ver lo que no existe» (Louis Aragon).
  • ​«El hombre que no puede visualizar un caballo al galope sobre un tomate es un idiota» (André Breton).

Salvador Dalí, universal pintor surrealista, dijo, entre otras: «La única diferencia entre un loco y yo es que yo no estoy loco». El arte de un loco en su apariencia, el surrealismo, que sin embargo no está hecho por un loco, pues se trata de una locura controlada, artística. Una frase genial y perfectamente definitoria del movimiento, como la del Nobel Octavio Paz. «Mis pasos en esta calle resuenan en otra calle donde yo no camino».

Una afirmación extraordinaria sobre el desconocimiento de uno mismo; una visión del yo desde otro plano: surrealismo como medio para entender las más ignotas y, sin embargo, cercanas profundidades del ser humano. Una vuelta de tuerca como las palabras del poeta Louis Aragon: «La luz del día no es nada si no sirve para ver lo que no existe», una «crítica» a la simple realidad, a lo común. Para Aragon la realidad está en el arte, en lo que no se ve o en lo que oculta, como si fuera una puerta, esa «luz del día».

La defensa de la creatividad

La común «luz del día» tan distinta a la inusual frase de Breton, cumbre surrealista: «El hombre que no puede visualizar un caballo al galope sobre un tomate es un idiota». Es la defensa absoluta de la imaginación y de la creatividad más allá de la realidad con una realidad mayor, la verdadera para los surrealistas: la palabra francesa «surréalisme», formada por «sur» (sobre) y «réalisme» (realismo). Una mirada más lejana o más profunda para no quedarse, al menos no siempre, en la superficie.

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