¿Era mejor y más libre el público cultural (la sociedad) de antes como afirma Albert Boadella?
«Era mejor público el de los comienzos (...) y esto ha desaparecido; se levantan a aplaudir en menos que canta un gallo...», ha dicho el fundador de la compañía de teatro Els Joglars
Un público entusiasta aplaudiendo
«Era mejor público el de los comienzos de la compañía; era más libre y se armaban unas broncas del carajo, unos pateos... Era enormemente exigente, y esto ha desaparecido; se levantan a aplaudir en menos que canta un gallo. Sin duda alguna, yo añoro el público de los inicios». Esto lo ha dicho Albert Boadella, fundador de la compañía de teatro Els Joglars, en una entrevista en ABC.
Els Joglars y la «temperatura» social
La historia de Els Joglars, una de 65 años, es la de una suerte de resistencia constante frente al enemigo cambiante. La sociedad cambia a través de las décadas, pero Els Joglars no. Boadella y Ramón Fontseré, quien actualmente dirige la compañía, padre e hijo artísticos, lo saben bien porque han visto esos cambios y la reacción que iba produciendo su teatro con ellos: una historia de vida, una historia social, una escuela para entender el mundo.
Boadella es posiblemente un sabio moderno en buena medida gracias a Els Joglars, un infalible medidor de la «temperatura» social que sabe qué «grados» había antes y qué «grados» hay ahora. La compañía de teatro siempre se ha caracterizado por «molestar al poder». Esa era la trangresión tradicional hasta el gran cambio social de la autocensura, de lo woke, de la ideología de género, el animalismo, la diversidad... ramas de un mismo árbol. Ahora quien se molesta por todo es el público, la sociedad, según los nuevos cánones impuestos.
«Broncas» y «pateos»
Esas «broncas del carajo» de los principios de Els Joglars no eran ofensas como las que se ha obligado a sentir en la actualidad, sino libertad. Nadie quería prohibir nada, sino simplemente protestar. Era el diálogo, el debate, la confrontación mediante la cual se llegaba a un acuerdo o no, pero se avanzaba («Los perros ladran, pero la caravana avanza, dice el proverbio árabe»). Era progreso, que no progresía. Hoy la progresía (¿y siempre?) es totalitaria. No acepta lo que se sale fuera de los dogmas sociales y, por supuesto, tampoco hay «bronca», ni «pateos», lo cual resulta contradictorio.
A las broncas y los pateos los han sustituido los informantes doctrinarios, como si la KGB censuradora estuviera infiltrada entre el público de hoy. Dice Boadella que el público de hoy se levanta a aplaudir «en menos que canta un gallo», lo cual no dice mucho, o todo, de su criterio, de su cultura o de su formación. Ideología toda, conocimiento ninguno. Cualquiera diría que se asiste al espectáculo sin la suficiente preparación para entenderlo y, ante la duda (o sin ella), se aplaude.
En algunos eventos, como en la ópera, se han sucedido, sin embargo, pequeñas revoluciones ante la involución. Versiones de los grandes maestros violentadas por los nuevos «dramaturgos» que han sido objeto de «bronca» y «pateos» por parte de la platea, como si una pequeña llama aún resistiera en el núcleo de la cultura del pueblo libre y exigente.